Neologismos coloquiales

Por , publicado el 5 de diciembre de 2017

Cuando hablamos de neologismo nos referimos a un término, acepción, expresión o giro nuevo en una lengua; ciertamente, el vocablo viene de neo- ‘nuevo’, de lógos ‘palabra’ y del sufijo -ismós, que en español forma sustantivos que significan tendencia o cualidad.

Si precisamos la definición de coloquialismo, el Diccionario de la lengua española (2014) nos dice que es una palabra o expresión coloquial o la tendencia a usar coloquialismos. Pero, ¿qué es lo coloquial? ¿Es lo relativo al coloquio?, esto es, la conversación entre dos o más personas; o ¿es lo empleado corrientemente?, es decir, lo propio de una conversación informal, distendida o, si se entiende mejor, relajada.

El filólogo Antonio Briz en su libro El español coloquial: situación y uso señala que el español coloquial es un registro, nivel de habla, un uso determinado por la situación, por las circunstancias de la comunicación y que no es de dominio de una clase social, sino que caracteriza las realizaciones de todos los hablantes de una lengua. Aunque es el único registro que dominan los hablantes de nivel sociocultural bajo, medio-bajo, no les es exclusivo (2010: 29). En este punto estamos de acuerdo, es fácil comprobar que los hablantes de distintos niveles socioeconómicos y culturales y de distintas competencias lingüísticas empleamos coloquialismos, lo cual, obviamente depende del contexto. Así, por ejemplo, el profesor que quiere llegar más fácil a los alumnos y les recomienda chancar para no jalar, en vez de estudiar para no desaprobar; el alumno universitario que le dice chancón al amigo que es estudioso; el médico que saluda a su paciente con un qué tal, en lugar de un buenos días o buenas tardes; el profesional que le dice a su colega que tiene harta chamba por mucho trabajo, la niñera que le dice cucufata a la cocinera que es santurrona o muy devota, el jefe de sistemas que escribe un artículo y lo titula Evita que te «baneen», en vez de Evita que te bloqueen, etcétera.

Por lo tanto, si unimos las dos palabras neologismo y coloquial estamos hablando de la unidad léxica nueva de uso familiar, informal, espontáneo y cotidiano que nace, justamente, porque la lengua no es inmutable. Ya lo decía Manuel Alvar Ezquerra en La formación de palabras en español «ninguna lengua puede conformarse con el vocabulario que posee en el momento de su nacimiento (…), pues de ser así quedaría obsoleta sin poder seguir las transformaciones que se producen en el mundo extralingüístico, no sería capaz de progresar y desaparecería al no llegar a satisfacer las necesidades de los usuarios» (2008: 9).

Por otra parte, Gloria Guerrero en su obra Neologismos en el español actual (2010: 10-11) no se equivoca al enunciar que el neologismo es una innovación en la lengua y ya se trate de un descubrimiento científico, de un progreso industrial, de una modificación de la vida social, de un movimiento ideológico, de una nueva manera de sentir o comprender, de un enriquecimiento de la vida moral constituye una necesidad imperiosa; pues todos creamos nuevas palabras, tanto el culto como el ignorante, el teórico como el pragmático, el empleado como el desempleado, el adulto como el joven e, incluso, hasta el infante y las usamos sin, a veces, darnos cuenta, pero siempre procurando entendernos.

Los neologismos coloquiales no son exclusivos del lenguaje oral. Conversar no es hablar coloquialmente, pues hay conversaciones que no son coloquiales, por ejemplo, un coloquio, un debate, una disertación, una entrevista formal, etcétera. No podemos confundir el registro coloquial con la conversación.

Aunque es cierto que aparecen con mayor frecuencia en la oralidad, encontramos neologismos coloquiales también en el lenguaje escrito, más aún, en la era informática en que vivimos donde todos tenemos conversaciones internáuticas o electrónicas y nos comunicamos vía chat, mensajería instantánea, correo electrónico, mailing list o lista de correos, mensaje de texto, wasap, foros de discusión, Skype, Twitter, Reddit, Instagram, Tumblr, etcétera.

En otras palabras, los neologismos coloquiales están llegando y permaneciendo en la lengua por la difusión inmediata y extensa que proporcionan las distintas redes sociales, así tenemos los verbos: «banear» (por el inglés ban prohibición), «bloguear» (del inglés blogging  derivado a su vez de to blog), «feisbuquear» (forma adaptada de la red social Facebook), «googlear o guglear» (por el buscador Google de la compañía del mismo nombre), «tuitear» (enviar tuits, mensajes a través de la red social Twitter), «wasapear o guasapear» (transmitir mensajes gratuitos o wasaps); los sustantivos: «bloguero» (de blogger persona que tiene un blog), «booktuber» (persona que habla de libros o que comparte sus lecturas por medio de la plataforma YouTube), «meme» (de men. memorándum; imagen, video o texto burlesco del ciberespacio), «tuitero» (usuario de Twitter), «wasap o guasap» (mensaje gratuito enviado por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp), «webinario» (de web y seminario, curso impartido a distancia a través de la web), «youtuber» (persona que hace videos y los transmite por YouTube), etcétera.

No nos llame la atención que muchos de estos neologismos coloquiales por el continuo uso traspasen a un registro más formal y a otros formatos consolidándose como parte del léxico común de nuestra habla castellana.

Carola Tueros

Referencia de la imagen: Valery, Yolanda (3 mayo 2016) ¿Guglear? ¿Wasapear? Las palabras tecnológicas que están “bien dichas” en castellano. 

 

Un comentario

  • Villamar Hernández César adrian dice:

    Toda información que ustedes suben siempre es muy buena muchas gracias por el conocimiento que me dan.

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