Neologismos necesarios e innecesarios en el lenguaje económico

Por , publicado el 30 de mayo de 2012

El léxico económico es extraordinariamente amplio y dinámico. Ha tomado de las matemáticas “dividendo”, y de la medicina el “diagnóstico” que puede aplicarse a la situación financiera de una empresa. Son cultismos latinos “déficit”, “superávit”, “inflación” y “obsolescencia” (‘envejecimiento de ciertos sectores comerciales o industriales’). Generalmente estos adquieren un significado desconocido en su lengua original: “inflatio” significaba ‘inflamación’ o ‘dilatación del estómago’, de donde viene también “flatulencia”. Pero “negocio” sigue significando, básicamente, lo mismo que hace dos mil años, lo que demuestra que nuestro mundo moderno en buena cuenta no es tan distinto al que vio relucir, con sus luces y sus sombras, el imperio romano.

Es muy rentable el sufijo causativo “-izar”, para términos que adquieren un sentido restringido en el ámbito comercial: “optimizar”, “maximizar”, “minimizar”, “priorizar”, “valorizar”, “señalizar”, “instrumentalizar”, “burocratizar”, etc., a partir de los cuales se construyen sustantivos: “optimización”, “maximización”, etc. Es muy reciente “tercerizar” y su derivado “tercerización”, aunque su éxito o fracaso dependerá de que las leyes laborales de los sucesivos gobiernos la mantengan o desaprueben. Fruto de un uso metafórico es el verbo “canibalizar”, con su derivado expresivo “canibalización”.

En otros ámbitos este sufijo también es muy productivo, pero a veces “el sueño de la razón crea monstruos”, como el término (totalmente innecesario) “propagandizar”, en el léxico político difundido por la prensa (lo encontré en un diario local en plena campaña: “José Feria Madrid se ha creado tal enredo doctrinario que ahora se pasea por las calles propagandizando dos símbolos distintos”). Y tomado del inglés “to customise” (es decir, ‘personalizar’; derivado de “customs”, ‘aduana’) aparece ahora este horrible “customizar” (‘personalizar una página informática’), que asoma en el mundo del Internet peruano (tan proclive, en verdad, a términos efímeros como esos terribles “deletear” y “resetear” que gracias al buen sentido de los hablantes han sido desplazados por “borrar” y “reiniciar”).

Otro anglicismo encubierto es “implementar” (‘poner en funcionamiento, aplicar métodos, medidas, etc., para llevar algo a cabo’), que tuvo éxito por su analogía con el verbo “complementar” y ya se registra en el Diccionario.

Hay que tener cuidado de no inventar formas que no existen ni falta que hace: “convencionalizar”, en vez de “convenir”; “efectivizar” en vez de “efectuar”; “recepcionar” en lugar de “recibir”, etc. Incluso si incurren en homonimias: “marginar” no solo deriva ya de “dejar al margen” sino también de “poner un margen” (con el significado de ‘asignar el margen de beneficio a un producto’), por lo que resulta estúpido decir “marginalizar” (aunque sí se admite el sustantivo “marginalización”, como “marginación”). El habla cotidiana –como el papel– aguanta todo, pero la lengua, que no soporta lo que no conviene, tendrá la última palabra.

Carlos Arrizabalaga

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