Recojo: entre la convención y el uso

Por , publicado el 9 de abril de 2018

Hace poco más de un mes, vine a vivir a Perú, o al Perú, como suelen decir por estos lares. Algo que percibí desde antes de llegar es que el peruano es atento, afectivo y muy agradable. Quienes me han recibido en este país han velado por tantos detalles que son difíciles de enumerar. Sin embargo, hay uno por el que debo agradecer especialmente: el cuidado que han puesto para que, en la medida de lo posible, no me sienta perdida ante lo desconocido.

Una de las primeras atenciones que tuvieron conmigo fue enviar a una persona de confianza a recogerme en el aeropuerto de Lima. Unos días antes de embarcarme hacia mi aventura peruana, recibí un correo en el que me explicaban cómo reconocería al chofer y los cuidados que debía tener al llegar a la ciudad. En el asunto se leía: “Recojo profesora…”. Inmersa en los últimos detalles que implica mudarse de país, no presté mucha atención a este enunciado, hasta que, en el aeropuerto internacional Jorge Chávez, leí otro enunciado con este sustantivo que era nuevo para mí: “Recojo de maletas”.

Es una práctica común, en español, construir sustantivos a partir de palabras que en su origen no lo son. A ello se le denomina sustantivación. Por tanto, esto no es lo que ha llamado mi atención, sino la forma como se ha sustantivado el verbo recoger en Perú. Esta curiosidad se convirtió en una invitación para hurgar en el internet y la biblioteca en busca de una explicación. Sin embargo, si soy honesta, no fue mucho lo que hallé.

Lo primero que llamó mi atención fue que al introducir en el Diccionario de la Real Academia Española el vocablo recojo, aparecen veinticuatro acepciones para esta palabra. De estas, diecinueve hacen referencia a sus significaciones en la condición de derivados del verbo transitivo recoger, como por ejemplo: Mañana recojo las maletas; y, en las cinco restantes, se registran los conceptos que se desprenden de su condición de verbo nominal, como es el caso de Me he recogido temprano. Es decir, no figura como sustantivo. En cambio, la palabra sustantivada recogida sí aparece asentada y posee cinco acepciones en su condición de sustantivo. La primera, la que en este caso nos ocupa: ‘acción y efecto de recoger (‖ juntar personas o cosas dispersas)’.

¿Qué quiere decir esto? Una respuesta inmediata y poco pensada podría ser que la palabra recojo, utilizada como sustantivo, debe considerarse un error, un mal uso de la lengua y que, por el contrario, la forma correcta de sustantivar la acción de recoger es recogida; en tanto que aparece registrada en el DLE, la máxima autoridad en materia de caracteres y vocablos; además, responde a la forma más extendida de dar valor de sustantivo a otras categorías gramaticales. A saber, cuando se antepone un artículo u otro determinante a un adjetivo o participio: por ejemplo, retirar deviene la retirada; hacer, el hecho o subir resulta en la subida; por último, podemos argumentar que la recogida es la más utilizada por los hispanohablantes: El servicio incluye la recogida de los pasajeros, lo que la ratifica como sustantivo derivado de recoger.

Ahora bien, aceptar esta respuesta parece solo un intento por salir del paso. ¿Por qué? Por un lado, al revisar ejemplos de verbos sustantivados, he encontrado que muchos provienen, ya no del infinitivo ni del participio verbal, sino de la primera persona del modo subjuntivo. De esta forma, apuntar deviene el apunte; de bailar se desprende el baile o de tocar, el toque; así como también puede sustantivarse a partir del presente de indicativo. Así, de brincar resulta el brinco; de dibujar, el dibujo y, ¿por qué no?, de recoger, el recojo. Además, en el Diccionario de americanismos de Asociación de Academias de la Lengua Española, recojo aparece como sustantivo usado en Perú y Bolivia con el significado de ‘recogida de objetos o basura’. Es decir, no solo es de uso común en el Perú, sino que lo es también en Bolivia.

Entonces, surgen más interrogantes en lugar de las respuestas que buscaba inicialmente: ¿Cuál es la motivación para que los hablantes de una lengua, en una determinada región, en este caso en particular, los hablantes de Perú y Bolivia, hayan preferido adoptar el uso de recojo en lugar de recogida? Y, por otro lado, al ser un acuerdo entre tantas personas –hispanohablantes de dos países– y, además, estar asentada en el Diccionario de americanismos, ¿por qué no aparece en el DLE? Es decir ¿por qué no ha sido reconocida en su categoría de sustantivo?

De pronto, la clave está en uno de los principios universales del lenguaje, identificado por el lingüista Ferdinand de Saussure, por lo que, muchas de las respuestas a estas y otras incógnitas respecto al uso de algunas palabras, permanecerán ocultas detrás de la convención y la arbitrariedad del signo lingüístico.

Kira Elena Morales Zamora

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