Sabemos más de lo que pensamos

Por , publicado el 1 de diciembre de 2014

latin

Quién no temería sentirse fuera de lugar como perro en procesión, si de golpe y porrazo se metiera en una clase de latín. No es mi intención, pese al gusto personal que tengo por esta asignatura, empezar a usar esta sección como vehículo del conocimiento de esa lengua, sino continuar reflexionando sobre la nuestra.

Ahora bien, con frecuencia solemos escuchar que el latín es una lengua muerta, que apenas es lengua oficial en el kilómetro cuadrado que ocupa el Estado del Vaticano y que su estudio no tiene por qué interesar. Aparte de que muchos consideran esta lengua como las matemáticas de las letras, por la forma en que habilita al que la estudia para el pensamiento lógico organizado, y de que nuestro castellano proceda de ella, el latín, de lengua muerta, tiene más bien poco. Con frecuencia podemos escuchar expresiones del mundo de las leyes como habeas corpus, entendido como el ‘derecho de todo detenido a ser conducido ante un juez o tribunal para que este decida sobre la legalidad de la detención’ (DPD: 2005); o que tal ley no fue votada en el Congreso por falta de quórum, esto es, porque no contaba con el número de individuos necesario para poder tomar acuerdos. ¿Quién no ha preparado alguna vez un Curriculum vitae –literalmente ‘carrerilla de la vida’– o ha puesto las siglas PD, del latín post data al final de una carta o un correo electrónico?

El latín está tan presente en nuestra lengua cotidiana como cualquier otra lengua que no sea la nuestra, y no solo en disciplinas del saber que se relacionan con el mundo antiguo como el Derecho o la Educación, sino incluso en las ciencias más modernas. Cuando enviamos un fax esperamos que en el aparato de destino salga un papel idéntico al que estamos pasando por el nuestro, sin pensar que esa palabra se trata de una abreviatura del latín fac simile, que significa ‘haga de igual manera’. Otras veces, le damos a la tecla de delete, para borrar o suprimir un documento en la computadora, palabra que, gracias al inglés, ha llegado hasta nosotros del latín, donde significaba ‘destruye’. ¿Quién no ha tenido un alias alguna vez en su vida? En su origen significó ‘otro’ y así lo entendemos, como ‘el otro nombre’ que nuestros amigos, compañeros de trabajo o familiares pueden ponernos en consonancia con alguna virtud, defecto o rasgo físico destacado. ¿Quién no ha tenido un lapsus, o sea, un ‘resbalón’ mental o verbal?

Conocemos personas que se identifican tanto con alguien, coincidiendo en tantos gustos o en carácter con él, que lo considera su alter ego, su ‘otro yo’. Hay quien piensa que la universidad donde ha estudiado es su alma mater, aunque eso no signifique ‘la madre de su alma’, sino la ‘madre que alimenta’ espiritualmente. Otros, por último, sueñan con el éxito en sus vidas, sin saber que procede de exitus, que significaba ‘salida’, porque ese era el cartel que lucía en la puerta por la que salían los actores y los músicos del teatro después de haber encandilado a su público. Así sabremos también que Ejidos procede de esa palabra, y por eso recibe ese nombre uno de los sectores que quedan a la salida de la ciudad de Piura.

En fin, podríamos seguir con un largo etcétera, pero entonces deberíamos saber que precisamente esa palabra significa literalmente ‘y las cosas restantes’. No se trata de aprender latín o no, porque sin saberlo ya lo estamos hablando, sino de reconocer que, como dice Mario Eduardo Viaro «es el alma de nuestra lengua».

Crisanto Pérez Esáin
Universidad de Piura

Un comentario

  • Carlos Felipe Hernandez Villarreal dice:

    Excelsa exposición de la irrefragable influencia que el idioma del lacio impone no solamente a las lenguas llamadas romances, sino a otras cuya procedencia es germánica, como la que se habla en los países anglosajones, explicable por la expansión del imperio británico durante los pasados cuatro siglos, pero que anteriormente (el año 43 de nuestra era) fue, a su vez, parte del glorioso imperio romano, cuyo dominio alcanzó a las islas que llamaron “Brittania”.
    A título de complemento al margen, agrego que el latín tiene gran importancia también en las ciencias médicas, desde el principio filosófico que alude a la praxis, esto es: “Primum no nocere” = “Primero no hagas daño”, hasta el ético “Allis vivire” = “Vivir para los demás”.
    Gracias.
    Ω

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