Tiempo y subjuntivo

Por , publicado el 11 de junio de 2018

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Pasar por un puente a otro puente.
El pie breve,
la luz vencida alegre.
Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.

El breve poema citado es uno de los primeros de Vicente Aleixandre y se titula Adolescencia. Distintos factores hacen de este un texto encantador, entre ellos el trazado de una de las metáforas más antiguas de nuestra tradición poética, la vida como río. Su atractivo más interesante está en la indeterminación final de lo expresado. ¿Es nostalgia por la juventud ida o deseo latente? No hay datos circunstanciales ni adverbiales que lo aclaren; y en una lectura inmanente estricta ni siquiera conoceríamos el sujeto de los verbos vinieras y te fueras, pues lejos del título es tácito. ¿Pasado o miras a un posible futuro? Son tres los únicos verbos conjugados que podrían arrojar alguna luz. No obstante, sería no precisa realmente la temporalidad. Y tampoco lo hacen vinieras o te fueras, pese a que pertenecen a una conjugación llamada pretérito imperfecto del subjuntivo.

La ambigüedad del poema es deliberada. Aleixandre busca expandir los límites semánticos de la “adolescencia”, al figurarla como amada, y expresar un anhelo puro en sí mismo, libre de contingencias temporales. Para ello se sirve de formas verbales del modo subjuntivo, acaso las más imprecisas en nuestro idioma respecto del tiempo real al que apuntan. Pero, para ser más exactos, tal imprecisión se define en términos positivos como flexibilidad semántica. Así, por mucho que estas formas tengan un nombre referido a un tiempo, en el uso pueden designar más de uno. Veamos primero el caso del pretérito imperfecto del subjuntivo del poema. Este designa no solo el pasado:

Ojalá vinieras mañana temprano (futuro).

Si vinieras a tiempo (cotidianidad).

Fue lo de siempre: que me fuera temprano (pasado).

Si no estuviera, te estarías quejando (presente).

Por su parte, el presente puede referirse al presente o al futuro en tanto que expresa eventualidad:

Puede que tenga el dinero ya en el banco.

Quizá ganes el torneo del sábado.

Otro tanto ocurre con el pasado perfecto, que expresa pasado y futuro:

Ojalá haya terminado la tarea.

Va a conocerme en cuanto lo haya visto.

Y, finalmente, con el futuro compuesto:

Quien hubiere ganado el concurso recibirá, además, un auto (futuro).

Salga pronto quien hubiere sido (presente).

Si lo hubieren hecho, estarían presos (pasado).

La múltiple validez de estas conjugaciones del subjuntivo hace de su estudio uno de los puntos más oscuros de la gramática, especialmente para quienes provienen de otras lenguas, ya que no en todas ocurre similar ni todas lo poseen. El fenómeno se debe a la naturaleza del modo mismo. A saber, también en el indicativo hay casos parecidos: el presente, por ejemplo, se usa asimismo para referir actividades cotidianas como Los martes salgo a las 6 de la tarde o para expresar mandatos como Vas a la tienda de inmediato; mientras que el condicional simple no señala sino a una acción posible siempre que otra anterior ocurra, y puede tener valor de presente o de futuro (Si traes tu computadora a tiempo, podríamos terminar el trabajo). No obstante, al contrario de las conjugaciones del indicativo, las que nos interesan no muestran una actitud propiamente declarativa sobre los hechos. Es decir, el subjuntivo no señala la realización concreta de una acción. De modo que con él se expresan realidades hipotéticas, prospectivas o de relativa probabilidad de realización; deseos, pensamientos, opiniones, gustos. Su contenido, pues, no designa una realidad externa y objetiva como sí el parecer subjetivo del enunciante acerca de esta; y, en consecuencia, suele formularse con verbos subordinados a otros en modo indicativo que señalan dicho valor: No me parece que lo traten así.

El contexto puede sobrentenderse en la comunicación presencial, o comunicarse por gestos, pero en el ámbito escrito es necesario expresar lingüísticamente un contexto para evitar la imprecisión del subjuntivo. Esto se consigue por distintas marcas lingüísticas, como muestran los ejemplos. El primer medio son los adverbios y locuciones adverbiales temporales, o aquellos adverbios que señalan indirectamente un tiempo, tales como mañana, hoy, ahora, ya, quizá, posiblemente, ojalá, probablemente, a lo mejor, Dios mediante, etc. En Si llegara a tiempo ahora, no lo esperaríamos tanto, el agregado de ahora cambia el sentido del verbo, pues de ser una actividad cotidiana (Si llegara a tiempo…) pasa a ser un hecho puntual esperado en el presente. Además, hay cierta tendencia a que estos verbos necesiten estar acompañados de más de un solo adverbio, como ocurre en Posiblemente ya estén en casa y Posiblemente mañana estén en casa, donde la presencia de ya y mañana confirman el presente y el futuro respectivamente.

En otros casos, cuando el verbo subjuntivo se encuentra subordinado en la oración, su tiempo lo marca la flexión del verbo principal. Es el caso del futuro compuesto, que es empleado comúnmente como oración sustantiva, y será futuro efectivo o pasado dependiendo del tiempo del indicativo:

Quien lo hubiere hecho debe venir de inmediato.

Quien hubiere ganado el premio recibirá, además, un auto.

Premia a los que hubieren terminado primero.

Sucede del mismo modo, sintáctica y semánticamente cuando expresamos un parecer, deseo o pronóstico:

La verdad, dudo mucho que puedas venir.

Me gustaría que llegase a tiempo todos los días.

Sería genial que estuvieses en camino.

Y también ocurre cuando los subjuntivos se desenvuelven como oraciones adverbiales:

Lo castigaré en cuanto lo descubra (temporal).

Iría a donde sea que se fuese (locativa).

Aunque pidiera disculpas, no será bien recibido (concesiva).

Pero la forma más común de emplear los subjuntivos como oraciones adverbiales es en las construcciones condicionales:

Como no vengas, vas a ver.

Si vinieses seguido, habrías aprobado.

Si no estuviese aquí, ya te estarías quejando.

Si llegásemos, podríamos comprar el regalo.

Pese a lo enrevesado que parece, vale la pena detenerse a reflexionar sobre el uso y las posibilidades del subjuntivo, para así ponerlo en práctica de forma correcta y siempre que sea pertinente. Se trata de un territorio muy especial de nuestra lengua, pues, como se señaló, no todas lo poseen, porque, en tanto que no plantea una realidad concreta e inmediata, es una suerte de exclusividad de lenguas con cierta historia y desarrollo. Y si lo hacen, no siempre poseen la misma riqueza y plenitud que el subjuntivo castellano, como en el caso del alemán que lo formula desde el modo conjuntivo, o el caso del inglés, cuyas formas y uso se encuentran muy disminuidos. Además, por su naturaleza, el subjuntivo siempre ha sido terreno fértil para la creación literaria, y sus cualidades pueden ser aprovechadas expresivamente para crear efectos tan significativos como el descrito que, por las razones expuestas, resulta difícilmente traducible a otras lenguas.

Renato Guizado Yampi

Referencia de la imagen: https://twitter.com/teampoetero/status/947331574403563521

Un comentario

  • Anónimo dice:

    A “Tiempo y subjuntivo” ¿le dedicaran tantos comentarios como a “ver y mirar”, “el agua o la agua”, “el o la sartén” y el famoso “vaso de agua” ?

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