¡Valga la redundancia!

Por , publicado el 4 de noviembre de 2019

Valga la redundancia es una expresión que más de uno habrá utilizado para advertir a su interlocutor que, conscientemente, está siendo redundante; es decir, que está repitiendo innecesariamente una palabra o un concepto. Sin embargo, la mayoría de las veces se utilizan expresiones redundantes sin saber que lo son: vecinos del lugar (olvidando que si son vecinos es porque viven en un mismo barrio, una misma zona), tiritando de frío (cuando tiritar significa ‘estremecerse de frío’), divisas extranjeras (toda divisa es moneda extranjera), vigente en la actualidad (si algo es vigente es porque está en vigor, porque tiene validez en la actualidad), prever con antelación (prever es ‘ver con antelación’), hemorragia de sangre (la hemorragia es la ‘salida de la sangre de los vasos sanguíneos’), lapso de tiempo (llamamos lapso al ‘transcurso de un periodo de tiempo’), mutua cooperación (toda cooperación  implica ‘obrar conjuntamente con otro’), réplica exacta (toda réplica es una ‘copia exacta’), experiencias vividas (las experiencias implican los ‘conocimientos de la vida’), planes futuros (todos los planes son ‘intenciones, proyectos’ y, por lo tanto, aún no se han realizado), misterio sin resolver (si es un misterio es porque aún no se ha resuelto), acoso implacable (todo acoso implica una ‘persecución sin tregua’)…

¿Por qué se usan? ¿Quizá porque se desconoce el significado o porque se quiere ser más preciso? Vale la pena, primero, señalar que se suele entender la redundancia como una repetición innecesaria de elementos léxicos o gramaticales. Todos los casos anteriores serían casos léxicos. Ahora bien, una repetición de elementos gramaticales suele ser, por ejemplo, el de los pronombres: Le dijo a su hermano que viniera pronto a casa. En este caso encontramos el pronombre átono le que funciona como objeto indirecto doblado o duplicado de a su hermano. Otros casos serían: A mí me gusta… Yo me llamo… Pero ahora no nos ocuparemos de estos casos.

Para Ignacio Bosque, en su artículo «Sobre la redundancia y las formas de interpretarla», la redundancia «satisface ciertos propósitos informativos», propósitos que no vemos en expresiones como Autobús cae el abismo y mueren 18 muertos; Niño pierde la vida y muere; Encuentran un cadáver muerto de un difunto; Mueren 11 personas y un peruano…  que, más bien rayan en el absurdo más que en la simple repetición innecesaria. En cambio, sí podríamos encontrar propósitos expresivos más que informativos en construcciones como subir arriba, bajar abajo, entrar dentro (también adentro), salir fuera (también afuera) que pueden sentirse como redundantes, pues el significado de cada verbo es bastante claro (subir significa ‘ir o moverse hacia arriba’), pero que se aceptan como válidas porque los adverbios que acompañan a estas expresiones actúan como intensificadores. A estas construcciones se les conocece con el nombre de pleonasmos.

El término pleonasmo procede del latín pleonasmus que a su vez proviene del griego pleonasmós que significa ‘superabundancia’; de allí que su definición esté asociada con el empleo de ‘vocablos innecesarios’ porque el significado ya está explícita o implícitamente incluido en ella, tal como señalamos en subir arriba. El adverbio arriba estaría de más. Alguien podría decirnos, sí, pero ¿qué ocurriría si vivo en una casa de tres pisos y no quiero subir al segundo piso sino al tercero? ¿Debo decir voy al tercer piso? Seguramente que no; y aquí entra a tallar la otra condición o rasgo del pleonasmo: aportar gracia, fuerza expresiva o precisión para que a nuestro interlocutor no lo quede la menor duda de lo que queremos decir. Si no me cree recuerde cuántas veces ante un suceso increíble ha dicho que lo vio con sus propios ojos.

¿Qué debemos hacer? ¿Las usamos o las rechazamos? Ya lo precisa Bosque en su citado artículo, existen grados de redundancia, además, toda redundancia «se presenta unas veces en toda su crudeza, pero otras muchas veces se nos aparece de manera mucho más abstracta, casi enmascarada a los ojos de los hablantes» y cumple en nuestra lengua «ciertas funciones que no se miden en términos estrictamente lógicos». Precisamente, sin apoyarse en la lógica, aparecen en boca de los hablantes redundancias como las mencionadas en este artículo, probablemente, por su carácter intensificador o expresivo necesarios en determinados contextos.

Eliana Gonzales Cruz

Referencia de la imagen: ¿Qué es una redundancia? Disponible en https://www.defensacentral.com/ustedpregunta/categoria/curiosidades/que-es-una-redundancia/

2 comentarios

  • Juan Pérez Nomás dice:

    Que la gramática no se meta con el agua ni con unas de sus formas, el hielo, porque el agua es de lo más caprichosa y recién se comienza a estudiar. ¿Saben que el hielo se forma más pronto con agua hirviendo? ¿Saben que el hielo abriga? Sí, si están, por ejemplo en el polo Norte, y vaya que hace frío por allá, pues pónganse dos casacas y rellenen entre ellas con nieve (hielo en escamas) y obtendrán abrigo. Claro, vender hielo frío en el trópico si que es redundancia, pero creo que no tanto como decir “hielo bien frío”.

  • Anónimo dice:

    Decir el hielo, por lo frío que es, también quema, es redundancia, exageración o qué?

  • Carlos Trujillo Acosta dice:
    Tu comentario está pendiente de moderación

    Mas bien una pregunta analisis exhaustivo es redundancia?

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