¡Vaya con la Negrita!

Por , publicado el 8 de julio de 2020

Desde hace unos cuantos días se viene anunciado el cambio de nombre de una marca emblemática para la cocina peruana. ¿Qué pasará? Aún no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que esta decisión ha levantado revuelo, todos quieren manifestar su rechazo: desde el bodeguero pasando por los  periodistas y publicistas hasta las amas de casa.

Las marcas registradas o marcas de fábrica son nombres comerciales que han sido inscritos y gozan de protección legal. Muchas llegan a ser tan conocidas que terminan sustituyendo al producto; en nuestro medio, por ejemplo, tenemos ace para designar cualquier detergente, kolynos para la pasta dentífrica, nicovita para la comida de animales, frigider para cualquier frigorífico. Otras se han extendido por toda la comunidad hispana y los hablantes ya ni recuerdan que empezaron siendo marcas: aspirina, celofán, clínex, curita, maicena, plastilina, pósit, támpax, termo, rímel, etc. Están tan asentadas que han adaptado, incluso, su escritura.

Este uso de designar al producto por la marca me sirve para explicar un fenómeno que se produce en todas las lenguas: el cambio. Una lengua, como sabemos, es un sistema constituido por signos lingüísticos y por reglas gramaticales cuyo conocimiento es compartido por los hablantes de una comunidad; así, en la medida en que el hablante tenga necesidad de comunicarse recurrirá a su lengua; recurrirá a su lengua como recurrirá al alimento para sobrevivir o recurrirá a su lengua como recurrirá a la ropa para no pasar frío. Lengua, alimento y ropa son, en definitiva, manifestaciones sociales y culturales que pueden ir variando a lo largo del tiempo. En efecto, estos cambios que se producen, a veces imperceptibles para los propios hablantes, pueden deberse a múltiples factores que se resumirían en uno solo: su propia necesidad comunicativa.

Pero, debemos añadir, además, que en toda situación comunicativa el hablante no solo debe considerar lo lingüístico (lo dicho), sino que debe considerar los aspectos situacionales, sociales, pragmáticos, culturales, discursivos y textuales; esto es, el hablante no solo debe considerar lo que dice, sino a quién se lo dice, cómo se lo dice, cuándo se lo dice, por qué se lo dice…

Graciela Reyes en su libro El abecé de la pragmática sostiene que «la comunicación exige mucho más que intercambiar significados preestablecidos» (2017: 7); así, para volver a nuestro caso, cuando usamos la palabra negrita —al margen de la marca— cabe preguntarnos si lo hacemos pensando en el sentido literal de la palabra o más bien en lo que esta puede encerrar. Estoy pensando, por ejemplo, cuando un esposo llama de esa manera a su esposa en lugar de cariño, amor, o sus equivalentes flaquita, gordita, cholita, cuchicuchi…, todas formas apelativas válidas en un ambiente de intimidad. En cambio, en otro contexto podría tener un sentido negativo, de desprecio; incluso, cuando digo, por ejemplo, ¿Qué se habrá creído esta negrita?, observamos que el sufijo diminutivo -ita ya no tiene ese matiz afectivo, sino más bien despectivo. Así pues, no es lo mismo decir que querer decir.

En este mundo en el que corren los cambios y en el que cada uno cree tener la razón, es importante recordar que las palabras en sí no saben de discriminación, de maltrato, de menosprecio…; somos los hablantes los que discriminamos, maltratamos y menospreciamos, somos nosotros los que tenemos que cambiar no de palabras, no de nombres, sino de actitud.

Eliana Gonzales Cruz

*Fuente de imagen: Alicorp

 

 

4 comentarios

  • Ricardo Díaz dice:

    Como siempre Eliana, completamente ilustrativa y didáctica explicación de lo que sucede con el “dije” y el ” quise decir”
    Espectacular!!

  • Ricardo Díaz dice:

    Como siempre Eliana, completamente ilustrativa y didáctica explicación de lo que sucede con el “dije” y el ” quise decir”
    Como siempre Eliana, espectacular!

  • Edith dice:

    Excelente Maestra Eliana como siempre es una campeona en su área, un artículo muy interesante e ilustrativo, sin dejar de mencionar didáctico. Es una gran maestra. Felicidades. Este artículo nos ayuda a todos.

  • Lídice dice:
    Tu comentario está pendiente de moderación

    Quitarle la alusión a la persona (borrar la figura de la mujer afroperuana) no está de más.

  • Roberto dice:
    Tu comentario está pendiente de moderación

    No veo q tiene q ver el tema de nombres q se convierten en marcas con el asunto Negrita. Tampoco vamos a mantener un nombre, q no se olviden q viene con una ilustración q refuerza q el lugar de los negros es el servicio y la cocina, por las buenas intenciones q puedan tener los hablantes y Que nadie las sabe. En resumen la marca y el logo justificadamente debe desaparecer

  • Luis Santos dice:

    Al margen de lo académico, NEGRITA es una expresión de afecto y reconocimiento a la mujer emprendedora, afrodecendiente o no, que por las tardes solía preparar y deleitarnos hasta nuestros días con esa exquisita y tan nuestra mazmorra morada, por cierto con su toque tan personal que ha trascendido nuestras fronteras, si Pancho Fierro viviera, estaría contento con la marca, NEGRITA existía cuando estaba en vida el gran Nicomedes Santa Cruz, sin embargo ni siquiera él se atrevió a criticarlo, una marca es también un reconocimiento a los saberes populares y por cierto que, también afianza nuestras costumbres. A este ritmo, pronto habrá quienes pretendan cambiarle de nombre a los colores acromáticos y así no es el idioma.

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