Ya tenía sus años…

Por , publicado el 16 de diciembre de 2019

Los posesivos, como su nombre lo indica, señalan posesión o pertenencia en relación con las personas gramaticales. Son las formas postnominales o tónicas mío(a), tuyo(a), suyo(a)…, y las pronominales o átonas mi, tu, su… De todas ellas, llaman especialmente la atención los posesivos de tercera persona (suyo, suya, suyos, suyas, su, sus), ya que la posesión que establecen puede no estar relacionada directamente con el referente previo. En este artículo describiremos los rasgos de estos casos.

En la oración Después de una larga espera, la enfermera recogió sus resultados podríamos entender que los resultados le pertenecían a la enfermera, y en ese caso el posesivo sus presentaría rasgos reflexivos que aludirían al propio referente dentro del discurso (la enfermera). Por otro lado, esta construcción se presta a una segunda interpretación: los resultados pueden no ser de la enfermera; en ese caso el posesivo no marca una relación reflexiva y, por ende, el antecedente de la posesión se encontrará fuera de esa construcción, quizá en algún referente mencionado antes en el discurso. Pongamos por ejemplo la oración El paciente estaba ansioso. Después de una larga espera, la enfermera recogió sus resultados. Gracias a una interpretación pragmático-discursiva determinamos que los resultados le pertenecen al paciente y no a la enfermera.

Sin embargo, existen oraciones donde la interpretación de la posesión es unívoca y no se presta a varias interpretaciones, estos casos reciben el nombre de posesivos enfáticos. A continuación, algunos ejemplos donde se muestra la correferencia obligada entre el posesivo y el elemento nominal precedente (subrayado con línea discontinua): Un grupo de alemanes enjugaban sus penas en cerveza; Yo pienso que cada país busca sus caminos, ¿verdad?; El equipo sigue su lucha tras el líder.

Los posesivos enfáticos, además de señalar una única relación entre el referente y lo poseído, presentan variados matices; entre ellos: aproximación (Ya tenía sus años…); afectividad (Eso no impide que la muchacha tenga su encanto); encarecimiento (Anda con su camisita de todos los días), etc.

Asimismo, los posesivos enfáticos se usan para describir situaciones habituales o esperables que no necesariamente están relacionadas con la idea de pertenencia. Por ejemplo, en la oración Todas las tardes se compraba sus castañas asadas no se indica propiamente posesión, ya que nadie compra lo que ya le pertenece; sino que se señala una acción que se realiza con frecuencia. Así lo recoge la Nueva gramática de la lengua española (2009, 1367, 18.6c): «Estos posesivos son reflexivos, pero no expresan propiamente relaciones de posesión o pertenencia, sino más bien la atribución a una persona o una cosa de propiedades típicas o características suyas, así como su participación en acciones o situaciones que le afectan, especialmente si el hablante las asocia con algún estereotipo».

Cabe señalar que estos posesivos aportan marcas ostensivas que son suprimibles o reemplazables por el artículo; aunque esto puede alterar la expresividad, no cambia el sentido final del enunciado. Así, podemos alternar La chacra tenía sus animalitos o La chacra tenía animalitos.

Recuerde, estimado lector, que no siempre el posesivo, a pesar de su nombre, indica pertenencia; y es que la lengua es un sistema tan complejo que con mayor o menor expresividad diremos: La gramática guarda sus secretos o La gramática guarda secretos.

Bertha Guzmán Velasco

Referencia de la imagen: Tomada de https://www.voxlocalis.net/numero87/turismo/todas-las-ciudades-tienen-su-encanto-granada-el-suyo-y-el-de-todas-las-demas-antonio-machado

Un comentario

  • Jacinto Gonzalez dice:

    Al castellano le falta el “su de él”, el “su de ella” y otros “sus”. Habría que inventarlo, no?

    “La chacra tenía sus animalitos” Sus, ¿de la chacra o de alguien? La chacra tenía animalitos, no importa de quien son..¿Es así?

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