La Democracia necesita de las Humanidades

Por: Francisco José Bobadilla Rodríguez.

En los últimos tiempos -tiempos de bonanza económica para muchos en nuestro país- se oye con frecuencia que lo que el Perú necesita son más ingenieros y chef. Las estadísticas revelan, asimismo, que las profesiones más solicitadas son las de ingeniería y las de administración de empresas. En esa misma línea se mueve la propuesta de un candidato a la presidencia que ofrece dar carreras técnicas a los que egresan del colegio. Todo el mundo a producir, cuanto antes, mejor. Pareciera que lo práctico, productivo y útil es el signo de los tiempos. ¿Y los saberes humanísticos? ¿Qué de la historia, la literatura, la filosofía, el arte?

Ante tal avalancha de saberes técnicos, me supo a agua de mayo el reciente libro de Martha Nussbaum, “Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades” (Madrid, Katz Editores: 2010). Lo he leído a gusto, aún cuando no es uno de esos otros sesudos libros que la autora ha escrito sobre el mundo clásico griego. Es una defensa práctica de los saberes humanísticos que otorgan “otras capacidades vitales, igualmente fundamentales, para la salud de cualquier democracia: la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico; la capacidad de trascender las lealtades nacionales y de afrontar los problemas internacionales como “ciudadanos del mundo”; y por último, la capacidad de imaginar con compasión las dificultades del prójimo”.

No se trata de apostar por la ciencia, la técnica o las humanidades, de modo excluyente. Se trata de tomarlas a todas en serio, pues todas ellas agregan capacidades específicas al perfil profesional y humano de cada peruano. Pensar que eso sólo ocurre en las idílicas noches de verano, es reducir la talla de lo que un ser humano puede llegar a ser.

Necesitamos ingenieros, ciertamente, que sepan construir edificaciones antisísmicas y muchas plantas de producción. Pero, esos mismos ingenieros han de tener el criterio suficiente para hacer construcciones, no sólo técnicamente viables y funcionales, sino al mismo tiempo humanas. Hombres y mujeres que hagan cosas bellamente técnicas y que se conmuevan, igualmente, ante la diversidad cultural de nuestro país o ante los dramas de la condición humana en el teatro de Shakespeare o en los versos de Vallejo. Profesionales que sepan ganar dinero y al mismo tiempo encuentren respuestas a las viejas preguntas de todos los tiempos: ¿de dónde venimos, a dónde vamos?, ¿el fin de mi vida se reduce a atesorar cosas, buscar placer o ambicionar poder?, ¿hay algo más que la sola eficacia?

Necesitamos muchos y muy buenos profesionales. Sería un error cerrar las puertas a las profesiones propiamente humanísticas, como lo sería, igualmente, negar esa formación a las demás carreras. Optar sólo por una formación técnica, probablemente consiga aumentar el Producto Bruto Interno (PBI), pero al precio de empobrecer la riqueza de nuestra cultura y el mismo estilo de vida democrática que requiere de capacidad de discurso, pensamiento crítico y una mirada amplia que, desde las tradiciones milenarias de nuestra historia, trace los rumbos del futuro, abriendo alternativas de vida culta para disfrutar de tan buenos edificios.

Las humanidades son, desde luego, necesarias para la democracia como lo recuerda Nussbaum, pero lo son, también, para que nuestra sociedad no deje de ser humana.

Docente. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de Piura. Artículo publicado en el diario El Tiempo, martes 15 de marzo de 2011.

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