Testimonio: Milagros Ávila

Estudiante del Instituto Confucio UDEP - Campamento de Verano China Julio 2015

Por Instituto Confucio.

Dicen que mientras viajemos nunca estaremos completamente en “casa”, porque una parte de nosotros siempre estará en otros lugares y en las grandes personas que conocimos.

Milagros Avila

Después de unas largas y agotadoras 24 horas de viaje, por fin habíamos llegado a nuestro destino: Beijing, ciudad que nos acogería por las 3 siguientes semanas. Apenas llegamos al campus de la Universidad Normal de la Capital nos instalamos en nuestras habitaciones. El viaje había sido largo y todos deseábamos descansar, pero antes había que reportarnos a nuestras familias con una llamada o mensaje.

Me senté en el lobby de la residencia de estudiantes y simple vista se podía percibir la presencia de personas de diferentes lugares del mundo. Terminé de conversar con mis padres y ya me disponía a subir a mi habitación, cuando una niña de rasgos chinos y aproximadamente 10 años se acercó a mí. Me saludó en inglés y procedió a preguntarme si podría entablar una conversación conmigo. Sin duda alguna acepté. Me hizo muchísimas preguntas, tales como de dónde era, a qué me dedicaba, a qué había venido a su país, entre otras. En cuanto supo que estaba estudiando chino, se dispuso a ayudarme a ponerlo en práctica. Ella me preguntaría en inglés y yo debía responder en chino. Nada fácil, pero ¡muy divertido!

Los días siguientes fueron increíbles. China es como el matrimonio: muchos hablan de él, bien o mal, pero la única manera de saberlo es viviéndolo y esta experiencia me permitió hacerlo.

El campamento consistía en clases de chino por las mañanas y talleres de arte, caligrafía, canto y Tai Chi por las tardes, así como también una serie de paseos a lugares como La Gran Muralla, La Plaza del Tiananmen, La ciudad prohibida, El Palacio de Verano, la tradicional calle Nanluoguxiang, El Templo del Cielo, la provincia de Henan y una variedad de museos, todos reflejo de la rica cultura china. En nuestros ratos libres salíamos a explorar las calles aledañas, guiados por nuestro deseo de conocer más acerca del estilo de vida chino.

China está lleno de riqueza cultural, tradición, deliciosa gastronomía y más de 13 millones de ciudadanos cuya hospitalidad incomparable y deseo de ayudar al prójimo superaron completamente nuestras expectativas. Es impresionante cómo no la piensan dos veces cuando se trata de ayudar a un extranjero a orientarse y ¡hasta dejan sus propias labores para hacerlo!

Definitivamente esta ha sido una de aquellas experiencias que marcan un antes y un después en tu vida, que te abren los ojos y mente a otras perspectivas.  Vuelves a tu país y empiezas a apreciar el mundo de una manera diferente.

Así finalmente, 21 días después de haber estado en contacto directo con la realidad china, mi deseo de aquel primer día se volvió realidad.


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