Dr. Eugenio Giménez

Dr. Eugenio Giménez

Reseña


Por Elena Belletich de Rojas

Eugenio Giménez y Martínez de Carvajal nació en Granada (España) en 1928. Cuarto de cinco hermanos vinculados al ámbito universitario. Estudió Ingeniería Industrial en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Madrid y en la de Barcelona. Posteriormente, desde el Perú, se doctoró con una tesis sobre soldadura eléctrica por puntos. También inició estudios de Derecho y, tiempo después obtuvo la licenciatura en Ciencias de la Educación por la Universidad de Piura.

Llegó al Perú el 30 de marzo de 1965 como becario invitado por la Asociación Civil de Educación y Cultura, que presidía el doctor Ramón Mugica Martínez e integraba también el ingeniero Rafael Estartús Tobella (vicepresidente), ambos pioneros y forjadores de la UDEP (fallecidos). Ellos habían llegado al Perú hacía casi una década. La primera tarea de don Eugenio fue ubicarse en la realidad limeña y familiarizarse con los lugares en donde el Opus Dei realizaba labores: Cañete y Chiclayo.

Don Eugenio formó parte de la primera junta directiva de la Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza Universitaria (ADEU), promotora de la Universidad de Piura, constituida el 3 de noviembre de 1965 y reconocida por el Ministerio de Educación el 2 de febrero de 1966. La integraban también el Dr. José Agustín de la Puente (presidente), los ingenieros Rafael Estartús y Ramón Mugica; y el doctor Jacobo Rey Elmore.

Su primer viaje a Piura fue el 24 de abril de 1966, junto a los doctores Vicente Pazos, José Navarro y Antonio Ducay. El propósito fue conocer el lugar dónde estaría ubicada la Universidad de Piura y cómo era el entorno de la ciudad. La idea de una universidad en el Perú ya había sido expresada por el fundador del Opus Dei, san Josemaría, en noviembre de 1964. Eugenio Giménez estuvo ahí.

Un año después, coincidentemente, el arzobispo de Piura, Mons. Erasmo Hinojosa, había acudido a  Mons. Escrivá, para solicitar la creación de una institución universitaria en Piura. Así, se entrelazó la historia y las gestiones. Los estudios preliminares comenzaron.

Ya el 27 de septiembre de 1967 realizó un segundo viaje a Piura con los doctores Miguel Samper, Víctor Morales y Ramón Mugica.

Así recordaba Dionisio Romero, en el 2009, los inicios de la UDEP: “Mi primer contacto con la Universidad data de 1967. Se trató de una reunión a la que asistimos un buen grupo de piuranos para enterarnos del proyecto de la Universidad de Piura. El pequeño grupo expositor estaba conformado por  el Dr. Julio Rodríguez, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra; el Ingeniero Ricardo Rey Polis, todavía decano de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica del Perú; el Dr. Carlos Rizo Patrón, abogado y periodista, y el entonces Ing. Eugenio Giménez, infatigable animador de esta idea de educación superior y, también, de la entidad promotora, la Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza Universitaria (ADEU)… Desde el primer momento se pudo entrever la magnitud de esta iniciativa y quedé entusiasmado con el proyecto que Eugenio Giménez sabía presentar con tanta solidez y convicción.”

Fue tanta la preparación y convicción de don Eugenio, sobre el proyecto de crear una Universidad en Piura que él y el ingeniero Ricardo Rey Polis (primer Rector de la UDEP) fueron los encargados de entrevistarse con el presidente Fernando Belaúnde, para presentar la idea, junto con el arzobispo de Piura, Mons. Erasmo Hinojosa. “El Presidente asumió la iniciativa con todo entusiasmo y ofreció su respaldo. Fue la última ley que firmó el arquitecto Belaúnde, antes de ser derrocado por los militares, en octubre del 68”. (Conversación en Pamplona con José Agustín de la Puente Candamo; por Marcelino R. Cuesta).

El Dr. Dionisio Romero señala que la actividad de Eugenio en este período “fue abundante y continuaría así durante años: en vuelos entre Lima y Piura, Eugenio –lo decía él sin mayores alardes– recorría en cada año lo equivalente a dos vueltas y media a la tierra. En sus cortas, pero frecuentes estadías en Piura, trabajaba en una de las oficinas del grupo Romero. Se instalaba en el despacho que ocupaba ocasionalmente el abogado de la empresa, el Dr. La Madrid, o en el escritorio, igualmente disponible, junto al de Carlos Ginocchio Feijoó. Allí dibujó el primer croquis de los límites del Campus de la Universidad de Piura”.

Comenta, además: “Eugenio reunía un haz de competencias que difícilmente pueden repetirse en nuestro tiempo tan dado a la especialización. Hombre culto y gran lector que seguía con atención el curso de la actualidad en sus grandes trazos. Su formación de ingeniero imprimía orden y rigor a su trabajo, lo que ya es bastante;  pero, además desarrolló, una notable mentalidad jurídica, que le hacía adelantarse a riesgos y amenazas futuros, de esos que nacen en los entresijos de las leyes y la burocracia y acaban, muchas veces,  por empantanar el desarrollo de las buenas iniciativas”.

“Tuvo, de igual modo, una vocación tardía a la escritura y un profundo sentido de la historia. Ejerció el periodismo de opinión lanzándose a escribir una serie de artículos (a partir de 1977) en defensa de las universidades en los diarios Expreso y El Comercio. Artículos de los que he sido lector frecuente y solía comentarle a Eugenio que yo miraba  el diario buscando algún artículo suyo para leer (y si no lo encontraba pasaba sin más la página editorial). Eugenio, por su parte, haciendo gala de su aguda ironía, solía decir que, hasta donde él conocía, había tenido sólo dos lectores habituales: su mamá y yo. Pensando en ella, seguía escribiendo y dedicándole sus artículos en señal de correspondencia, lo que evidencia ese hondo sentido del agradecimiento que tanto ha caracterizado a Eugenio”.

En la Universidad, el ingeniero Giménez fue también director del programa académico de Administración de Empresas y profesor de Organización y Métodos. Luego estuvo a cargo de la cátedra de Teología en la Facultad de Ciencias de la Educación.

Se ordenó sacerdote en 1991. El doctor Abruña, en el discurso de Apertura del 2009, dice de él: “Es la piedra angular en el edificio de la Universidad. Trabajador infatigable. Generador y ejecutor de ideas. Supo ver desde el principio la diferencia entre el precio y el valor de las cosas y ayudó a que la Universidad marchara, como lo quería su primer Gran Canciller, al paso de Dios”.

Por su parte, el P. Vicente Pazos, quien fuera el primer Vice Gran Canciller de la UDEP, expresó: “Eugenio Giménez y Martínez de Carbajal, entonces doctor ingeniero industrial, formó parte del grupo promotor de la Universidad de Piura desde los comienzos, y, sin duda, fue el más activo en todos sus frentes: legal, intelectual, social, económico e internacional”.

El doctor Antonio Mabres recuerda que, desde Lima “antes de ser sacerdote, se dedicaba a asuntos de  la ADEU y siempre estuvo muy pendiente de la UDEP: apoyando la labor del Consejo económico, la búsqueda de donaciones y gestión de proyectos de cooperación internacional; enviando ayudas concretas, como información útil para los laboratorios, gestión de llegada de profesores visitantes, entre otras”.

Al dejar la UDEP, se dedicó a cumplir su tarea sacerdotal en la ciudad de Lima y, años después, en Piura.

 


 

Publicaciones de Eugenio Giménez

 

En Universidad al servicio de todos (UDEP, 2011), se indica que del 25 de octubre de 1977 al 9 de enero de 1978, el Ing. Giménez publicó 21 escritos sobre el tema universitario en el diario Expreso.

Aborda temas relevantes como axiología, autonomía económica y de gobierno y sobre la naturaleza y fines de las universidades. En ellos, el autor se muestra a favor de la autonomía universitaria frente a Ley Universitaria promulgada en 1969 por el entonces presidente Gral. Juan Velasco Alvarado.

En uno de sus escritos, sobre la historia de UDEP, el P. Eugenio Giménez ha dicho: “Hacer, dejar hacer, dar qué hacer; es la triple fórmula que aprendí del beato Josemaría… y que encierra para el quehacer del hombre el necesario respeto por su dignidad y el oportuno apoyo solidario. No es fácil vivirla a nivel personal, aunque si se vive, cada uno alcanza su máxima eficacia. Y, es urgente, aunque tampoco resulte fácil, transmitirla a todos los niveles –formales e informales– de la sociedad universal. Es una fórmula que implica la disposición de dar y darse, que es ‘más que dar’. (p. 15).

Entre los libros publicados por él en la UDEP figuran: Administración del trabajo  (1973), Universidad (1978) y  Universidad al servicio de todos (2011). También es coautor de la investigación: Sistema educativo integral (Eugenio Giménez, José Agustín de la Puente y Candamo, Ricardo Rey Polis);  Universidad, universidades y ley universitaria (Pedro M. Benvenutto Murrieta, Ricardo Rey Polis, Eugenio Giménez).