La bicameralidad: impopular pero necesaria

Por Carlos Hakansson, el en El Comercio (Piura).

Una de las propuestas de reforma constitucional que ha quedado en agenda es la referida al retorno de la bicameralidad. Para retomar el tema, el presidente de la Comisión de Constitución del Congreso, Santiago Gastañaduí, invitó a los piuranos a una audiencia pública. Se trataron los avances en la modificación de la legislación de partidos políticos y el retorno de una segunda cámara parlamentaria.

La bicameralidad supone la doble reflexión legislativa, una de sus principales fortalezas. Esta consiste en poder estudiar la aprobación de un proyecto de ley desde dos perspectivas distintas: desde la opinión de los representantes nacionales (Cámara de Diputados); y, desde la representación territorial (Senado). La crítica que se realiza por la posible presencia de dos cámaras es que surjan conflictos entre ellas y posibles bloqueos; pero, es ahí donde nace la doble reflexión.

Es en los parlamentos donde se discuten las diferentes propuestas y los intereses de los partidos representados; en otras palabras, este es un juego político tan saludable como antiguo. Sin embargo, en sintonía con una visión clásica, una de las cámaras tendrá que rendirse gracias al juego de mayorías y minorías. Es como en una partida de ajedrez que termina en el momento del jaque y donde no es de caballeros tirar el tablero. El balance general es que dos cámaras piensan mejor que una para la toma de decisiones.

A pesar de la conveniencia, esta propuesta sigue siendo impopular, por la crisis de representatividad de nuestro Congreso, y, además, la incorporación de un Senado no garantizará eficiencia. En el derecho constitucional comparado existen, entre América, África, Asia y Europa, casi cuarenta estados con un parlamento unicameral y muchos de ellos gozan de estabilidad política, como Suecia o Portugal, por ejemplo.

Existen también otros países, como Rusia, que tienen una segunda Cámara, pero con cierto desorden. Por eso, si bien el bicameralismo ha sido una tradición en la historia de los textos constitucionales peruanos, no ha funcionado adecuadamente por carecer de una efectiva división territorial del poder que justifique su presencia en nuestra forma de gobierno. Sin embargo, esta es una oportunidad para que nuestro modelo de regionalización pueda valerse de un Senado compuesto por representantes de las distintas regiones y para combatir al centralismo en la toma de decisiones.

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