En un panel del ICF destacan los valores del matrimonio y la familia

La reforma del proceso de nulidad de un matrimonio busca que quienes lo necesitan tengan cómo acercarse a la Iglesia y vivir conforme a las enseñanzas de Jesucristo, se dijo en el panel.

Por Koko Zavala.

El Instituto de Ciencias para la Familia, de la Universidad de Piura realizó un panel sobre el proceso de nulidad del matrimonio, que involucra a aquellos cuyo matrimonio había fracasado o se encuentren en una situación no sacramental.

En el panel, los presbíteros Ricardo Bazán y Miguel Arce destacaron aspectos sobre la reforma realizada por el papa Francisco y la importancia de las disposiciones con las que se favorezca, no la nulidad de los matrimonios, sino la celeridad de los procesos y, no en menor grado, una adecuada sencillez.

P. Ricardo Bazán Mogollón

En el panel, moderado por la doctora Susana Mosquera, docente de la Facultad de Derecho de la UDEP, el doctor Bazán refirió al cambio introducido por el Papa en el contexto del sínodo extraordinario de obispos sobre la familia: “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”, realizado en octubre del 2014; y del sínodo ordinario sobre el mismo tema: “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, del 2015.

Destacó que de la asamblea ordinaria surge “la necesidad de hacer más accesibles y ágiles, posiblemente totalmente gratuitos, los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad”. Esta propuesta, había sido hecha en el sínodo del 2014, para que el papa Francisco modifique en efecto los procesos de nulidad matrimonial.

Definiendo lo que es un proceso de nulidad matrimonial, añadió que se trata de procesos declarativos sobre la existencia o no del matrimonio, es decir ver si al inicio de este hubo un problema o vicio que causó que no hubiese un matrimonio verdadero; por tanto, al hablar de nulidad se alude al vínculo matrimonial inválido, un vínculo que no llegó a nacer. Esto no es equiparable con el divorcio o la anulación del matrimonio, pues nunca existió.

Causales de nulidad
Las causales de nulidad surgen de la incapacidad de las partes o incapacidad consensual, falta del suficiente uso de la razón o dominio de sus facultades, retardo mental o lesión cerebral para poder emitir un consentimiento válido humano, grave defecto de discreción de juicio o grado de madurez libre y racional de sí mismo, crisis temporales de personalidad, anomalías psíquicas. También, figura la incapacidad grave para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio, debido a enfermedades mentales, trastornos de personalidad u otros.

Otra causal, indicaron los ponentes, es la simulación del consentimiento para lograr el beneficio para cualquiera de los contrayentes. El error de hecho o derecho, señala que para que pueda haber consentimiento matrimonial es necesario que los contrayentes no ignoren al menos que el matrimonio es un consorcio permanente entre un varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole, mediante una cierta cooperación sexual. Esta ignorancia no se presume después de la pubertad.

El error doloso y engaño, la violencia y temor, la condición de futuro, están entre las causales de nulidad, como los impedimentos de derecho divino que no admiten dispensa, como consanguinidad en línea recta, y de derecho humano o eclesiástico, como consanguinidad o afinidad colaterales, que sí son dispensables.

Acompañamiento espiritual
Sobre el tema “Acompañamiento espiritual a las personas divorciadas y vueltas a casar civilmente”, el padre Miguel Arce afirma que la Iglesia como madre ayuda a los hijos suyos que sufren a descubrir el amor misericordioso de Dios, para que puedan ajustarse, según sus circunstancias, a lo que Dios les pide, sin ir en contra de la grandeza de la vida cristiana.

P. Miguel Arce.

¿Las personas divorciadas y vueltas a casar están, están excomulgadas o condenadas? ¿Pueden estar en gracia de Dios y recibir el sacramento de la Penitencia, la Eucaristía o la Unción de los Enfermos? ¿Pueden ir a misa, rezar a Dios y participar de la vida parroquial? En definitiva, ¿pueden ser felices en la tierra y tener la esperanza del cielo prometido?

Para resolver estas interrogantes, el panelista recurre a las valiosas y clarificares cartas apostólicas Familiaris Consortio, de San Juan Pablo II, sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual (1981) y Amoris Laetitia, del Papa Francisco, sobre el amor en la familia (2016), las cuales “brindan un enfoque muy positivo de lo que es el mundo y de lo que podemos hacer de manera preventiva, y cómo responder de manera pastoral ante las situaciones difíciles en que se encuentran nuestros hermanos”.

Sobre la situación actual de la familia, dijo que esta ha sufrido como ninguna otra institución la acometida de transformaciones amplias, rápidas y profundas de la sociedad y la cultura, por lo que la Iglesia quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a quien, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirla fielmente, o a aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad, y a las personas que se ven injustamente impedidos de vivir con libertad el propio proyecto familiar.

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