¿Es posible educar sin amor?

Vianny Evangelista Riveros
Alumna de 4to. año de la carrera de Educación Primaria

¿Puede un hombre construir un edificio sin poner los cimientos? ¿Puede nacer una flor sin antes haber colocado una semilla debajo de la tierra? En ambos casos esto no  es posible, así como tampoco el que un maestro eduque a sus alumnos sin poner la  semilla del amor  en su labor profesional  que se traduce en  donación y entrega.

Los motivos que dan respuesta a esta pregunta son múltiples, pero solo vamos a detenernos a desarrollar algunos  aspectos  partiendo del concepto de educación que da Santo Tomás: «conducción y promoción de la prole al estado perfecto del hombre en cuanto hombre que es el estado de virtud» (Altarejos y Naval, 2011,p. 25). En este sentido, el maestro orienta al alumno como si fuera su hijo y lo guía  hacia el estado perfecto como persona. Ninguna otra tarea como la educación se ocupa tan directamente de la persona, y es en el aula, sin duda alguna, donde el docente despliega sus recursos personales y didácticos para cumplir con su labor, teniendo como eje principal su relación humana con el alumno.

Nos preguntamos: «¿Por qué es valioso el amor, o mejor,  el amar?… El amor exige la relación, es una actitud  ante otro, por lo que el amar refiere la forma de comunión entre seres conscientes. La única afirmación de su realidad ontológica sería la que apuntase a la comunión; a la intimidad entre dos espíritus» (Pérez, 2007, p. 258). El valor del amor en la educación tiene un  sentido relacional y desde este aspecto es más fácil de comprender. Nace de  la inclinación al bien, a la donación y acogida mutua. «El amor, escribe Borges, nos deja ver a los otros como los ve la divinidad, como absolutamente únicos. Guardini apunta: “Lejos de cegarnos, el amor es lo único que puede abrirnos los ojos…pero el amor verdadero respeta siempre al otro en su esencia, le reconoce el derecho de ser él mismo, desea que no abandone su personalidad» (Cámere, 2008, p. 25).

La educación se entiende como un proceso guiado y orientado; por tanto no es espontáneo sino intencional en el cual el maestro es un agente importante, pero no es el principal, ya que no podrá lograr nada nuevo en los alumnos si ellos no lo quieren. Su tarea es infundir en los educandos la  ciencia,  la educación moral y práctica lo cual dependerá  del arte con que transmita sus conocimientos, como es el trato cercano  que presente frente al alumno y el clima adecuado que procure entre todos, pues «el docente no puede ser sólo el científico que conoce lo que hay, sino también el sabio que conoce cómo obrar en la ciencia y en la vida; y ambos saberes pueden y deben ser comunicados a los aprendices,  pues es la mejor ayuda que puedan recibir» (Altarejos, 2010, p. 237).

Del mismo modo, no se puede educar sin reflexionar. Es necesario que el docente se detenga a pensar en la labor tan grande e importante que realiza en la sociedad y en cada persona que forma. No debe olvidar que son personas humanas las que están puestas en sus manos y que supone donación y entrega constante. Solamente a través de este camino podrá lograr la finalidad de la educación, que es alcanzar el estado perfecto del educando, como bien lo afirma Santo Tomás. Y a qué se debe la importancia de esta donación y entrega. La respuesta es muy sencilla: «Educar es dar vida. Pero el amor es exigente. Pide comprometer los mejores recursos, las ganas no ciclotímicas, despertar la pasión y con paciencia ponerse en camino» (Bergoglio, 2013, p. 18). Por tanto la tarea del docente es ayudar a crecer al alumno, para lo cual ha de necesitar la ciencia que posee y a su vez la sabiduría de saber cómo transmitirlo.

El hombre es un ser de carencias, necesita de la educación y el maestro es un instrumento que por vocación ha de transmitir lo que hay en él, como bien nos lo dice el apóstol San Pablo: «En fin hermanos todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos. Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido (…), y el Dios de la  paz estará con vosotros» (Flp 4, 8-9).

La educación es un proceso de ayuda y de servicio continuo que le permite al maestro formar y moldear a la persona. Po lo que, el educador está llamado a intervenir con habilidad para entrar en el educando y llegar a su intimidad. Los grandes maestros dejan huellas en la personalidad de sus alumnos, entonces cabe preguntarse: ¿cómo podrá moldear y dejar huella en sus alumnos si no los conoce ni los trata?, ¿cómo podrá llegar a la intimidad de cada ser de los alumnos para luego lograr ese estado de perfección si no los ama? Solo el valor del amor podrá dar respuesta a estas interrogantes, ya que es en la intimidad donde resuena la acción formativa:

La intimidad es una caja de resonancia que guarda en la memoria, no solamente los estímulos venidos de fuera, sino también las vibraciones subjetivas generadas por éstos. A cada estímulo aplicado sobre el sujeto, la afectividad lo distingue con colorido y relieves propios; son las emociones, afectos, sentimientos, apetencias y pasiones los marcadores de memoria con los  cuales la persona almacena sus experiencias vitales (Sierra, 2008, p. 70).

Queda claro, pues, que la relación educativa entre el educador y los educandos no sólo interviene en la dimensión pedagógica sino también en la afectiva. Hay que incidir en que en que ese afecto no debe permanecer en la esfera de lo emocional (ciclotímico), pues se corre el riesgo de ver al alumno como algo propio, desviando la acción propiamente educativa del docente.: «Ese afecto debe tener un carácter ético: ver a los alumnos como personas y querer su bien (…) El querer el bien implica tres componentes: querer (ejercicio de libertad, elección y no mero deseo de apetencia), el bien (lo que realmente es bueno, va a hacer bien) al otro (y no directamente a uno)» (Cámere, 2006, p. 101).

Para terminar, concluimos afirmando que no es posible educar sin amor. La educación es una acción plenamente humana en la que el hombre es el centro de la educación y, por ende, los maestros tienen una vocación de entrega, donación y servicio. Esto no significa pérdida, porque no se empobrecen al darse sino que se enriquecen al dar vida a sus alumnos, no en el sentido estricto de otorgar vida sino en que «les procuran lo imprescindible para que lleven una verdadera vida humana; en términos actuales se diría que la educación sustenta la humanización del ser humano» (Altarejos y Naval, 2011, p. 25). De aquí  se desprende la importancia de la relación y comunicación cercana entre el maestro y sus estudiantes, pues cuando el hombre conoce y ama, posee en cierto sentido las perfecciones de las cosas que conoce y ama; por ello se quiere lo que se conoce y se conoce a fondo aquello que se quiere. 


 

Referencias bibliográficas

  • Altarejos, F. y Naval, C.  (2011). Filosofía de la  Educación. España: EUNSA.
  • Altarejos F. (2010). Subjetividad y Educación. España: EUNSA.
  • Bergoglio, J. (2013). Educar: exigencia y pasión. Buenos Aires: Ediciones Claretianas.
  • Cámere, E. (2006). Educación Más allá de las aulas. Lima (Perú): Mar Adentro.
  • Cámere, E. (2008). La familia. Una mirada optimista. Lima (Perú): Mar Adentro.
  • Pérez P. (2007). ¿Qué son los valores? Su sentido y educación. Piura: Universidad de Piura
  • Filipenses 4, 8-9.
  • Sierra, A. (2008). La Afectividad. Eslabón perdido de la educación. España: EUNSA.

Antropología del cuerpo en la sociedad actual

Yngry Maza López
Alumna de Educación Primaria. Ciclo VIII

Sin el cuerpo, que le proporciona un rostro, el hombre no existiría. La existencia del hombre es corporal, y el análisis social y cultural del que es objeto, las imágenes hablan sobre su espesor oculto, los valores que lo distinguen, nos hablan también de la persona y de las variaciones que su definición y sus modos de existencia tiene pero ¿cómo entender y valorar el cuerpo humano? cómo lo concibe la sociedad actual? Intentaremos responder las siguientes interrogantes en el presente artículo.

El hombre es cuerpo, y no hay hombre en plenitud donde no hay corporeidad. Se trata de un cuerpo verdadero, por el cual el hombre tiene afinidad con todos los cuerpos y con la modalidad que estos adquieren en el cosmos. Se trata de un cuerpo viviente que se desarrolla como cualquiera de los vivientes del mundo, recibe la vida como don, desarrolla sus procesos de desgaste, de corrupción y de muerte. El cuerpo no solo es elemento esencial, sino que es un componente que afecta a su perfección en todos los sentidos, en el del ser y en del obrar.

El hombre debe al cuerpo su relación con el mundo, que es el camino de su propia individuación y hasta sus distinciones raciales de su sexo, por la corporeidad está el hombre sometido al desgaste, a la fatiga, a la enfermedad y a la muerte.

La antropología de Santo Tomás hace tres afirmaciones básicas y definitivas sobre la corporeidad. 1) El cuerpo es de la esencia del hombre; 2) es constitutivo de la perfección humana, y 3) es al mismo tiempo principio de limitación e instrumento del alma.

En efecto el cuerpo humano no es una realidad aislada, una entidad completa, un ente entre los demás del mundo, no es un  cuerpo sin más. El Aquinate  se ocupa del cuerpo desde las más diversas perspectivas y lo considera como elemento esencial del hombre, el cuerpo humano tiene una nobleza que lo eleva por encima de todos demás cuerpos, es como el rey  de los cuerpos porque los supone a todos y los excede en su complejidad, organización y sobre todo por estar al servicio del alma.

Se considera que el cuerpo humano está estructurado de modo bien diferenciado al de los demás animales. A los demás animales la naturaleza les preparó el alimento, las pieles recubiertas de pelos, las defensas, como los dientes, cuernos añas, o al menos les dio velocidad para la huida, en cambio nada de eso se le ha dado al hombre preparado por la naturaleza, y en lugar de todo ello se le otorgó la razón, mediante la cual podría proveerse de todas estas cosas con la ayuda de las manos; pero un hombre solo no basta para preparar todo esto, y un hombre solo no es suficiente para poder bastarse en la vida.

De aquí procede que el hombre por naturaleza este llamado a vivir en la sociedad con otros muchos el cuerpo tiene gran importancia, las manos por los servicios que prestan al hombre. Las manos humanas son el precioso instrumento para que el hombre supere a los animales en la preparación del vestido, la comida, la casa y la defensa, el hombre es animal erecto, y en esto se distingue de los demás animales. La posición erecta se ha dado al hombre en razón de su misma finalidad.

La mano humana conserva y la aumenta, porque entra en lo más profundo de todos estos elementos en nuevo ser, el que los constituye en humanos. Es el rostro el indicador de la dignidad, de la santidad del hombre. Por ello nos preguntamos por la esencia de la corporeidad, que no se reduce al cuerpo, pero no se entiende sin la complexión corporal.

Llamamos cuerpo a lo que tiene cuantidad y por ello las tres dimensiones. “Es cuerpo lo que tiene la triple dimensión: largo, ancho y profundo”. La cuantidad es el primer accidente de los cuerpos, el que sigue a la materia, y de la cual es inseparable, el que hace que los cuerpos estén determinados a un lugar, tengan las partes fuera de las partes, sean divisible, tengan composición, etc.

El hombre es un cuerpo que tiene cuantidad en todos sus elementos y puede ser analizado y reducido a medida y cuantidad, a experimento, a prueba constatada en la experiencia objetiva, de modo científico. La corporeidad en su esencia viene dada al  cuerpo desde el alama. El alma humana es la forma del hombre. Por la cual el cuerpo es cuerpo.

Por último, la doctrina tomista de la corporeidad pone de relieve algunos aspectos esenciales que nuestra cultura actual ha puesto en la sombra. De momento podemos advertir los tres siguientes: la pertenencia del hombre al mundo físico de los cuerpos; la unidad inescindible de todo lo humano; la dignidad del cuerpo del hombre, son tres dimensiones, que por motivo diversos, nuestra cultura parece haber dejado de lado y que conviene rescatar.

Pero preguntémonos ¿Que manifiesta nuestro cuerpo?  el cuerpo es ante todo la dimensión física, orgánica o material de la persona. Mis manos, mis pies, mi corazón tienen una medida, un volumen, un perfil y un tamaño. Si me corto, sangro y si me doy un golpe, me duele el contacto brusco con la materia. El cuerpo es mi dimensión material y cuando muera desaparecerá. La dimensión orgánica del cuerpo es evidente y por eso no vale la pena insistir en ella. Lo que interesa es recalcar otro aspecto a primera vista: el cuerpo humano, aunque es orgánica y material no es un objeto físico o una cosa, sino la mediación psicofísica, o dicho de otra manera más radical, es una dimensión de la persona y, por eso posee una componente subjetiva y personal.

Existen dos puntos de vista:

Punto de vista negativo: es la imposibilidad de separarlo de la persona, puesto que en cuanto una parte del cuerpo se separa de la persona, deja de existir como tal cuerpo. Por ejemplo: “una mano cortada, no es una mano y un cuerpo muerto, no es un cuerpo humano”.

Punto de vista positivo: decimos que el hombre es un ser corporal, es decir que la existencia humana no es comprensible ni pensable sin el cuerpo. El cuerpo forma parte de mi ser, no es una materia externa que utilizo o un instrumento que empleo para los fines que me interesan.

El cuerpo soy yo, mis manos soy yo, mi cerebro soy yo, aunque yo soy más que mis manos, mi cerebro mis músculos. El cuerpo hablamos de que es mi dimensión orgánica subjetiva y espiritual.

El cuerpo humano, explica Ferrer (1977, 138) participa simultáneamente de la condición subjetiva y de la objetividad mundana, a través de él, el sujeto está inserto en el mundo y sometido a sus leyes y condicionamientos externos. Al impedirme ser totalmente transparente a mí mismo, me arroja sin cesar fuera de mi en la problemática del mundo y las luchas del hombre. Esta permanente de la corporalidad hace, por otro lado, que el hombre no sea ni auto transparente completamente opaco para sí mismo.

A partir de todo ello entonces, ¿El cuerpo es totalmente externo a la conciencia?, pues bien , el cuerpo no es externo al cuerpo, porque toma conciencia de sí precisamente a través del cuerpo; por eso siempre habrá de sombra en nuestra auto mirada ya que no podemos volvernos completamente sobre nosotros mismos.

Dicho esto la integración radica entre cuerpo y persona no solo se activa en el hombre adulto, sino en todas las etapas de la vida.

También el hombre se diferencia de los animales, en el tiempo que tarda en llegar a la edad adulta, aspecto que está relacionado con la no especialización. Los cuerpos de los animales son muy definidos, de modo que todo lo que pueden hacer y lo que no puede hacer esta ya determinado genéticamente.

Se puede destacar que existen unas estructuras corporales especiales, que solo son se le dan al hombre, y entre ellas destacamos:

Las manos: que en cierto sentido, se puede definir como la manifestación de la no especificidad porque sirve concretamente para nada, pero por su especular estructura, sirve para todo.

La estructura vocal: que permite al hombre emitir sonidos y palabras y crear los lenguajes.

Por ultimo vamos a considerar lo que hemos denominado dimensión antropológica del cuerpo y que podemos definir como la relación que establecemos con nuestro cuerpo y con el de los demás.

El rostro: en los rostros de los demás descubrimos su intimidad, su actitud ante nosotros, su estado de ánimo. Como lo afirma Marías: “La cara es el espejo del alma”, dice que a partir de cierta edad, el hombre es responsable de su rostro porque allí queda fija su alegría, su actitud, el cansancio de la vida, la desesperación o la esperanza.

Las miradas: porque en los ojos encontramos a la persona, podemos despreciar a una persona con nuestra mirada, o no mirarlo y reducirlo a la nada.

La belleza: es otra de las dimensiones esenciales del cuerpo. La belleza marca, en principio, para bien, pero no necesariamente si no se la sabe integrar armónicamente en el conjunto de la vida.

Las habilidades y capacidades físicas: influye en la vida de modo similar a la belleza, tener reflejos, fortalezas y habilidades proyectan a las personas por caminos únicos y privilegiados.

El vestido: nos vestimos para protegernos del medio ambiente  pero también para ocultar nuestra intimidad corporal y nos desvestimos también  para mostrar nuestra manera de ser, para seducir o para llamar la atención.

El contacto corporal: es importante porque nos pone en relación directa y profunda a las personas (una caricia, un beso) son particularmente profundas porque permiten acceder de una manera misteriosa a la intimidad del sujeto.

De modo previo, se hace necesaria una autorreflexión, una mirada sobre nosotros mismos, nuestras perspectivas acerca de nuestros cuerpos, de los estereotipos, ideologías y sueños que nos guían. Pensar de un modo crítico en las imágenes de cuerpos que presentan los anuncios publicitarios, películas, en las nuevas rutinas corporales y prácticas médicas de embellecimiento, en la moda, y de modo genérico, en todas las estéticas del cuerpo contemporáneo (el nuestro). Debemos estar alerta a los procesos contemporáneos que apuntan a que los cuerpos humanos también se vuelven culturalmente híbridos (también en las sociedades occidentales).

La relación entre el cuerpo y la persona, o entre el alma y la materia, ha estado sujeta a lo largo de la historia a muchas interpretaciones y no todas han sido correctas o equilibradas.

La modernidad nos obliga a establecer el camino que siguió el individualismo en la trama social y sus consecuencias sobre las representaciones del cuerpo. Pues esta estructura es una consecuencia de la ruptura de la solidaridad que mezcla la persona con la colectividad y con el cosmos a través de un tejido correspondiente en el que todo se sostiene.

La respuesta de la educación frente a nuestra realidad latinoamericana

Melani Ramírez Oscco
Alumna de Educación Inicial. Ciclo IX

“Ansiar es como la semilla que se debate en la tierra”, son palabras expresadas por Emily Dickinson, en nuestro contexto cultural latinoamericano. La semilla sería la esperanza, el deseo por germinar, y crecer cumpliendo con lo que le tocó realizar en la vida, dentro de la naturaleza que la contiene. (Walsh, 1995)

Al igual que una semilla, el pueblo latinoamericano, tiene ansias por salir de sí mismo, y convertirse en una entidad única que refleje armonía. Somos un pueblo diverso, conformado por pueblos que tiene un común deseo por re-descubrirse y amarse, dentro de nuestras diferencias; en ocasiones esto nos condiciona a sentirnos extraños con el resto del mundo, sin embargo, nos encontramos en una sociedad donde todo se comunica, y lo que es propio de un lugar, es trasladado, interpretado y modificado a la cultura del otro y así la idea originaria se transforma en cultura de otro lugar.

Para esto, es importante conocer nuestra realidad, partiendo de una identificación con nuestros pueblos originarios, reconocer cual es el punto de inicio, y cuál ha sido el camino recorrido, es que se puede aspirar a  comprender este designio.

Analizando nuestra historia y reconociendo en ella conflictos, rupturas y también grandes choques culturales que originaron nuevos descubrimientos y que de ellos nacieron tesoros invaluables a nivel cultural y social; podremos dirigirnos entonces, con paso seguro la tarea de realizar una autovaloración, la cual, será nuestro rol dentro de la realidad latinoamericana.

El ser humano es moldeable, la naturaleza humana puede modificarse y perfeccionarse.

El hombre es una unidad, cada parte de su cuerpo se comunica con el resto de su cuerpo, si una parte falla, el cuerpo enviará señales y esto deberá solucionarse formando anticuerpos o reaccionando de maneras diversas.

El hombre es imperfecto, es un ser que busca una trascendencia, por ello debe aprender a conocerse, dominar sus impulsos y tender a aquello que lo haga más humano.

¿Quiénes somos “nosotros” siendo tan distintos? Se pretende hablar de unidad, de pueblo latinoamericano, pero aún somos extraños dentro de un mismo territorio, al igual que un brazo que sabe que forma parte de una unidad corpórea pero nunca vio a su otro brazo, pero esto ha llevado un proceso, el reconocimiento de nuestra identidad cultural, quien ha sido el bueno o el malo de la historia, los invasores, los conquistadores, los indígenas, los inmigrantes, los nativos, etc. cada grupo ha sido denominado con un calificativo distinto, remarcando una vez más nuestras diferencias, pero esto debe ser derribado, pues cada integrante, cada calificativo, no es más que una imposición errónea, pues los conceptos han sido utilizados para manipular a ciertos grupos sociales.

Si se habla de conflicto, la palabra nos resuena negativa, y hasta nos produce desazón, pero el conflicto nace por la contraposición de dos ideas y como explica Marx en la lucha de clases o Hegel con la dialéctica, posterior al conflicto tenemos dos opciones acrecentar la brecha de diferencias o encontrar una solución al conflicto, haciendo que estas ideas provoquen algo nuevo, que no sea la negación de una de las ideas, sino que se logre un efecto unificador.

Así la palabra comunicación cobra sentido, porque si referimos el significado etimológico “comunicar” tendremos lo siguiente: Cum (juntos) munia (deberes, vínculos), pero también moenia (el muro) y munus (el don) por tanto, haber intercambiado un don y compartir intereses comunes (Núñez, 2009).

Ahora bien, comunicar es un evento que contiene confrontar en un clima de diálogo, un fenómeno que se genera para bien de todos, el conflicto se traduce a un hecho positivo cuando se comprende que el uno y el otro son iguales, poseen las mismas oportunidades para expresarse. De esta manera no existe superioridad entre uno y otro. Si pretendemos vivir en una sociedad justa, pues se debe comprender que tanto la opinión de un maestro, y la de un estudiante, son dignas de escuchar.

Actualmente se considera la palabra alumno para referirse a nuestros receptores educandos, sin saber que la palabra “alumno” deriva de a (sin) y lumno (sin luz), sepultando así toda idea previa que ellos tengan, si pretendemos ser significativos en la vida de los estudiantes, debemos considerar que cada persona es un don, el don, es un regalo,(Lubich,1949) algo nuevo que debemos conocer con alegría, pues nos dará continuamente gratas sorpresas, debemos proteger y comprender, pues también es una responsabilidad recibir un don.

Entonces, tenemos el don dentro de un clima de diálogo, se puede generar conflictos nuevamente, como agentes educadores, debemos promover situaciones que contribuyan al aumento de actitudes y conductas recíprocas, sin recompensas externas.

El error de muchos maestros, es condicionar a sus estudiantes al premio (Pavlov), en el condicionamiento clásico, y promover actitudes positivas, a un premio, fortaleciendo el amor por el reconocimiento y las galletas o dulces, antes que a la necesidad de aprender y del amor al prójimo.

La palabra prosocialidad nos da un significado distinto ya que promueve actitudes y conductas que benefician a otras y a su vez aumenta otras conductas recíprocas, es decir, es dialogo en espiral que crece, en beneficio de la comunidad, en cambio el altruismo, es una conducta que pone en actitud de superioridad a otra persona, uno de los agentes es el que crece, mientras el otro recibe y agradece.

El hombre es un ser prosocial por naturaleza, porque es un ser que vive en comunidad, dialoga y busca trascender, entonces, es un ser que deberá a aprender a mirar al vecino, como uno igual a él, capaz de desenvolverse con naturalidad.

“La educación bancaria aquella que es domesticadora, empuja a los hombres a integrarse al mundo e inhibiendo así su poder creador y de actuación” (INODEP, Madrid p.42)

Se refiere también a una concepción aplastante de que el educando siempre es el receptor, y el educador quien educa, disciplina, habla, indica, etc. entorpeciendo el criterio de los estudiantes, el miedo de muchos maestros es perder el control del aula, por ello, de manera sutil acomodan la clase a su ritmo, y olvidan que los estudiantes, mantienen un grito interno por salir, ante tal disyuntiva, Paulo Freire expresa lo siguiente:“los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo”.Esto implica también conflictos, discusiones, debates, pero luego diálogo, en este entorno comprensivo en el que el maestro se hace un agente problematizador; el estudiante comprende que debe sacar lo mejor de sí para ser un aporte grandioso en su sociedad, generando actitudes de reflexión y de práctica solidaria, pues no verá solamente lo que es bueno para él, sino, lo que será provechoso también para todo el aula, incluyendo al educador.

El educador obtendrá actitudes positivas, la escucha, el amor, la humildad y la coherencia, no sólo será una persona que imparta conocimientos, ahora se convertirá en un agente de cambio dentro de la sociedad.

A menudo, vemos la palabra voluntariado como una forma de ayuda al prójimo, pero exactamente que se obtiene de todo esto, es una pregunta que circula en mi mente, en la actualidad el 70% de jóvenes en Latinoamérica está involucrado en alguna actividad solidaria, estas estadísticas probablemente sean desconocidas, porque los medios de comunicación se esfuerzan en demostrar que la juventud es superficial y que no tiene aspiraciones de cambio, pues la realidad no es esa, la juventud, quiere un continente más justo y solidario, en ello se reflejan las estadísticas.

Ahora, todo lo que es solidario no es beneficioso a la comunidad, pues se debe tener en cuenta lo mencionado por Freire, el hombre aprenderá dentro de un contexto y con el intercambio que surja y el dialogo horizontal,  entonces tomando en cuenta las actividades solidarias y gracias al aporte de Freire, podemos comprender que compete a una actividad solidaria, deberá tener las siguientes características:

  • Inclusividad
  • Superación de los modelos asistencialistas
  • Superación de la mirada paternalista
  • Adecuación de los tiempos
  • Énfasis en el rol de los jóvenes como protagonistas
  • Una pedagogía de los derechos y de las responsabilidades

De manera que los conflictos nos conduzcan siempre a una solución común, fraterna y prosocial.

“Trabajar juntos por una causa común, ayudar a otros en forma organizada y efectiva, resistir como grupo o nación para defender los propios derechos, enfrentar desastres naturales o crisis económicas, y hacerlo de la mano con los otros” (Tapia, 2003:151)

Todo ello nos permite comprender que la labor educativa implica un acoger y donarse, una continua reciprocidad, en esa reciprocidad los conflictos se hacen presentes y nos ayudará a comprender siempre, la disposición que tengamos en aquella labor, todo esto es posible gracias a la sensibilidad humana, que se irá desenvolviendo, ¿qué nos impulsa a querer a nuestros alumnos?, a menudo nos persigue la idea de acumular riquezas y obtener comodidades, que si bien es cierto, nos proporciona seguridad y tranquilidad, pero esto no debe evitar que cada persona se deje sorprender con los pequeños detalles de la vida.

¿El alma puede estar separada del cuerpo?

Julianita María Cruz Ypanaqué
Alumna de Educación Primaria. Ciclo III

Hablar sobre la inmortalidad del alma, presupone uno de los pensamientos más estudiados dentro del campo de la filosofía,  encontramos preguntas frecuentes como ¿Hay vida después de la muerte? ¿El alma o el alma humana? ¿El cuerpo como materia y medio en que se desenvuelve el alma? , pues estas premisas se han desarrollado a largo de los siglos por los filósofos, como Aristóteles, Platón o Santo Tomas de Aquino, nosotros indagaremos si el alma puede estar separada del cuerpo basándonos en las conclusiones de estos filósofos.

Este es uno de los temas en que la ciencia, ni la filosofía no son capaces de responder y menos agotar. Según Platón el alma es fundamental para la vida, ya que el alma anima al cuerpo como potencial, entonces entenderíamos que de algún  modo el alma seria el acto que de alguna manera va actualizando a la potencia (cuerpo).

Para ahondar en el tema hablaremos de tres claves conceptuales de la noción de la inmortalidad del alma:

  • Idea de Vida: Según la Real Academia Española es la “actividad funcional de los seres orgánicos, indispensables para su conservación”, atribuyendo a lo que se dice de “orgánico” como aquello que se aplica al cuerpo apto para la vida. Aristóteles llamó vida al “hecho de que por sí mismo algo se nutre, crece y decrece”, al igual que se basa para atribuir a la vida lo que es a Dios como el acto de entendimiento como vida y aquel (referido a Dios) como el acto intelectivo.
  • Concepto de muerte: Remite a los conceptos de “defunción”, “óbito” “fallecimiento”, etc. Pues toda muerte es una extinción, mas no toda extinción es una muerte, la muerte implica o presupone la vida como aquello a lo que se opone; sin embargo, se determina el modo de oposición entre los conceptos de vida y de muerte, desde luego en los vivientes es vivir, y el vivir es ser, entonces cuando un cuerpo pierde la vida se queda sin su corporeidad, aunque continua siendo cuerpo ya no es mismo, si no otro, sin esencial de unidad.
  • Noción de inmortalidad: En cuanto a la inmortalidad del alma la tesis es la siguiente: El alma humana subsiste por sí, es incorruptible, es inmortal. El alma humana no sería inmortal si se agotara dando vida al cuerpo. Si descubrimos operaciones de algunas facultades del alma que no tienen ningún fin biológico, ello indicaría claramente que el alma es capaz de más, que no se agota vivificando el cuerpo. Ejemplo pensar, querer carece de fin biológico.

La inmaterialidad del alma humana se descubre por la inmaterialidad de sus facultades. Las potencias inmateriales del alma humana son la inteligencia y la voluntad. Cada una de ellas posee distintos y variados ACTOS U OPERACIONES que permiten conocer o querer, y cada uno de esos actos posee OBJETOS conocidos distintos, o tiende a realidades queridas distintas. Debemos, por  tanto, demostrar la inmaterialidad de los actos y de los objetos de la inteligencia y la voluntad, pues la espiritualidad del alma se demuestra por la espiritualidad de las facultades: la de éstas, por la inmaterialidad de sus respectivos actos, y la de éstos por la inmaterialidad de sus objetos.

Todo cuerpo natural viviente es sustancia en el sentido que está compuesto por materia y forma, entonces el cuerpo no podrá ser sin el alma, de ahí surge la definición aristotélica del alma “El alma es sustancia, en el sentido de forma, de un cuerpo natural que en potencia tiene vida. Ahora bien la sustancia que es forma es acto, por consiguiente el alma es el acto de un cuerpo de esa índole”.

Santo Tomas de Aquino trata esencialmente el tema del alma desde tres perspectivas:

  1.  Si el alma humana puede ser forma y sustancia individual; pues en el género de la sustancia el individuo no solo tiene el poder de subsistir por sí solo, si no el ser como algo completo de alguna especie.
  2. Si el ama está compuesta de materia y forma, Santo Tomas argumenta contra esta tesis “La forma que adviene a la materia constituye la especie. Por tanto, si el alma está compuesta de materia y forma, por la misma unión de la forma a la materia del alma se constituiría una especie en la naturales de las cosas”, de todo esto el alma es forma únicamente con unión con el cuerpo al que la vida no confiere, por el contrario la materia llega a ser componente de un cuerpo que tiene vida.
  3. Si en el hombre hay alma racional, sensitiva y vegetativa, pues Santo Tomas responde que el alma racional da al cuerpo humano lo que el alma sensitiva le da a la vida animal y a la vegetativa a las plantas; lo que en el hombre es vegetativa, sensitiva y racional.

Dentro del destino de la inmortalidad del alma, se entiende por muerte a la separación del cuerpo y del alma que de tal manera que aquel llegue a corromperse, mientras que esta es, por el contrario incorruptible, entonces la muerte se considera como exclusivamente del hombre.

Por lo que Santo Tomas atribuye en el concepto de muerte e indica que el alma se separa del cuerpo, pero no a una muerte en general, toma en cuenta la muerte de Cristo que fue conforme a una muerte común; sin embargo, fue distinta, ya que morimos como sujetos a la muere como necesidad natural o forzado como alguna violencia, sin embargo Cristo no murió por necesidad, si no por propia potestad y propia voluntad. Si podemos hablar de alguna inmortalidad atribuida de sentido no al alma, si no al hombre ya que está compuesto de alma y cuerpo; sin embargo, entrando a tallar lo que San Tomas de Aquino dice es que el no nombra lo que es la inmortalidad del alma, sino más bien habla del alma como indestructible, incorruptible.

Pues si el alma es en forma esencial incorruptible naturalmente le conviene estar separada de alguna manera al cuerpo y así consiste en no aniquilarse con la desaparición del sujeto, aunque separada de este se mantiene en su naturaleza operando.

Si hablamos de la relación que existe entre el cuerpo y el alma, cabe la analogía de que por un lado se habla del cerebro que trabaja y por otro lado una conciencia que siente, que piensa y que quiere, si hubiese una equivalencia cerebral entre lo cerebral y lo mental la experiencia del hombre diría lo contrario, pues el hombre va conociendo , de modo que su conciencia es la que le atribuye vida y después de la muerte es que el cuerpo sería capaz de descomponerse y esta razón carece de valor pues mata la conciencia respecto al cuerpo.

En tanto la argumentación filosófica, la antropología llega a señalar las facultades cognoscitivas del hombre, el intelecto y el sentido, por lo que el hombre al morir están dos facultades quedarían destruidas, entonces la desintegración del cuerpo se desorganiza como la facultad sensitiva que es capaz de entender al mundo mediante imágenes sensibles, las cuales son necesarias para la vida normal. Pero esta argumentación filosófica no está capacitada para negar que el alma tras la muerte pudiera captar y entender representaciones  por el influjo de la luz divina, como lo afirma Santo Tomas de Aquino.

Y por eso explica Santo Tomas que el alma se une al cuerpo para existir y obras conforme a su naturaleza.

Por un lado, el alma humana es separable al cuerpo y lo que es porque tiene una operación en la que no depende del cuerpo, tal separación no le conviene en su propia naturaleza, pues el alma como tal debe estar unido a la materia, lo que el alma racional se perfecciona por la unión con el cuerpo, efectivamente tiene una inclinación a toda la eternidad.

No afirmo que la energía que impulsa el aliento vital desaparezca al momento de la muerte, ya que es una ley natural que la energía no se destruye, sino que se transforma. De la misma manera, el cuerpo sin vida no se desvanece instantáneamente al momento de la muerte, sino que inicia un proceso de descomposición. Sólo que nuestros sentidos no nos permiten percibir en qué se convierte la energía del alma por ser ésta inmaterial.