Antropología del cuerpo en la sociedad actual

Yngry Maza López
Alumna de Educación Primaria. Ciclo VIII

Sin el cuerpo, que le proporciona un rostro, el hombre no existiría. La existencia del hombre es corporal, y el análisis social y cultural del que es objeto, las imágenes hablan sobre su espesor oculto, los valores que lo distinguen, nos hablan también de la persona y de las variaciones que su definición y sus modos de existencia tiene pero ¿cómo entender y valorar el cuerpo humano? cómo lo concibe la sociedad actual? Intentaremos responder las siguientes interrogantes en el presente artículo.

El hombre es cuerpo, y no hay hombre en plenitud donde no hay corporeidad. Se trata de un cuerpo verdadero, por el cual el hombre tiene afinidad con todos los cuerpos y con la modalidad que estos adquieren en el cosmos. Se trata de un cuerpo viviente que se desarrolla como cualquiera de los vivientes del mundo, recibe la vida como don, desarrolla sus procesos de desgaste, de corrupción y de muerte. El cuerpo no solo es elemento esencial, sino que es un componente que afecta a su perfección en todos los sentidos, en el del ser y en del obrar.

El hombre debe al cuerpo su relación con el mundo, que es el camino de su propia individuación y hasta sus distinciones raciales de su sexo, por la corporeidad está el hombre sometido al desgaste, a la fatiga, a la enfermedad y a la muerte.

La antropología de Santo Tomás hace tres afirmaciones básicas y definitivas sobre la corporeidad. 1) El cuerpo es de la esencia del hombre; 2) es constitutivo de la perfección humana, y 3) es al mismo tiempo principio de limitación e instrumento del alma.

En efecto el cuerpo humano no es una realidad aislada, una entidad completa, un ente entre los demás del mundo, no es un  cuerpo sin más. El Aquinate  se ocupa del cuerpo desde las más diversas perspectivas y lo considera como elemento esencial del hombre, el cuerpo humano tiene una nobleza que lo eleva por encima de todos demás cuerpos, es como el rey  de los cuerpos porque los supone a todos y los excede en su complejidad, organización y sobre todo por estar al servicio del alma.

Se considera que el cuerpo humano está estructurado de modo bien diferenciado al de los demás animales. A los demás animales la naturaleza les preparó el alimento, las pieles recubiertas de pelos, las defensas, como los dientes, cuernos añas, o al menos les dio velocidad para la huida, en cambio nada de eso se le ha dado al hombre preparado por la naturaleza, y en lugar de todo ello se le otorgó la razón, mediante la cual podría proveerse de todas estas cosas con la ayuda de las manos; pero un hombre solo no basta para preparar todo esto, y un hombre solo no es suficiente para poder bastarse en la vida.

De aquí procede que el hombre por naturaleza este llamado a vivir en la sociedad con otros muchos el cuerpo tiene gran importancia, las manos por los servicios que prestan al hombre. Las manos humanas son el precioso instrumento para que el hombre supere a los animales en la preparación del vestido, la comida, la casa y la defensa, el hombre es animal erecto, y en esto se distingue de los demás animales. La posición erecta se ha dado al hombre en razón de su misma finalidad.

La mano humana conserva y la aumenta, porque entra en lo más profundo de todos estos elementos en nuevo ser, el que los constituye en humanos. Es el rostro el indicador de la dignidad, de la santidad del hombre. Por ello nos preguntamos por la esencia de la corporeidad, que no se reduce al cuerpo, pero no se entiende sin la complexión corporal.

Llamamos cuerpo a lo que tiene cuantidad y por ello las tres dimensiones. “Es cuerpo lo que tiene la triple dimensión: largo, ancho y profundo”. La cuantidad es el primer accidente de los cuerpos, el que sigue a la materia, y de la cual es inseparable, el que hace que los cuerpos estén determinados a un lugar, tengan las partes fuera de las partes, sean divisible, tengan composición, etc.

El hombre es un cuerpo que tiene cuantidad en todos sus elementos y puede ser analizado y reducido a medida y cuantidad, a experimento, a prueba constatada en la experiencia objetiva, de modo científico. La corporeidad en su esencia viene dada al  cuerpo desde el alama. El alma humana es la forma del hombre. Por la cual el cuerpo es cuerpo.

Por último, la doctrina tomista de la corporeidad pone de relieve algunos aspectos esenciales que nuestra cultura actual ha puesto en la sombra. De momento podemos advertir los tres siguientes: la pertenencia del hombre al mundo físico de los cuerpos; la unidad inescindible de todo lo humano; la dignidad del cuerpo del hombre, son tres dimensiones, que por motivo diversos, nuestra cultura parece haber dejado de lado y que conviene rescatar.

Pero preguntémonos ¿Que manifiesta nuestro cuerpo?  el cuerpo es ante todo la dimensión física, orgánica o material de la persona. Mis manos, mis pies, mi corazón tienen una medida, un volumen, un perfil y un tamaño. Si me corto, sangro y si me doy un golpe, me duele el contacto brusco con la materia. El cuerpo es mi dimensión material y cuando muera desaparecerá. La dimensión orgánica del cuerpo es evidente y por eso no vale la pena insistir en ella. Lo que interesa es recalcar otro aspecto a primera vista: el cuerpo humano, aunque es orgánica y material no es un objeto físico o una cosa, sino la mediación psicofísica, o dicho de otra manera más radical, es una dimensión de la persona y, por eso posee una componente subjetiva y personal.

Existen dos puntos de vista:

Punto de vista negativo: es la imposibilidad de separarlo de la persona, puesto que en cuanto una parte del cuerpo se separa de la persona, deja de existir como tal cuerpo. Por ejemplo: “una mano cortada, no es una mano y un cuerpo muerto, no es un cuerpo humano”.

Punto de vista positivo: decimos que el hombre es un ser corporal, es decir que la existencia humana no es comprensible ni pensable sin el cuerpo. El cuerpo forma parte de mi ser, no es una materia externa que utilizo o un instrumento que empleo para los fines que me interesan.

El cuerpo soy yo, mis manos soy yo, mi cerebro soy yo, aunque yo soy más que mis manos, mi cerebro mis músculos. El cuerpo hablamos de que es mi dimensión orgánica subjetiva y espiritual.

El cuerpo humano, explica Ferrer (1977, 138) participa simultáneamente de la condición subjetiva y de la objetividad mundana, a través de él, el sujeto está inserto en el mundo y sometido a sus leyes y condicionamientos externos. Al impedirme ser totalmente transparente a mí mismo, me arroja sin cesar fuera de mi en la problemática del mundo y las luchas del hombre. Esta permanente de la corporalidad hace, por otro lado, que el hombre no sea ni auto transparente completamente opaco para sí mismo.

A partir de todo ello entonces, ¿El cuerpo es totalmente externo a la conciencia?, pues bien , el cuerpo no es externo al cuerpo, porque toma conciencia de sí precisamente a través del cuerpo; por eso siempre habrá de sombra en nuestra auto mirada ya que no podemos volvernos completamente sobre nosotros mismos.

Dicho esto la integración radica entre cuerpo y persona no solo se activa en el hombre adulto, sino en todas las etapas de la vida.

También el hombre se diferencia de los animales, en el tiempo que tarda en llegar a la edad adulta, aspecto que está relacionado con la no especialización. Los cuerpos de los animales son muy definidos, de modo que todo lo que pueden hacer y lo que no puede hacer esta ya determinado genéticamente.

Se puede destacar que existen unas estructuras corporales especiales, que solo son se le dan al hombre, y entre ellas destacamos:

Las manos: que en cierto sentido, se puede definir como la manifestación de la no especificidad porque sirve concretamente para nada, pero por su especular estructura, sirve para todo.

La estructura vocal: que permite al hombre emitir sonidos y palabras y crear los lenguajes.

Por ultimo vamos a considerar lo que hemos denominado dimensión antropológica del cuerpo y que podemos definir como la relación que establecemos con nuestro cuerpo y con el de los demás.

El rostro: en los rostros de los demás descubrimos su intimidad, su actitud ante nosotros, su estado de ánimo. Como lo afirma Marías: “La cara es el espejo del alma”, dice que a partir de cierta edad, el hombre es responsable de su rostro porque allí queda fija su alegría, su actitud, el cansancio de la vida, la desesperación o la esperanza.

Las miradas: porque en los ojos encontramos a la persona, podemos despreciar a una persona con nuestra mirada, o no mirarlo y reducirlo a la nada.

La belleza: es otra de las dimensiones esenciales del cuerpo. La belleza marca, en principio, para bien, pero no necesariamente si no se la sabe integrar armónicamente en el conjunto de la vida.

Las habilidades y capacidades físicas: influye en la vida de modo similar a la belleza, tener reflejos, fortalezas y habilidades proyectan a las personas por caminos únicos y privilegiados.

El vestido: nos vestimos para protegernos del medio ambiente  pero también para ocultar nuestra intimidad corporal y nos desvestimos también  para mostrar nuestra manera de ser, para seducir o para llamar la atención.

El contacto corporal: es importante porque nos pone en relación directa y profunda a las personas (una caricia, un beso) son particularmente profundas porque permiten acceder de una manera misteriosa a la intimidad del sujeto.

De modo previo, se hace necesaria una autorreflexión, una mirada sobre nosotros mismos, nuestras perspectivas acerca de nuestros cuerpos, de los estereotipos, ideologías y sueños que nos guían. Pensar de un modo crítico en las imágenes de cuerpos que presentan los anuncios publicitarios, películas, en las nuevas rutinas corporales y prácticas médicas de embellecimiento, en la moda, y de modo genérico, en todas las estéticas del cuerpo contemporáneo (el nuestro). Debemos estar alerta a los procesos contemporáneos que apuntan a que los cuerpos humanos también se vuelven culturalmente híbridos (también en las sociedades occidentales).

La relación entre el cuerpo y la persona, o entre el alma y la materia, ha estado sujeta a lo largo de la historia a muchas interpretaciones y no todas han sido correctas o equilibradas.

La modernidad nos obliga a establecer el camino que siguió el individualismo en la trama social y sus consecuencias sobre las representaciones del cuerpo. Pues esta estructura es una consecuencia de la ruptura de la solidaridad que mezcla la persona con la colectividad y con el cosmos a través de un tejido correspondiente en el que todo se sostiene.