Creando aulas emocionalmente seguras

Un nuevo enfoque sobre el manejo del salón de clase y el buen desarrollo de la comunicación y las relaciones humanas que debe haber dentro y fuera del aula.

Por Jaime Ancajima, el en El Tiempo .

El año pasado, gracias a una beca de la Regional English Language Office de la Embajada de Estados Unidos en Perú, participé en un curso sobre Classroom Management and Compassionate Communication, en Costa Rica. Junto a 15 profesores de otros países, experimentamos –en el Centro Espiral Mana– un nuevo enfoque sobre el manejo del salón de clase y el buen desarrollo de la comunicación y las relaciones humanas que debe haber dentro y fuera del aula.

Es importante comentar este tema, debido a que hoy tenemos muchos casos de violencia en la familia, en los colegios y en la sociedad en general. Por ello, mencionaré algunos temas sobre los cuales vale la pena reflexionar para mejorar las relaciones interpersonales, la cuales influyen directamente en el rendimiento escolar y la superación personal.

Partamos de un tema general: la Comunicación sin violencia – “Non Violent Communication” y el beneficio que esta tiene en el buen desarrollo de las clases, es importante pues brinda la seguridad emocional que los seres humanos, en este caso profesores y alumnos, necesitan para actuar con libertad y responsabilidad.

Luego, lo primero a considerar es: ¿Qué necesitan y desean los profesores de sus alumnos y estos de sus profesores? Los primeros requieren que los estudiantes tomen mayor responsabilidad en su aprendizaje y comportamiento; los segundos quieren ser escuchados, que sus ideas se respeten y que se consideren sus necesidades.

Después, debemos analizar las relaciones entre el profesor y los alumnos en el aula. La primera relación es la del profesor consigo mismo: ¿Qué piensa de su trabajo y de su contribución?, ¿goza o disfruta haciendo lo que hace?, ¿con qué frecuencia lo hace?, ¿pide y recibe ayuda de sus colegas?

La segunda, es la relación profesor-alumno: ¿Cuál es la intención del profesor?, ¿cómo ve a sus alumnos?, ¿percibe los talentos de sus estudiantes?, ¿cuál es su lenguaje corporal?, ¿con qué frecuencia escucha y habla?, ¿qué hace cuando un alumno dice NO?

Una tercera relación es la que hay de alumno-alumno: ¿Comparten sus talentos?, ¿comunican sus sentimientos y necesidades?, ¿piden o demandan cosas?, ¿participan en la toma de decisiones en clase?, ¿hasta qué punto aprenden juntos o uno del otro?, tienen fórums para expresarse y escucharse?

La última relación que conviene analizar es la del alumno con su propio aprendizaje: ¿Los alumnos conocen sus propios intereses, talentos y estilos de aprendizaje?, ¿están involucrados activamente en el establecimiento de los objetivos y la evaluación de este?, ¿cómo reaccionan ante sus errores y fallas?, ¿Conectan lo aprendido con el currículo?, ¿qué recursos hay en el salón y qué tan accesibles son para ellos?

El analizar y considerar estas cuatro relaciones permitirá que el profesor atienda su lado humano y tenga una aceptación profunda de su vida; además, comunica cómo ve a sus alumnos y qué logros cree que puedan alcanzar. En cuanto a los alumnos, aprenderán una nueva forma de expresarse, escuchar a otros y a trabajar independientemente. Asimismo, tomarán conciencia de su propio proceso de aprendizaje para lograr mayor confianza en sí mismos y convertirse en  aprendices de toda la vida.

Lo mencionado puede parecer difícil de hacer y de lograr, pero la educación emocionalmente segura de nuestros alumnos lo vale; así tendremos mejores personas, más independientes y seguras de las decisiones tomadas en sus vidas.

Próximamente


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