Ana Barquero: “En educación inclusiva no basta con solo concientizar”

Para la especialista costarricense, quien dictó un seminario sobre inclusión educativa y otro de psicomotricidad, la equiparación de oportunidades para personas con condiciones especiales es muy importante para su desarrollo pleno.

PorelKoko Zavala, en el suplemento Semana. Diario El Tiempo..

La magíster Ana Barquero estuvo en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UDEP (Campus Piura). En esta entrevista, explica que si bien se ha avanzado bastante en cuanto a inclusión educativa, en América Latina y Europa, aún es mucho menos de lo que se necesita. Indica que la línea ha sido siempre venir de menos a más. “El desarrollo de la neurociencia nos ha permitido concientizar qué tipo de procesos podemos utilizar desde la Pedagogía, desde las ciencias físicas, para ofrecer mejores oportunidades a todos los niños, a todas las personas. Esta conciencia, que nos permite precisamente el conocimiento de la persona, ha ido poco a poco cerrando algunas brechas”, expresa.

Pero, usted dice que aún falta, ¿qué se debe hacer para avanzar más?
Tenemos que pasar de la sensibilización a la concientización. Porque, sensibilizar es como decir qué bonito, ¡pobrecitos! Así, promovemos el sentimiento de lástima y es lo último que buscamos. Sin embargo, quien concientiza, sabe que es un derecho humano y que el valor de la persona no lo podemos medir en función determinista o como si fuese un objeto. Sabe que en toda la sociedad e instancias (no sólo en las escuelas, universidades y la familia) que la conforman están obligadas a brindar a las personas que tengan una condición especial, sea cual sea, todas las oportunidades para que exista, no una igualdad porque todos somos diferentes, una equiparación de oportunidades para desarrollarse plenamente.

¿La educación especial forma parte de esta inclusión?
Sí, porque los especialistas en esta área desarrollan toda su carrera como un eje transversal sobre cómo desarrollar desde la epistemología, una enseñanza óptima para las personas con condiciones especiales.  Ahora bien, no es cierto que sean los llamados a sacarla adelante o los únicos responsables o que, si no existen educadores en educación especial, el resto no podría realizar este proceso. Hay que hacer énfasis en que eso requiere desarrollar un proceso multidisciplinar, que trabaje inter y transdisciplinariamente., algo que todavía nos cuesta mucho entender, porque pensamos como especialidades. Y, si trabajamos en especialidades, vamos como desmembrando el potencial de un ser humano y perdemos de vista esa unicidad e integralidad de cada uno.

Dentro de este proceso, las escuelas se han ido abriendo para alumnos con capacidades diferentes, ¿los profesores de educación básica están listos para afrontar este reto?
Permítame una aclaración. Generalmente, en la educación inclusiva tratamos de no asociar a los chicos con una condición especial a los términos ‘capacidades diferentes’, porque al hacerlo, retrocedemos, valorando a las personas según su condición. La idea es no hablar de capacidades en función de posibilidad cognitiva o de movilidad, pues esas son las características propias de cada ser humano.

Ahora bien, desde mi óptica, el maestro regular es la persona idónea para atender la educación inclusiva. Evidentemente, debe haber sido formado con un mínimo de conocimientos en el ámbito del desarrollo humano, de la dificultad, la discapacidad y los planos específicos del aprendizaje, para que cuando acoja a estos chicos, lo que les ofrezca sea óptimo, eficiente y oportuno, tres palabras que siempre debe tomar en cuenta.

Con todo esto, ¿cuáles son los retos que le toca afrontar un sistema educativo como el peruano?
Lo primero es volver a la base, al objetivo del sistema educativo. Hemos caído en unas líneas de academicismo, de eficiencia educativa, de competitividad que nos hace perder el norte (para qué y porqué educamos), el fin último de la educación. Hemos visto mucho cómo en las universidades se ha ido perdiendo el objetivo de sentar unas bases de antropología, de filosofía que sustenten las ciencias prácticas, si no lo hacemos, corremos el riesgo de determinar el ser humano, de reducirlo.

¿Qué papel cumple la tecnología en la superación de estos retos educativos?
Justamente, el segundo reto es la actualización. Hoy, las ciencias cognitivas y los avances en neurociencia nos hacen repensar las formas de enseñanza y hace que el docente tenga una característica que antes no se valoraba tanto: la flexibilidad. Solamente cuando eres flexible, dinámico puedes generar unos cambios que la vida actual nos permite, requiere y nos convoca.

El otro gran punto que nos hace perder el norte, al que le tengo mucho miedo, es cuando se ve a la educación como un negocio. Esta es una línea que se nos ha ido metiendo en todo el mundo. Cualquiera podría montar una escuela puede iniciar un colegio entonces, cuando el objetivo es ganar con esta actividad, se desvirtúa el fin y el proceso por el cual se educa. Pienso que uno de los grandes retos que tenemos en educación es volver a una base de qué, por qué y para qué.

¿Cómo controlar el tema de la educación como negocio?
El Estado como un ente jerárquico es el que debe velar porque el sistema educativo sea de calidad y responda a las necesidades del país no a cualquiera que se le ocurre, eso es muy importante. Además, los que estamos en esto, cada uno, debemos ser promotores y vigilantes delo que ocurra en cada docente e institución. Si vemos que ese colegio no tiene una calidad adecuada, no vela por el bien mayor del menor, estamos llamados a generar un cambio. Si todos hacemos lo mismo, generar el cambio no será tan complejo.

¿Cómo ve la situación educativa del Perú?
En realidad, conozco poco. En los cursos en los que he conversado con los alumnos que han venido de diferentes lugares, hay varias cosas me han llamado la atención: uno es que el nivel de inclusión es un tema básicamente nuevo, cuando esto ya lleva décadas de estudio en otros países; en realidad ya es un tema bastante transitado. Veo que, por ejemplo, eso requiere de una estructuración interna, inclusive dentro del mismo Ministerio de Educación tienen que haber unos consejos que dirijan, que emitan criterios y normas de cómo se va hacer.

Otro aspecto que me llama la atención, son algunas diferencias que hay entre escuela pública y privada, una brecha en cuanto a calidad y oferta académica. Esto para mí es extraño, porque vengo de un país donde los 10 mejores lugares de rendimiento en los últimos 15 años, más o menos, son instituciones públicas: los colegios científicos. Algunos están en el centro de San José, en la capital, pero muchísimos otros están en zonas alejadas donde los alumnos son absolutamente pobres, que vienen de unas condiciones muy difíciles: estudian con velas, sus casas no tienen electricidad; sin embargo, están mejor preparados que el que más paga en la capital.


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