Respetemos a nuestros hijos y sus sueños

PorelJaime Ancajima, en Diario El Tiempo.

“¿De qué nos sirve un niño que sabe decirnos cómo se llaman las lunas de Saturno, si no sabe cómo manejar su tristeza o su rabia? Eduquemos niños sabios en emociones, niños llenos de sueños y no de miedos”.

La escritora y psicóloga Valeria Sabater, en su artículo “Trata a tus hijos con cuidado: están hechos de sueños”, explica la importancia de respetar el ritmo de la infancia y la manera de sentir, ver y pensar de nuestros hijos, sin pretender sustituirlos por los nuestros: ellos jamás serán copias de nosotros. Los niños están hechos de sueños, de esperanzas y de ilusiones que construyen en sus mentes libres y privilegiadas.

Actualmente, debido a un entorno cada vez más competitivo y cambiante, los padres tratan de desarrollar –ansiosa y rápidamente– las competencias de sus hijos y estimularlos cognitivamente desde el vientre materno, haciendo que, a los 5 o 6 años, ya estén estresados.

La psicóloga Sabater sostiene que, si bien es cierto necesitamos criar personas capaces de adaptarse a las exigencias del mundo moderno, también hace falta que los niños vivan y desarrollen su infancia completa y ampliamente. Con toda esta carrera, se genera niños frustrados, estresados, que solo tratan de ajustarse a las expectativas paternales. No debemos empeñarnos en llenar su tiempo con objetivos que cumplir y competencias que asumir. Dándoles obligaciones de adultos, cuando aún son solo niños, les estamos haciendo perder su linda infancia.

La psicóloga recomienda también dar a nuestros hijos una “crianza respetuosa”, aquella que respete sus tiempos, sus afectos y sus sueños. Esto significa que, en vez de elegir la “aceleración”, optemos por facilitar “primeras aproximaciones”, como por ejemplo: acercar los libros a los niños de 3 a 5 años sin obligarles a leer o a iniciar el aprendizaje.

Seamos facilitadores del aprendizaje de nuestros hijos, alimentemos su curiosidad, respetemos sus ritmos evolutivos y sus necesidades básicas de jugar y descubrir el mundo; y, lo más importante, amémoslos, guiémoslos, y seamos su ejemplo, facilitando su madurez sin presiones.

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