Dra. Sandra Varela Londoño

“Todos somos garantes y corresponsables en la educación de los niños”

La especialista de la Universidad de La Sabana, docente del Doctorado de Educación, recordó que familia y escuela son esenciales en la formación del estudiante ya que se complementan, no se sustituyen.

Por Tania Elías.

La doctora Sandra Varela Londoño estuvo en Campus Piura y conversó con los docentes sobre los problemas que afectan a la educación, desde la relación que se establece entre la comunidad educativa y los padres de familia.

La docente de la Universidad de La Sabana también se refirió a los retos del profesor en estos momentos, sobre todo cuando se habla de problemas estructurales como: la falta de ética, la corrupción, la deshonestidad, entre otros.

En la actualidad, ¿cómo se entiende esta relación Familia – Escuela?
Hay muchos factores que la afectan, pero en general, hay un tema que preocupa y es que la familia delega la responsabilidad de formación en la escuela y la escuela en la familia. En ese pimponeo de a quién le corresponde qué, el perjudicado es el niño o adolescente que no recibe la educación, ni de una institución como la familia ni de una institución social como la escuela.

¿Qué nos ha llevado a esta situación?
Las sociedades vienen cambiando y a medida que esto sucede, los roles que ocupan los miembros, tanto de la familia como de la escuela, empiezan a ser delegados sin esa conciencia de que todos somos corresponsables y garantes de los derechos y deberes de los niños. El hecho mismo que la mujer haya salido del hogar a trabajar, que sea madre y cabeza del hogar, que ocupe otras funciones en la sociedad, es una de las causas por las que ha tenido que delegar esa educación y crianza de sus hijos; por otro lado, la escuela se ha encargado de la formación en contenidos y no de la formación integral u holística de la persona. Cuando esas miradas cambian, tenemos las sociedades que tenemos.

En este panorama, los padres exigen y los maestros muchas veces ceden.
El maestro debe ser un dinamizador y propiciar mecanismos, es un agente de cambio frente a esas dinámicas familiares. Es un líder social y debe recuperar la credibilidad y acercarse en un plano más humano a la familia, entender sus necesidades y comprender las capacidades y buenas prácticas para potenciarlas y reducir las brechas entre familia y escuela. Es una tarea del maestro que tiene la formación profesional y la capacidad para entender más el fenómeno de que una familia lo único que necesita es suplir necesidades básicas.

¿Cómo puede acercarse el maestro a la familia, cuando los retos del sistema educativo le ponen metas que no incluyen la afectividad?
El sistema educativo de nuestros países está llevando a que la labor educativa se centre en contenidos, en pruebas, evaluaciones estandarizadas, pero el maestro debe educar más allá de esto, por ejemplo tener en cuenta la parte emocional. Es un sistema bastante perverso que lleva a que caigamos en formatos, logros, metas que cumplir, pero no hay que perder la trascendencia y el servicio que, por ende, la vocación tiene: orientar, formar y, sobre todo, ayudar a crecer.

¿Qué rol tiene el padre y qué rol el maestro?
El padre tiene una labor preponderante en la educación, sobre todo la educación familiar que ofrece a su hijo. Por muy buen maestro que sea uno, nunca puede llegar a esos aspectos básicos que papá y mamá trabajan con el niño, en ese círculo íntimo, desde los primeros años de vida. Junto al docente, deben cerrar las brechas que podrían dividir escuela y familia, para trabajar de manera conjunta. Es importante que reconozcan esos aspectos que no son excluyentes sino complementarios, uno por ser la célula básica y el círculo íntimo del desarrollo, que de manera no intencionada ayuda a crecer, y la escuela -de manera más intencionada- mucho más institucionalizada con los fines y objetivos para el educando.

Hoy que se habla de la mentalidad de crecimiento en la escuela, ¿cómo apoyarla desde casa?
Siempre hay que plantearnos, tanto padres como maestros, descubrir los dones y talentos de nuestros niños para llevarlas a un proyecto de vida feliz, desde la libertad y la plenitud. Familia y escuela están llamadas a potenciar esas virtudes, valores, dones para lograr que el niño sea un ser humano integral, no solamente inteligente, brillante a nivel académico sino comprometido como persona con el desarrollo de nuestras regiones.

Hay un gran compromiso del maestro, entonces…
Cuando uno como maestro le encuentra sentido y ve la importancia que tiene la educación para el futuro, tiene que pensarse las cosas, que está cambiando vidas, que tiene un potencial enorme y que de uno depende que estas personas que tiene al frente hagan historias y logren cambios profundos, tanto en sus vidas como en sus familias, y en la sociedad. Es como una bola de nieve, en la medida en que yo llevo esto a mi casa, cambio mi mundo pequeño, esto se va irradiando hasta que realmente las sociedades tienen cambios significativos y profundos: las políticas cambiarían, dejaríamos de tener menos dirigentes y políticos corruptos y tendríamos personas más éticas y con mayor compromiso humano y social.


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