Artículo de Opinión

Gestionando nuestro mundo emocional

Hoy día, mucha gente tiene la necesidad de encontrar su equilibrio emocional y el no logarlo lleva a la ansiedad, depresión, estrés y hasta a las ganas de no seguir viviendo.

Por Jaime Ancajima, el en Diario El Tiempo .

Fuente: PexelsLas emociones juegan un papel súper importante en nuestras acciones. Debemos aprender a encaminarlas y usarlas a nuestro favor. La psicóloga española Ciara Molina, en su libro “Expresiones expresadas, emociones superadas”, nos ofrece una guía para lograr el equilibrio psicológico a través de la gestión de nuestras emociones.

Ciara nos dice que vivimos en una sociedad donde ser uno mismo, entenderse y valorarse, para poder relacionarse saludablemente con los demás, se ha convertido casi en una utopía. Hoy día, mucha gente tiene la necesidad de encontrar su equilibrio emocional y el no logarlo lleva a la ansiedad, depresión, estrés y hasta a las ganas de no seguir viviendo.

Molina nos hace ver que hace ya algunos años se viene observando un incremento de enfermedades o trastornos asociados a la mala gestión emocional. Por esa razón, nos recomienda aprender a prevenirlas identificando cómo nos sentimos para conseguir manejar la fatiga emocional y alcanzar el equilibrio deseado. Al pensar, nos emocionamos y actuamos. Si pensamos en positivo, sentiremos en positivo y actuaremos en positivo; lo mismo sucederá en el caso contrario.

Al analizar nuestra educación, nos daremos cuenta de que está centrada mayormente en lo curricular y competitivo, dejando de lado lo emocional. Las emociones siempre han estado reprimidas y mucho más en una sociedad machista como la nuestra.

Ciara nos aconseja aprender a conocernos a nosotros mismos desde la parte que nos fue negada, la emocional. La única manera de trabajar las emociones es desde el momento presente, ya que padecemos un pasado que no podemos cambiar, o nos angustiamos por un futuro que nos es incierto, así, veremos cómo al centrarnos en el hoy favoreceremos la descarga de tensión emocional, recuperando así la paz interior.

Finalmente, sostiene que nuestra actitud es determinante en nuestro estado de ánimo pues dependiendo de cómo afronte las situaciones que la vida me plantea, mi pensamiento, mi emoción y mi acción se verán condicionados de una u otra forma. Toda actitud está asociada a una voluntad de cambio, pero la voluntad se queda en nada si no la acompañamos de acción. No debemos quedarnos en la llamada zona de confort ya que necesitamos adaptarnos al cambio para poder sobrevivir.

Pensemos: «Quiero, puedo y me lo merezco», expresémonos emocionalmente y esto hará que el cuerpo no acuse todas las tensiones reprimidas y enferme. Llenémonos de positividad y trabajemos las bondades de la risa, los abrazos, las lágrimas, el perdón y el positivismo.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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