¿Chicote para el candidato o para el elector?

Por Nelly María Trelles Castro. *

La idiosincrasia de nuestro país se caracteriza por que no hay semana que no ocurra algún hecho de índole político, deportivo, de corrupción o farandulero que llame la atención de los peruanos y nos sirva como tema de conversación.

En la semana que pasó, una palabra captó nuestro interés y no se perdía oportunidad para usarla. El domingo 13 los llamados candidatos “grandes” y “chicos” expusieron sobre lo que harían o no en su gobierno, si salieran elegidos. Al finalizar la presentación, uno de candidatos “chicos” sacó un “chicote” para -según él- castigar a la mayoría de sus contrincantes, explicando, además, que la orden de “chicotear” a sus adversarios, le había sido dada por los ronderos. La nota graciosa la puso el moderador cuando acotó que el “chicote” lo usarían con él (el candidato que exhibió el objeto) por no respetar el tiempo previsto para las respuestas.

Ante la rápida propagación del término entre los hablantes, que lo han empezado a usar a partir de este hecho, me interesó saber un poco más de este vocablo. Así, en el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de J. Corominas y J. A. Pascual aparece “chicote” con los significados de ‘colilla, punta de cigarro‘; ‘cabo o punta de cuerda en un navío o pedazo separado de la cuerda‘; en América, ‘látigo, azote‘.

Esta última acepción, de uso general en América y en el portugués del Nuevo y del Viejo Mundo, al parecer, nunca se ha usado en España. Rodolfo Lenz, de Chile, creyó que el vocablo provenía del nahualt (lengua indígena de México y Centroamérica): “sikotli”, que significa ‘abeja‘. Sin embargo, Corominas y Pascual refutan dicho origen por dos motivos: el primero, que siendo un nahuatlismo difícilmente pudo propagarse hasta Argentina, por un lado, y hasta Portugal y al Cantábrico, por otro. El segundo, de tipo semántico, es que no parece muy adecuada la comparación rebuscada entre “el azote que hiere” (cuando se dan latigazos) “con el insecto que pica”.

El léxico del español de América contiene marinerismos, es decir, palabras utilizadas por los españoles para referirse a realidades que estaban relacionadas con el mar, pero que se adaptaron a otras realidades, por analogía. Por este motivo, resulta más adecuado considerar que “chicote” viene del francés ‘chicot‘ relacionado con la segunda acepción del Diccionario etimológico: “El paso de ‘pedazo de cuerda‘ a ‘látigo‘ nos coloca -afirman Corominas y Pascual- en un terreno frecuentísimo: el de los americanismos de origen náutico”.

Del mismo modo, Martha Hildebrandt en su Diccionario de peruanismos refiere que “chicote” se usa en el Perú y el resto de Hispanoamérica con el significado de ‘azote, látigo‘ y se documenta desde fines del siglo XVIII en Alonso Carrió de la Vandera (Concolorcorvo). Al igual que Corominas y Pascual la considera una palabra de origen francés ‘chicot‘: “especialmente del léxico marinero español, usado para referirse a un ‘pedazo de cuerda‘.

Por su parte, el Diccionario de Americanismos (2010), de las Academias de la Lengua Española, incluye “chicote” (la considera de origen nahua ‘xicotli‘ >‘jicote> abeja, sin dar mayor explicación) y todos sus derivados: “chicotazo” (golpe dado con un chicote, látigo largo y delgado…), “chicoteada” (con el mismo significado), también aparece el verbo “chicotear” (dar chicotazos a alguien).

Ojalá que en estas elecciones que se aproximan no tengamos que usar chicote ni dar chicotazos a nadie: ni al candidato ganador ni a ninguno de nosotros, los electores, que habremos sabido elegir con inteligencia, prudencia y sentido común, pensando en el bien de todos los peruanos.

 

Docente. Facultad de Humanidades. Universidad de Piura. Artículo publicado en el diario Correo, edición región Piura, domingo 20 de marzo de 2011.