Meta fiscal estructural: ¿es urgente?

Por Juan José Marthans

Perú necesita con urgencia disponer de resultados con metas estructurales en su frente fiscal, es decir, requiere un ordenamiento del gasto público en función de sus ingresos que no estén ligados a eventos que no son sostenibles. Aquellos que resultan de elementos excepcionales como los precios de los minerales extraordinariamente altos, deben alimentar un necesario ahorro a ser empleado, por ejemplo, en los tramos depresivos del ciclo económico.

Economías seriamente conducidas en materia fiscal determinan en su ámbito fiscal una meta estructural con un superávit de 1% del PBI. Solo sobre la base de ingresos fiscales permanentes y previsibles estimados se determinan los gastos, y la diferencia de estos debe producir el saldo superavitario.

En Perú, desafortunadamente, la meta es nominal, no estructural. La meta es deficitaria, no superavitaria. Es decir, no discrimina a los ingresos fiscales permanentes de aquellos que resultarían volátiles y poco sostenible en el mediano y largo plazos. Esto genera serios inconvenientes, mencionemos algunos de ellos:

Primero, al no disponer de metas fiscales estructurales se generan superávits que pueden estar acompañados, sin problema alguno, de un crecimiento inusitado del gasto público. Se genera el espejismo de la prudencia fiscal, cuando realmente no la hay.

Segundo, acentúa las posibilidades de sobrecalentamiento de nuestra economía y, por ende, los logros en materia de empleo, lucha contra la pobreza, ganancia de RIN, exportaciones y recaudación pueden revertirse fácilmente, cuando se transite la corrección al sobrecalentamiento y/o el tramo depresivo del ciclo.

Tercero, posterga la urgencia de ampliar la base tributaria y de optimizar el gasto público. Perú ha recaudado cifras no esperadas de impuesto a la renta empresarial ligado – en gran parte – al impacto del incremento de los precios de los commodities mineros, de alrededor del equivalente anual a 3 puntos porcentuales de nuestro PBI. Esta bonanza ha reducido la prioridad orientada a incorporar a nuevos contribuyentes.

Cuarto, la falta de una meta estructural deja en manos del frente político la decisión de ahorrar o no recursos excedentarios. Si se ha ahorrado algo exiguo en Perú, seamos sinceros, es porque la misma ineficiencia del aparato público no permite acelerar aún más la expansión del gasto. Los parámetros para ahorrar técnica y transparentemente recursos en el fisco no están aún claramente delimitados.

Quinto, la volatilidad de la tasa de interés y del tipo de cambio se tiende a acentuar en la medida que el Estado no dispone de recursos suficientes cuando la meta es nominal. La misma deuda no puede ser apropiadamente reperfilada. Chile, por ejemplo, que sí dispone de metas estructurales, ha logrado reducirla a casi un equivalente del 3% de su PBI; en Perú nos vanagloriamos de tenerla por encima de 20%. La calificación de nuestra deuda soberana no mejorará mucho más en tales condiciones.

Sexto, la posibilidad de disponer de recursos en el mediano plazo para enfrentar autónomamente el impacto no deseado de desastres naturales tiende a reducirse. En la última década, al no disponer de metas estructurales, hemos ahorrado solo la cuarta parte de los vecinos que sí se manejan con seriedad en el ambiente fiscal. Esto generaría una acelerada propensión al endeudamiento externo en condiciones adversas.

Séptimo, se limita la posibilidad de financiar orgánicamente objetivos sociales del ámbito previsional público o privado. Por ejemplo, no solo no disponemos de un pilar solidario en nuestro sistema privado de pensiones, sino que, de tenerlo, el Estado no tendría recursos estructural e inteligentemente logrados para financiar tales necesidades.

En todo este marco de limitaciones, no faltará un nuevo irresponsable que haga un llamado a la no implementación de metas fiscales dada la inmensa necesidad de gastar hoy para cubrir entendibles demandas sociales. El secreto acá está en saber administrar escasez. No es tarde como para que la nueva administración cambie la historia y se aprueben las modificatorias urgentes y necesarias a la Ley de Prudencia y Transparencia Fiscal y a la actual Ley de creación del Fondo de Estabilidad Fiscal. Solo necesitamos un ministro de Economía serio en Jr. Ica y un estadista en Palacio.

Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.

Artículo publicado en el diario Gestión, jueves 30 de junio de 2011.