¿Y ahora qué haremos los empresarios?

Por José Ricardo Stok Capella.

Me comentaba un amigo la pregunta de un preocupado empresario ante el resultado de las elecciones: Y ahora, ¿qué vamos a hacer?

Efectivamente, es importante saber qué hacer, pero también qué se ha hecho.

El desarrollo y crecimiento económico del Perú es innegable y, sin duda, se debe a la aplicación de un sistema económico tal y como lo establece la Constitución Política del año 1993 en su artículo 58: La iniciativa privada es libre. Se ejerce en una economía social de mercado. Bajo este régimen, el Estado orienta el desarrollo del país, y actúa principalmente en las áreas de promoción de empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura.

Con frecuencia, quienes leemos Gestión encontramos cada día muchos motivos de esperanza en el futuro, cuando vemos el volumen creciente de las exportaciones no tradicionales, por el esfuerzo de innovación, de introducción de nuevos productos en nuevos mercados; cuando leemos el constante y sólido repunte de la industria nacional, por la alta repercusión que tiene como base sólida para no depender solo de nuestros minerales, fortalecer la transformación, agregar valor, emplear más mano de obra. Y es evidente, porque se ve, cada día, el auge de la construcción, la apertura de centros comerciales en zonas cada vez más periféricas.

Qué duda cabe que el país ha crecido y está creciendo y que hay más trabajo y más posibilidades para muchos. Sin embargo, es evidente que todavía hay mucha gente que no tiene oportunidades, que viven con magros ingresos, que la pobreza aún campea. Y lo que es más penoso es que las mejoras en la economía del país siguen estando en pocas manos.

¿Es acaso un fracaso de la economía social de mercado? ¿O resulta que no es tan social como debería serlo? ¿Hay que cambiar el modelo?

¡No! Decididamente, no hay que cambiar el modelo. Lo que hay que entender, en primer lugar, es que la economía de mercado, como ciencia, tiene un componente técnico que funciona impecablemente, y a él se le debe el crecimiento y la mejora económica de la que nos enorgullecemos. Pero también, como toda ciencia social, tiene un componente humano, y este es el que falla, al no estar atento a las necesidades de los demás. No se puede pedir a la economía de mercado que resuelva los problemas de distribución, ni redefina las prioridades ni combata las injusticias. Precisamente allí debe estar la acción del empresario, atento a las necesidades de los que lo rodean, realmente ocupado en lograr que las mejoras que él recibe también beneficien a quienes están en su entorno inmediato.

No hay que cambiar el modelo, hay que cambiar la sensibilidad de muchos empresarios para que perciban las necesidades ajenas y encuentren con su connatural imaginación, creatividad y empuje, maneras de ayudar a quienes los rodean. No es solo cuestión de pagar más, aunque sin duda es un eficaz primer paso. Es necesario revisar las condiciones de trabajo para que no atenten contra la vida familiar; que no haya exigencias que sólo busquen resultados y no se fijen en los esfuerzos puestos; que no se impongan condiciones que obliguen a actitudes poco nobles.

¡El empresario debe aprender a defenderse… de sí mismo! De su afán desmedido de riqueza, de su ambición de poder, de su miope mirada centrada en su mundo, actuando de espaldas a los demás.

¿Qué vamos a hacer los empresarios? Varias cosas, pero sobre todo no asustarse. En primer lugar, hacer más y mejor que antes. Esto supone tener conciencia de que muchas cosas importantes se han hecho a medias o se han obviado. Si es sincero, este es un sólido punto de partida. Segundo, saber que si no se toma esta actitud como un serio compromiso, otros lo harán avasallando sus competencias, y seguramente, mucho peor. Y en tercer lugar, tener una gran confianza en el país y su gente, para apostar con generosidad y grandeza por un mayor desarrollo.

Todo esto es un programa que exige decisiones claras y valientes, y una oportuna y precisa implementación. En muchos empresarios estará la certeza de haber atendido con responsabilidad estas exigencias sociales; pero en muchos más es una tarea pendiente, que no puede soslayarse.

De esta manera, no se tratará de un mero paréntesis de responsabilidad, que se cierra en poco tiempo, y que quizás se vuelva a abrir dentro de cinco años.

 

 

 
* Profesor del PAD. Universidad de Piura. Artículo publicado en el diario Gestión, martes 26 de abril de 2011.