CADE y el siglo XXI

Por Juan José Marthans León

Aunque el éxito de Perú es reconocido, aún nos falta mucho para hacerlo sostenible y estructural. Los buenos tiempos y los errores del frente internacional ayudaron a trabajar con precios de commodities excepcionalmente favorables. Ahora es necesario pensar cómo hacer el éxito de Perú resultado de nuestro propio esfuerzo.

CADE es, sin duda, un escenario que puede y debe jugar un papel más directo y relevante para ayudar a delinear el proceso de reformas estructurales pendientes y, de otro lado, de esbozar las condiciones para que la institucionalidad, por muchos años débil, se convierta en acicate del bienestar. La pregunta es simple. Con lo que hasta hoy tenemos en cada CADE se puede lograr cometidos de real trascendencia? Desafortunadamente, la respuesta sincera es: No.

Es urgente trascender a reuniones que se asocien a un formato de carácter social, a un espacio donde se busque básicamente la conexión con los gobernantes de turno, a una oportunidad frívola de exhibición de moda, maquillaje, tertulia y brindis. El país demanda mucho más de su clase empresarial.

Algunas ideas para el próximo año, para este ya es tarde.

Primero, CADE debe desenvolverse en un formato perfectamente establecido y que se respete periódicamente. Debe abarcar básicamente la problemática estructural y, complementariamente, la de la coyuntura económica y empresarial. Cada reunión debe tener un mínimo de sentido de continuidad y secuencia lógica. Con esto evitaremos que a futuro se suscite la temática de 1974 “Empresas y Revolución” o se trate de manera reiterativa temas sectoriales durante años, sin resultado objetivo alguno.

Segundo, las conclusiones y recomendaciones anuales deben ser alcanzadas al gobierno de turno, conversadas con este y evaluadas en su cumplimiento al iniciarse una nueva versión de la reunión de ejecutivos. No se trata buscar un proceso de rendimiento de cuentas; se trata de avanzar objetivamente. Ya no es admisible recibir a gobernantes de turno cuya exposición no vaya más allá del “qué bonito habla”.

Tercero, debe procesarse, previo a cada reunión, las cifras recientes del desempeño de ventas, empleo, exportaciones, tributos, clima laboral, márgenes de contribución y responsabilidad social. Las mismas podrían consolidarse por sector y tamaño.  Asimismo, debe designarse un equipo técnico que, luego de evaluarlas con anticipación, las presente al pleno. Que las cifras de los empresarios sean las protagonistas. Debemos trascender a la mera evaluación de sondeos de opinión.

Cuarto, aunque  el evento es de ejecutivos, no sería una mala idea proveer de un cupo a la presencia ordenada del segmento laboral más maduro de nuestro frente productivo. La empresa no sería nada sin sus trabajadores, estos no serían nada sin sus empresas. Lo mismo con los micro y pequeño empresarios. Eso sería mejor a lo que tenemos hoy.

Quinto, los expositores deben ser detenidamente seleccionados a efectos de responder exclusivamente a los objetivos de cada reunión. Resulta ya aburrido escuchar a la misma gente, de las mismas entidades y con los mismos argumentos año a año. El CADE debe trascender a presentaciones de grupos de amigos o socios.

En conclusión, debemos despertar. El siglo XXI demanda de un nuevo tipo de empresario y de un nuevo CADE. No basta con lo que tenemos hasta hoy. Cambiar su formato y contenido no significará un retroceso, todo lo contrario. Así como el verdadero empresario actúa en función de resultados, el CADE debería ser repotenciado para ofrecer lo mejor de sus resultados al país. Basta de exposiciones que se olvidan.

Docente.

PAD.

Universidad de Piura.

Artículo publicado en el suplemento Economía y Negocios, diario El Comercio, jueves 4 de octubre de 2012.