“El dejo piurano es una marca y señal de identidad”

El lingüista y profesor universitario Carlos Arrizabalaga, presentó el primer texto científico sobre el lenguaje en la historia de Piura.

(Piura).- “El hablar piurano es musical, melodioso, cálido, pausado, cantarín y cadencioso; todos percibimos la existencia de nuestro propio acento cuando llega un extraño que habla distinto, pues permite contrastarlo con otro”. Todo ello convierte al dejo en una especie de marca y señal de identidad, explica el lingüista Carlos Arrizabalaga, quien acaba de publicar la edición ampliada de su libro “El dejo piurano”.

En su publicación, el autor y docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura ha reunido 25 trabajos que describen aspectos peculiares de la pronunciación y el léxico de los piuranos y algunos aspectos gramaticales como la reduplicación de los superlativos, palabras, expresiones y otros más.

El Dr. Arrizabalaga indica que el dejo de los piuranos exagera los adjetivos por medio de la reduplicación de los sufijos. Tal es el caso de ‘grandazazaso’, como una manía de “formar superlativos de superlativos”, llamando la atención del propio Mario Vargas Llosa, quien no tiene mejor modo de mostrar que don Anselmo-el arpista de “La casa verde” (1966)-se hace piurano por su manera de expresarse: “a las pocas semanas decía ‘gua’ para mostrar asombro, llamaba ‘churres’ a los niños, ‘piajenos’ a los burros, formaba superlativos de superlativos; sabía distinguir el clarito de la chicha espesa y las variedades de picantes, conocía de memoria los nombres de las personas y las calles, y bailaba tondero como los ‘mangaches’”.

‘Churre’

Este es el piuranismo más usual y característico del norte. En 1950, Miguel Justino Ramírez—pionero del costumbrismo piurano—indica que dicha palabra se aplica a niños y hombres pequeños, dándose un indicio de su origen. Arrizabalaga afirma que el término no se relaciona con  el quechua ‘churi’ (hijo varón, macho, valiente) y explica que es poco probable que un quechuismo así se diera en Piura, donde se registra menor influencia quechua.

El lingüista afirma que el posible origen andaluz de ‘churre’ estaría abonado por la presencia en el habla popular andaluza del siglo XIX de “chorre” aplicado al guapo, al varón, mozo o enamorado, tal como se muestra en “La cigarrera de Cádiz”, canción de Manuel Sanz de Terroba, impresa como partitura en Madrid por Pablo Martín: “Soy purera a mucha honra, lo que gano es pa mi Paco, y mas que güelo a tabaco, güelo a Dios pa mi chorre”; en otras palabras, que el  olor a tabaco no impide que para su “chorre” (es decir, para su ‘hombre’), la cigarrera huela divinamente.

“De todos modos, el vocablo habría tenido una evolución particular en Piura, pues solamente aquí ha perdido ese aspecto despectivo y se ha aplicado a designar, sencillamente, al niño. Ello no resulta extraño porque los niños inspiran siempre cariño y ternura con lo que con el paso del tiempo se deshace el insulto en una denominación local y muy característica para referirse a ellos”, indica Arrizabalaga.

Hablamos cantando

La entonación es el aspecto más inaprensible de las lenguas, a pesar de que el lenguaje es básicamente vocal. “Los piuranos hablamos empleando sonidos diversos que reflejan en una lengua un número limitado de fonemas en castellano  de 22, 23, o 24 según los dialectos; de ahí que articulemos sonidos que necesariamente tienen alguna duración, intensidad, timbre y tono”, señala el autor del libro. Añade que la pronunciación se caracteriza por una serie de rasgos percibidos con más nitidez en el habla popular de las calles de Piura y con mayor intensidad, todavía, en el extenso campo de los valles del Piura y el Chira.

Carlos Arrizabalaga cita al estudioso, Esteban Puig, quien considera que “las deformaciones que ocurren en el habla piurana se producen por hablar apresuradamente o por la flojera con que se pronuncia, arrastrando perezosamente las sílabas”, dando origen a frases e interjecciones (uno de los aspectos más interesantes del folclor del norte).

“El Dejo Piurano” aporta valiosa información a la ciencia lingüística, pues se intenta brindar un análisis riguroso de términos, expresiones y aspectos gramaticales, que quizá son confusos  para la mayoría, pero son necesarias para indicar con precisión la naturaleza del fenómeno detectado.