Crónicas romanas. Ostia Antica, una civitas romana

Por Luz González Umeres

A 30 kilómetros de Roma Capital, desde la Puerta de San Pablo Extramuros por la vía Ostiense, se encuentra la ciudad romana de Ostia, fundada el siglo IV  a. C., como base de defensa y de paso entre la costa del Mar Tirreno y la desembocadura del Río Tevere. Fue un puerto comercial de la Roma antigua a través del cual llegaban las mercancías: cereales, aceite, vino, mármoles de calidad, animales para el circo, provenientes de distintos puntos del  Mediterráneo, con destino final al puerto de Roma.

 

Al recorrer Ostia a pie, en la actualidad, con un plano en mano, el visitante puede ingresar por la Porta Romana, a la cual conduce la Vía Ostiense. Esta famosa Porta  fue construida en el año 63 a. C. de manos de Cicerón. Forma parte de un conjunto con la Minerva alada, en  una talla  en bellísimo mármol blanco,  colocada sobre un pedestal en la vecina Plaza de la Victoria. A la izquierda se encuentra con la Vía de los  Sepulcros,  trazada dentro de la ciudad conforme a las tradiciones romanas milenarias. La necrópolis  se encuentra muy cerca de los muros de Sila, construidos para proteger la ciudad.  Desde allí se puede ir a las Termas de Cisario y de Neptuno en buen estado de conservación. Las de Cisario se construyeron sobre los restos de un antiguo almacén de coches con dos ruedas. Y las de Neptuno tienen un bello mosaico con el Triunfo de Neptuno, en el cual la divinidad aparece sobre un carruaje tirado por hipocampos.

 

A unos 500 metros  destaca, como edificación, el Teatro de Ostia. Está intacto pese a haber sido construido en el año 12 a. C. Tiene una réplica idéntica y posterior, del año 196 d. C. a causa del aumento de la población, y le permite albergar entre 3,500 y 4000 espectadores. A poca distancia relativa se encuentra el Foro y la vía de las corporaciones.  Es un complejo único en referencia a todas las ciudades romanas. Tiene un pórtico y una fila de columnas dóricas a ambos lados  Se ubicaban en ellas los comerciantes de la ciudad, cerca de 50. En la plaza del centro está el templo de Ceres, la diosa del cereal, construido a fines del siglo I, d. C.  Finalmente, en la vía paralela al Teatro se encuentra un edificio construido el  siglo IV d. C.  Se trata de una Basílica Cristiana que se edifica como testimonio de la implantación del cristianismo en las diversas ciudades del Imperio.

 

Agustín de Hipona, y su madre, vivieron en Ostia,  fueron vecinos de esta ciudad  durante algún tiempo, antes de la muerte de Mónica. Así lo  deja escrito en sus famosas Confesiones, en el libro IX. Habla de Ostia Tiberina, o puerto de Roma. Allí  su madre cae gravemente enferma y manifiesta  su voluntad de ser enterrada en Ostia, sin esperar a regresar a casa, es decir, a Tagaste. Esto sucede el año 387 d. C. Deben haber frecuentado, pues, esa Basílica cristiana, cuya antigüedad se extiende al siglo IV. d. C.

 

La visita a Ostia deslumbra a los visitantes, tanto por la riqueza y calidad de sus ruinas, como por los tesoros artísticos e históricos que ella posee. Muestra además el estilo de vida que tuvieron las primeras generaciones cristianas, involucradas en un marco cultural clásico, que tanto ha influido en la vida de Occidente.

Docente.

Facultad de Humanidades.

Universidad de Piura.

Artículo publicado en el suplemento SEMANA, diario El Tiempo, domingo 11 de marzo de 2012.