Crónicas romanas. Tomás de Aquino, al aire libre

Por Luz González Umeres

Desde años atrás guardo el recuerdo de una pequeña ciudad medieval situada en la región del Lazio, a corta distancia de Roma, que custodia objetos personales de Tomás de Aquino, su solideo, un misal y otros, usados en el siglo XIII por el Aquinate. La conocí  cuando hacía estudios de posgrado en Italia y se llama Viterbo.

Indagué las rutas y los medios de locomoción actuales para viajar desde Roma a Viterbo, un día cualquiera. Con esa información pude organizar, el último domingo de noviembre, una excursión a esa ciudad, acompañada por dos amigas italianas.

 

Después de recorrer, durante dos horas, las espléndidas carreteras que unen Roma y Viterbo, llegamos a la ciudadela medieval. Dejamos el auto en una callejuela empedrada que data del siglo XI D.C y nos dirigimos a pie al centro  histórico de la ciudad. Destacaba un Duomo (templo) diseñado por arquitectos lombardos en el lugar de un antiguo templo de Hércules. Allí se yergue una bella iglesia románica de gran prestancia: es la Catedral de Viterbo y está dedicada a San Lorenzo. Luce intacta pese a los siglos y a algunos daños que sufrió en 1944, durante los bombardeos en la segunda guerra mundial.

 

Contiguo al templo, hay  un Museo de arte religioso que visitamos. Las salas  exhiben retratos al óleo de obispos de Viterbo y otras personalidades. El museo luce también mausoleos romanos, salas de cálices, objetos de culto y ornamentos de seda, entre otros.  No existía ese museo en la ciudad cuando la conocí. La política italiana en relación a los bienes culturales, es de intensa promoción  y divulgación, y eso repercute no solo en el turismo, sino también en el conocimiento de la cultura propia por parte de los connacionales y  de los extranjeros.

 

Una explanada amplia, muestra cerca al Duomo, el Palazzo dei Pape, un palacio de los papas.  Se divisa al  fondo una campiña muy fértil, con bosques de olivos y plantaciones de viñedos. En Viterbo se producen y comercializan excelentes vinos. Hay hoteles y restaurantes de calidad, y se ve buen número de turistas.

 

Una bodega en el otro extremo de la ciudad enseña a los visitantes el modo de producir y custodiar el vino desde siglos atrás.

 

Pedí información en una oficina de turismo sobre el lugar en el  que se encuentra un púlpito al aire libre desde el cual predicaba Tomás de Aquino. Me facilitaron los datos y llegué por fin al lugar que buscaba: Santa María Nuova. Es un templo de piedra, pequeño con un amplio espacio contiguo: allí, a la altura de un segundo piso, construido y adosado a la pared exterior del templo, se encuentra un púlpito de piedra -al aire libre- que se construyó para que predicara Tomás a los numerosos fieles y peregrinos llegados a Viterbo.         

 

Pude tomar fotografías de esos lugares y me fijé esta vez en una lápida de mármol blanco, con inscripciones en latín, donde se deja constancia de que en ese púlpito, al aire libre, predicó el teólogo y sabio más famoso del siglo XIII, lo cual honra a la ciudad que lo tuvo entre sus vecinos.

Al salir de Viterbo, tuvimos la oportunidad de visitar otro museo, esta vez vivo: el de los caballeros templarios. Ahí se exhibían atuendos, armaduras originales de hierro, hielmos, espadas y mallas, con las cuales se revestían los templarios antes de salir a los caminos para proteger de asaltos y robos a los peregrinos que iban o venían de Tierra Santa. Jóvenes vestidos de templarios ofrecían a los visitantes información  sobre la época. Eso les facilita integrar lo que van viendo  a su propio bagaje cultural.

 

Al terminar el día en Viterbo el visitante americano tiene la sensación de haber pisado un tiempo relativamente cercano, sin oscuridades, lleno de riqueza cultural y de humanidad.

 

 

 

Docente.

Facultad de Humanidades.

Universidad de Piura.

Artículo publicado en el suplemento SEMANA, diario El Tiempo, domingo 4 de marzo de 2012.