La Necrópolis de San Pedro, en el Vaticano

Por Luz González Umeres

Hace tiempo escuché relatar a personas amigas, sus impresiones después de haber visitado la Necrópolis que se encuentra bajo la basílica de San Pedro, en el Vaticano, justo en el lugar donde está la tumba originaria del Apóstol. También sabía que los expertos y la crítica arqueológica habían trabajado intensamente, con rigor científico, durante años y aseguran con certeza  que, efectivamente, ese es el lugar donde sufrió martirio San Pedro, y fue sepultado con veneración por los primeros cristianos.

Nada más llegar a la Ciudad Eterna, en setiembre pasado, me comuniqué con el Ufficio Scavi en el Vaticano, y me indicaron los trámites que debía realizar, si deseaba visitar la Necrópolis. Un día  supe que había sido aceptada mi solicitud y estaba incluida en un pequeño grupo de lengua italiana que bajaría a la Necrópolis, el miércoles 16 de noviembre. Me informaron que debía estar a las doce en punto y que la visita duraría una hora y media.

Así fue.  Llegué antes y pude leer con atención las indicaciones para poder bajar, que son estrictas: no se pueden llevar máquinas fotográficas y otras. Más que una visita cultural a la tumba de San Pedro, se considera un peregrinaje a uno de los lugares más sagrados de la cristiandad. Se pide respetar todas las reglas presentes en los avisos, entre otras, las referentes a la vestimenta. Solo pueden bajar personas mayores de 15 años.

A las doce se presentó una guía italiana con bastante información sobre lo que iríamos viendo y la historia de esta Necrópolis descubierta durante el Pontificado de Pio XII. Este Papa animó vivamente a continuar con las excavaciones y otras investigaciones,  hasta llegar al fin. Cosa que se ha hecho con extraordinaria diligencia y al más alto nivel científico.

Uno de los resultados más valiosos, a mi modo de ver, es que los expertos en Arqueología han llegado a confirmar por la vía científica, lo que la tradición de siglos ya sabía: que en ese sitio, a la altura del altar de la Basílica, reposaban los restos mortales de San Pedro, el primero de los papas. Pudimos llegar hasta la tumba misma, protegida por vidrios, y con ello a una distancia de pocos metros del lugar donde reposa el Príncipe de los Apóstoles.

Cuando se asciende de regreso a la Basílica, se mezclan una serie de sensaciones, por un lado haber tocado con la vista los inicios mismos del Cristianismo en Roma, y el testimonio  de aquellos que confirmaron su fe  con la propia vida, es decir, con el martirio; y por otro, la simplicidad con la cual los primeros cristianos vivieron y demostraron su amor entre ellos mismos.

Docente.

Facultad de Humanidades.

Universidad de Piura.

Artículo publicado en el diario El Tiempo, lunes 25 de junio de 2012.