Teatro en Piura: “La de cuatro mil”, de Leónidas Yerovi

El pasado martes 23, la compañía teatral Kataplún concluyó la temporada de representación de “La de cuatro mil” un pequeño clásico de la escena peruana de principios del siglo XX.

La experiencia del teatro es extraña a la mayor parte de los piuranos. La misma palabra “teatro” apenas sugiere un edificio al principio de la calle Arequipa, donde se celebran periódicamente conciertos y convenciones promocionales. O bien connota la exhibición de las habilidades del clown malabarista o de espectáculos infantiles sin mayor exigencia artística que la abundancia de canciones y muñecos. Pero escasea el teatro en el sentido de “arte dramático”, de escenificación por unos actores profesionales (o, por lo menos, serios y entregados) de un texto escrito expresamente para ello, y para perdurar más allá de su estreno.

No han faltado, por suerte, excepciones: festivales en la Universidad Nacional, la excelente puesta en escena de “La Chunga” de Mario Vargas Llosa por Giovanni Ciccia, las amenas frivolidades tipo “Friends” de Adrianzén… Las veces que he asistido, me encuentro con un público receptivo pero lamentablemente pequeño.

El teatro, arte más o menos costoso, tiene mala suerte si cae en una ciudad que desconoce el género y, además, poco dada a pagar para su ocio algo que no sea un pollo a la brasa o la rutinaria película de fantasmas o explosiones. Conviene crear afición. De ahí que haya que felicitarse por la osadía de Kataplún de montar un espectáculo dramático: lo agradecerá tanto el disperso público que lo espera como quienes lo reciban como una experiencia nueva y, tal vez, se aficionen.

La comedia representada es un juguete (“pieza teatral breve y ligera”) ambientado en la Lima de principios del siglo XX. Celedonio y su sobrino Perico, dos vagos que sobreviven a fuerza de acumular deudas, descubren por la prensa que su boleta de lotería ha ganado cuatro mil soles, y mientras se disponen a cobrar el premio disfrutan por adelantado de las ventajas de su nuevo estado: confort en la modesta pensión en que viven, respeto por parte de los demás… A estas alturas, el espectador menos avispado se olerá una nueva vuelta de tuerca al cuento de la lechera. Complica la situación el inesperado arribo a la pensión de Rufa, la bravía esposa arequipeña de Celedonio, a quien este abandonó -más bien maltrecho- muchos años atrás. El reencuentro entre los esposos, a quienes cuesta reconocerse (en aquella época no es que no hubiera videoconferencias, sino que la misma noción de fotografía familiar era escasa) da lugar a otra divertida serie de equívocos hasta el obligado final, pese a todo, feliz.

Luis Alberto Sánchez, en su vasta historia de la literatura peruana, consideraba a Yerovi (1881-1917) un poeta injustamente minusvalorado ante otros grandes modernistas de su tiempo como Valdelomar, Eguren o Chocano. Su asidua labor de periodista y dramaturgo le granjeó una independencia profesional que pocos escritores contemporáneos pudieron disfrutar, y también una popularidad fruto de conocer bien los gustos de su público.

“La de cuatro mil” revela la influencia del costumbrismo urbano de Segura, y también de los autores españoles de sainete y zarzuela, muy populares en aquella época: algunos juegos de palabras podrían parecer más españoles que criollos, aunque sin duda el espectador original estaría acostumbrado a ellos. Aquella Lima de barrio y de pensión, chaquetas, gorras y mostachos, no era muy diferente de otras urbes hispanoamericanas de la época… incluyendo las peninsulares.

La puesta en escena realizada por Kataplún ha recreado ese ambiente decimonónico. Saca buen partido a un espacio que, aunque a veces acoja escenificaciones de estudiantes, no está concebido para tal fin (cabría preguntarse por qué no se ha representado en el Teatro Municipal). Rafael Sime, responsable tanto de la compañía como de la Dirección General de Cultura –más difícil todavía, dicen los artistas-, se muestra como un diestro actor y maestro de actores. Agrada particularmente cómo el elenco habla y se desenvuelve con naturalidad, virtud siempre difícil de conseguir para el actor, y más aún si, como en este caso, el texto se halla escrito en verso. Un verso que, aunque Yerovi supo hacerlo “prosaico” y adaptado al habla coloquial, solo los buenos intérpretes saben hacer convincente.

Kataplún se estrenó en 1998 (nada menos) con otra comedia de Yerovi, “Salsa roja”. Muchos exalumnos de la Udep recuerdan todavía su soberbia representación de “Los títeres de cachiporra” de García Lorca. Otros hemos podido disfrutar de montajes recientes como “Hijos de la luna”, “Escuela de payasos” o “Piurita corazón”. Es pronto para ver los frutos, pero confiemos en que, como he dicho, de aquí a un tiempo podamos comprobar que se ha creado afición. Yo, a más corto plazo, me limito a impacientarme con lo que subirán al escenario el año próximo.

 

PARA RECUADRO

Elenco de “La de cuatro mil”

Actores

Rufa                                     Pía Borges (Alumna de Historia y Gestión Cultural, UDEP)

Marta                                  Lucia Alberca (derecho, Udep)

Don Celedonio                  Rafael Sime

Perico                                   Francisco Alberca (Colegio Turicará)

Suertero                              Gerardo Temoche (Escuela Tecnológica Superior, Udep)

Don Canuto                       Daniel López (Exalumno de la UDEP)

 

Producción,

Sonido y diseño:             Kataplún

Jefe de producción        Daniel López

Logística y ventas:          Jesús Cangahuala

Escenografía y utilería  Marco Juárez

Iluminación                       David López

Vestuario                           Arnaldo Venti

Fotografía                          Darwin Adrianzén

Video                                   Apu Films

Maquillaje                         Ana Paula Gemín

Redes sociales                 Gerardo Temoche

Asesoría de contexto    Miguel Godos

Dirección General          Rafael Sime