“Educación, el arma más poderosa para cambiar el mundo”

Esta es una de las frases celebres del recientemente fallecido Nelson Mandela; y, todos los que hemos tenido la posibilidad de acceder a la educación tanto de colegio como de universidad sabemos, por experiencia propia, cuán cierta es esta.

Como docente de Lengua Inglesa, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura, tengo la oportunidad de visitar colegios privados y estatales para observar las clases modelo del curso de Práctica Profesional, de los profesores que estudian a distancia la carrera, en nuestra casa de estudios.

Estas observaciones me han permitido recordar las diferencias entre las instituciones estatales y particulares. La infraestructura, los materiales de estudio, el mobiliario, las facilidades y recursos y mucho más. También es diferente el número de alumnos; hay más horas de estudio en los colegios privados; también más profesores, auxiliares, personal administrativo y de complemento, más oferta de talleres de idiomas, baile, natación, coro  y otros.

Quienes hemos estudiado en colegios estatales, la primaria y secundaria, sabemos de todas las necesidades y  carencias que estos tienen; y, cuando están más alejadas de la ciudad, ya sea en el campo o la sierra, el problema es mucho mayor.  La mayoría de estudiantes de las instituciones estatales poseen escaso recursos económicos y muchas necesidades de todo tipo.

Sin embargo, a pesar de todas las desventajas, hay instituciones públicas que logran buenos resultados en la formación de sus alumnos. Lo he comprobado con los estudiantes que llegan a la Universidad; son de distintos los estratos sociales y económicos, pero sus conocimientos y preparación les permiten ingresar y desenvolverse bien en diferentes carreras universitarias. Asimismo, es justo mencionar, que hay muchos alumnos provenientes de colegios estatales que, debido a su alta preparación obtenidas por su propio esfuerzo y sus ganas de superación personal, sobresalen y buscan cambiar el destino de sus vidas.

Hace pocos días se difundió la noticia sobre los resultados obtenidos por alumnos de colegios estatales de nuestro país en la prueba PISA. A mí modesto entender, creo que el punto principal no es ver quién tiene la culpa, algo muy típico de nuestra sociedad, sino saber si somos conscientes del verdadero grado de desarrollo y avance de nuestro sistema educativo y cómo podemos ayudar a cambiar esta realidad.

El Gobierno debe asignar un mayor porcentaje del presupuesto nacional al sector de educación, ya que es uno de los más bajos en Latinoamérica;  crear y aplicar verdaderas y sustentables reformas educativas que sean respetadas y continuadas por los posteriores gobiernos (Beca 18);  realizar un continuo y sostenible plan de observación, capacitación, supervisión, y apoyo de los profesores. En cuanto a los colegios, deben estar en las mejores condiciones posibles para el desarrollo de las clases; los profesores deben seguir estudiando y capacitándose constantemente y realizar su trabajo con mayor profesionalismo, amor y vocación de servicio.

Además, y fundamentalmente, no debemos olvidar que los padres somos los primeros responsables de la educación de nuestros hijos. Somos sus primeros maestros; por ello,  les debemos  inculcar desde pequeños el deseo por el estudio y la lectura, templarles el alma para que aprendan a superar los obstáculos que encontrarán en su vida; inculcarles valores como el orden, la puntualidad, responsabilidad y respecto, entre otros; y hacerles ver que la mejor herencia que les podemos dejar es su educación, para que logren su desarrollo pleno en los ámbitos personal y profesional. Finalmente, los hijos debemos saber aprovechar al máximo las oportunidades que la vida y nuestros padres nos dan, ya que de ellas dependerá nuestro futuro.

En resumen, voluntad, hambre de aprender y de ser mejor es lo que se requiere para lograr este gran cambio.