Interpretación musical y desarrollo personal

La frase que sucede al título evidencia por qué el cultivo de la música —en particular de la denominada música culta— acompaña el desarrollo de grandes naciones. He comprobado directamente lo acertado de esta expresión como promotor del Coro de la Universidad de Piura (UDEP) desde 1989. Alumnos de la UDEP, con resultados académicos excelentes, han integrado esta agrupación artística —con ya veinte años de trayectoria— dirigida por el Maestro Arturo Hernández, a partir de 1992. Los estudiantes que han integrado el Coro, al terminar sus estudios han ingresado a su actividad profesional destacando, también notablemente, en el mundo laboral.

La frase es del poeta polaco Cyprian Norwid y es citada por el beato Juan Pablo II en su Carta a los Artistas. Nos permite comprobar que la práctica musical es un tónico para el ánimo; llena de sana disciplina el actuar personal, compenetra notablemente con los demás, otorga seguridad y ecuanimidad, entre otros hábitos que permiten elevar mucho la propia calidad de vida y la de todos en general.

La práctica musical en los centros de enseñanza media y superior, en los países cuyo desarrollo suele admirarse, nos aventaja. El núcleo de personas, cuyo entretenimiento —afición— radica en el desarrollo de bienes culturales, como la interpretación musical, constituye indudablemente una de las principales fortalezas de aquellas sociedades dotadas de gran dinamismo para enfrentar un mundo cambiante.

Por esto, siempre he quedado perplejo al enterarme de que hay padres de familia que —en nuestro medio— aconsejan y, en ciertos casos, prácticamente llegan a exigir e imponer a sus hijos que se dediquen como universitarios “solo a sus estudios”, dejando otros factores de reconocida valía en la sana vida universitaria como es la interpretación musical bajo la dirección de un Maestro de Música prestigiado.

Para terminar —agradeciendo la acogida del diario El Tiempo de Piura— no dejo de anotar que esta adversidad para el desarrollo integral de nuestros jóvenes estudiantes también se presenta –no poco– en algunos profesores universitarios que desconfían, al fin y al cabo, que la belleza salvará al mundo debido a que sirve para entusiasmar en el trabajo y proporciona la fuerza pedagógica para introducirnos en el misterio de la verdad.