La oferta del retail moderno y el nuevo perfil del consumidor piurano

El consumidor piurano se vuelve más exigente con el sistema de compra y se convierte cada vez más en un desafío para las empresas locales.

El 15 de marzo de 1963, John F. Kennedy pronunció un discurso ante el Congreso de EE.UU. en dónde hacía referencia a los derechos de los consumidores. Años más tarde, se comenzó a celebrar en esa fecha el Día Mundial del Consumidor. Ese discurso sembró la idea de que los consumidores se habían convertido en el grupo económico más grande del mercado, determinando casi todas las decisiones económicas públicas.

Ha pasado medio siglo desde que aquel discurso fue pronunciado y en el Perú los consumidores recién están alcanzando conquistar el sitial que se merecen dentro del proceso productivo. Durante años, su potencial fue desestimado. Esta situación ha sido mucho más notoria en provincias, largamente subatendidas por empresas nacionales y extranjeras, bajo el estigma de ser plazas poco rentables.

Esto ha cambiado radicalmente en los últimos años. Las provincias están demostrando mucha agilidad como consecuencia del crecimiento sostenido de la economía nacional. El aumento del poder adquisitivo de la población, ante el dinamismo de las actividades comerciales en provincias, les están permitiendo crecer incluso a un ritmo más acelerado que Lima.

En nuestra ciudad esto se hace tangible con el arribo de canales modernos de distribución, como los nuevos centros comerciales. Los pronósticos indican que con ellos se impulsaría la transformación de los usos y costumbres del consumidor piurano, sacudiendo su sosiego y quietud, para sumarlos a la mayoritaria clase emergente de consumidores peruanos, hoy, protagonistas de la moderna economía social de mercado.

La oferta recibida a través de estos centros –supermercados, tiendas por departamento y tiendas especializadas– estaría moldeando un consumidor piurano más exigente en la calidad de los productos y servicios que recibe. El piurano está empezando a acostumbrarse a un estilo moderno, volviéndose más exigente con el sistema de compra –principalmente en términos de calidad–, buscando ofertas que se adapten a su manera de pensar y a su estilo de vida deseado.

Este escenario se presenta como un reto para las empresas locales, acostumbradas a los canales tradicionales. Ellas necesitan urgentemente adaptarse a este mercado moderno e insertar al consumidor como un elemento fundamental dentro de su proceso productivo si pretenden ser competitivas frente a marcas –nacionales e internacionales– que se esfuerzan por conocer al consumidor local y adoptan conductas de los canales tradicionales. El desafío está hecho.