Reingeniería del estado Vs. ‘los sueños de opio’

“Las vacas están bastante gordas y hay éxito para rato, si se mantienen las condiciones del entorno internacional”. Sin embargo, urge una reingeniería del estado; mejor infraestructura, Educación y salud; reducir las diferencias entre pobres y ricos.

Juan MarthansNo dejó dudas. El Perú tiene una envidiable presencia en la dinámica de la producción mundial y su crecimiento llega 5%, el doble que tendrá el mundo “Las vacas están bastante gordas y hay éxito para rato, si se mantienen las condiciones del entorno internacional”. Sin embargo, urge una reingeniería del estado; mejor infraestructura, Educación y salud; reducir las diferencias entre pobres y ricos. Hay que acabar con las falacias y los fantasmas, expresa Juan José Marthans, economista,   exdirector del BCR e indecopi y docente del PAD- Universidad de Piura.

“¡Basta de mediocridades! Necesitamos construir al Perú en el largo plazo; cambiar el estado y que el sector empresarial lidere este cambio sin miedo”, dice el prestigioso economista  peruano, quien estuvo de visita en Piura. Indica que el Perú es un país ganador,  que sigue ganando una mayor presencia en la dinámica de producción mundial. “Este año cerraremos con alrededor del 5% de crecimiento; es bastante bueno, porque será casi el doble de lo que va a crecer este año el mundo. Mientras que el Perú crezca significativamente, por encima de lo que el mundo lo hace, será un país ganador”. Sin embargo, dijo, hay que trabajar en el mediano y largo plazo y para ello hay que reestructurar el aparato estatal.

Si el país es un ganador y tiene buena imagen internacional, ¿por qué esto no se refleja en sectores estratégicos como: educación, salud e infraestructura?

Si bien el Perú tiene fortalezas y grandes perspectivas, tiene que ir construyendo poco a poco su largo plazo. En las condiciones actuales de infraestructura, en términos de capital humano y de recursos físicos, no tiene una perspectiva muy saludable de expansión y sostenimiento en el mediano y largo plazo. Lamentablemente, aún tiene que enfrentar un largo camino en la consolidación de sus reformas estructurales. Estos 20 años de éxito, a partir de lo que significa el respeto a los fundamentos en materia económica iniciados hacia la década de los 90, no terminan de consolidarse porque no cuenta con la base que haga sostenible este éxito: un estado bien estructurado.

¿El Estado puede por sí mismo consolidar sus ‘tantas veces anunciadas’ reformas estructurales?

No. Notamos debilidades en el frente estatal peruano. No tiene ni las herramientas ni la seriedad, el tecnicismo e independencia, como para constituirse en el socio estratégico del frente empresarial del país y dotar  al frente privado de recursos en términos de calidad, capital humano, entre otros. Hay debilidad institucional, se crean ministerios según el mejor entender y parecer del presidente de turno; y nadie se ha preguntado cuál es el tamaño óptimo ni la calidad de Estado que requerimos para seguir creciendo más allá del corto plazo.

¿Qué solución sugiere usted?

Pedirle que se reforme solo es imposible; pasarían 100 o 300 años más y seguiríamos con el mismo Estado. Pedirles a nuestros políticos que lo hagan: ¡son sueños de opio! Mi propuesta es un tanto agresiva, diferente: que el sector empresarial lidere este cambio, sin tenerle miedo al Estado. El frente empresarial tiene que unirse como un solo gremio y sustentar la venida del mejor capital humano en reingeniería del Estado, que haya en el mundo.  Este equipo tendría que plantearnos la hoja de ruta de corto, mediano y largo plazo para generar una buena reconversión estatal, que no permita volver atrás, que tipifique elementos tan interesantes como: cuál es el tamaño óptimo que necesita el estado peruano: cuántos ministerios, cuántos empleados públicos; cómo construir y en cuántas etapas la educación en el Perú; cómo priorizar recursos a favor de los niños, en términos de nutrición, salud, etc.

¿Qué tan viable es su propuesta?

Aquí hay que coger al toro por las astas. No hay tarea fácil. El sector privado tiene que contratar una consultora de primer nivel; contrastar ese estudio con el frente político, laboral y social; y buscar un acuerdo mínimo, no como el acuerdo nacional que es un canto de sirena más. ¡Seamos honestos! Con todo el respeto que me merece la gente que está en el Acuerdo Nacional, este es intrascendente. Se necesita un mínimo de consenso para establecer una hoja de ruta.

Pero, ¿cómo y quién evaluaría los resultados?

Cada CADE debe servir para que haya un rendimiento de cuenta del gobernante de turno; independientemente de quién y cómo sea o del partido al que pertenezca.  Debe rendir cuentas en cada CADE a los trabajadores y empresarios de este país; no se trata de dar discursos ‘bonitos’.

¡Ya basta de este tipo de mediocridades! No necesitamos presidentes palabreros sino  presidentes que ejecuten, que piensen en el mediano y largo plazo y una hoja de ruta liderada, consensuada y contrastada año a año en su cumplimiento, por el sector empresarial. La limitación mental debe terminar; hay mil necesidades que cubrir en el país; no importa qué presidente lo haga.

Si este cambio no se da, ¿la educación, infraestructura y seguridad del país, no mejorarán? Seamos sinceros, ¿con qué va a llegar? ¿Con la propuesta del primer ministro? Con todo el respeto que merece, hace unos días habló en el Congreso de los polos de desarrollo regional. ¡Por favor! Desde Manco Cápac se habla de lo mismo. No hay nada de eso y no se lo podemos pedir al Estado porque este carece de eficiencia. Hay que reconstruir ese Estado o nunca llegarán los recursos donde hacen falta. ¡Basta de propuestas falaces! Esas no se van a dar; menos cuando ya falta dos años de este gobierno.

En cuanto a los recursos, si los hay, ¿por qué no se distribuyen y utilizan bien?

Porque se manejan sin rumbo. Por ejemplo, alguien dice: me gusta la ópera: ¡hagamos un teatro de ópera!, ‘quiero pasar a la historia’, ¡reconstruyamos el estadio nacional! Mientras tanto, los niños siguen muriendo con el friaje en Puno; Pisco sigue esperando la reconstrucción; y las poblaciones más necesitadas siguen sin un mínimo de atención. ¿Cómo no va haber descontento al interior del país?

Mientras llega la reestructuración del Estado ¿qué hacer para que ese crecimiento se refleje también en el interior del país?

Primero: tomar medidas para que el crecimiento siga estando por encima del que tiene el mundo sin importar si hay recesión internacional o si estamos en la etapa expansiva del siglo, el Perú debe crecer más. Y, para que eso suceda, hay un factor clave: la tasa de inversión. Esta ya está por encima del 25% del PBI; esta relación: inversión y PBI, por encima del 25%, es clave, porque todas las economías del mundo que han logrado este nivel mínimo de tasas de inversión y las han superado, han logrado un crecimiento del PBI, por encima de la tasa de crecimiento del mundo. Por tanto, la palabra clave es invertir. Y, la inversión es confianza, reglas claras; que gobierne la persona elegida y que un estado inepto no crezca más. Nuestro Estado se jacta de tener dinero y, a la vez, nos muestra su incompetencia para cubrir las necesidades básicas de nuestra población. En el fondo esto es una incubadora para la desazón y el descontento social de gran parte de nuestra población…

Ante la proximidad e las elecciones regionales, ¿cómo acudir a ellas pensando en el bienestar económico y social del país?

La única alternativa está asociada a votar por una nueva cara, otra mentalidad y una nueva esperanza. Los que ya tuvieron la oportunidad de gobernar este país, que se lo cuenten a sus nietos, pero que no lo vuelvan a hacer.

Tengo la esperanza de que en las elecciones que se avecinan surja un outsider, con un equipo nuevo. Los candidatos que tenemos pueden ser relativamente jóvenes, pero sus equipos son viejos, sombríos, puestos en tela de juicio; esa no es una alternativa para el Perú. Por otro lado, tenemos partidos viejos, rodeados de una cúpula partidaria que lo único que quiere es el poder por 5 años. Tiene que surgir una nueva alternativa. Menos políticos y más trabajo, ese debería ser el lema del próximo gobernante del Perú.

En cuanto a nuestra región, ¿cómo ve a Piura?

Excelente. Piura es un Perú en chiquito; tiene todas las regiones, las razas y los climas. Tiene todas las potencialidades sectoriales: minería, pesca, agricultura, agroindustria, etc. Piura y su Gobierno regional deberían tener un camino bien establecido para divulgar el potencial productivo y de desarrollo, para tener más inversión directa extranjera porque sin ella, no podemos seguir construyendo empleo y vencer a la pobreza.

Una clave interesante que recomendaría al Gobierno regional del Piura es que establezca un mecanismo de promoción del potencial de Piura, más allá de lo que puedan hacer Promperú y Proinverisón para lograr un avance más significativo. Si se sigue incrementando este foco de desarrollo del norte, garantizamos no solo bienestar sino también la seguridad a nuestras poblaciones.

Tips económicos

A nivel macroeconómico: Para garantizar que el Perú siga siendo un éxito hay que fomentar la inversión, diversificar sus fuentes de producción, su oferta exportable. El  éxito en el mundo es tecnología y conocimiento, eso es lo que tenemos que exportar. El peruano tiene suficiente creatividad para lograrlo. Si se le da calidad y educación a esa creatividad, crearemos un  tremendo círculo virtuoso a favor de todos los peruanos de aquí a unos 10 o 15 años

A nivel microeconómico: Hay que repensar al Estado, a nuestros empresarios. Hay que reducir las grandes diferencias que existen en gran parte de nuestra población. Esto no se logra dando más dinero al pobre; él se lo puede ganara si se le da la oportunidad que no tiene ahora. El pobre debe sentir que es verdad que tiene iguales derechos que el rico. Para ello, hace falta un Poder judicial diferente; con sectores Educación y salud diferentes; con una buena política de incentivos a favor de los que menos tienen.

Hay que repensar hasta la forma cómo tratar el tema de informalidad. Esta no se va a corregir persiguiendo a los informales y tratando de meterlos a la cárcel.  El informal es sumamente inteligente, hay que atraerlo a  través de incentivos y razones que lo beneficien y garantizarle buenos servicios. Hay que trazar líneas de acción. No será fácil, sin lugar a dudas, pero no hay otro camino.