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2014

“Mons. Álvaro del Portillo fue un hombre que transmitía la paz que llevaba por dentro”

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Durante la misa celebrada en la Ermita, el capellán mayor, P. Ricardo González, resaltó las cualidades humanas del segundo Gran Canciller de la Universidad de Piura.

Por Cesar Flores Córdova. 12 marzo, 2014.

coro_misa_donalvaroCon un homenaje en el Coliseo Polideportivo en Lima, y la Santa Misa en la Ermita, el concierto del grupo Orquestal y el Coro de la UDEP, en Piura, se iniciaron las celebraciones por el centenario del nacimiento de Mons. Álvaro del Portillo, segundo Gran Canciller de la Universidad de Piura, quien será beatificado el 27 de setiembre.

Durante la Santa Misa, celebrada en la Ermita por el capellán mayor de la UDEP, el P. Ricardo González resaltó las cualidades humanas de Mons. Álvaro del Portillo y su gran amor por nuestra Universidad.

“Celebramos esta Misa de agradecimiento a Dios porque nos ha dado este Padre tan santo, tan amable, que ha tenido un cariño grande por la UDEP. Un hombre de una categoría humana y sobrenatural extraordinaria, y muy sencillo en el trato, en el modo de presentarse, de manifestar su cariño. De una humildad  llena de naturalidad, que le llevaba a no darse importancia,  a escuchar, a acoger. Un hombre que transmitía la paz que llevaba por dentro”, fueron las palabras del P. González.

Asimismo, el segundo Gran Canciller fue un hombre de destacada vocación. Durante la homilía, se mencionó que era  “un hombre fiel: a Dios, a la fe, a la Iglesia, al Papa, al Opus Dei, a San Josemaría, a sus hijos de la Obra, a su familia, a sus amigos. Ser fiel en lo poco… un programa que don Álvaro cumplió todos los días, hasta el final de la vida”.

La importancia de la familia

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El Padre González recordó las palabras que Monseñor Álvaro del Portillo mencionase en la Misa que ofició al cumplir 80 años: “Agradezco a Dios el don de la vida, y que me hiciera nacer en el seno de una familia cristiana, en la que aprendí a amar a la Virgen como a mi Madre y a Dios como a Padre mío. Le doy gracias también por la formación que recibí de mis padres –piedad verdadera, sin beatería, que fue preparación para el encuentro providencial con nuestro amadísimo fundador (San Josemaría), que encauzaría el rumbo de mi existencia”. Para el Padre Gonzáles, “el papel de la familia crea el ambiente propicio para que los hijos puedan responder con generosidad a Dios, a la Voluntad de Dios, para que la semilla divina no regrese vacía al cielo”.

Tras la Santa Misa, se presentó el Coro de la Universidad de Piura, dirigido por el maestro Arturo Hernández, con un reportorio muy aplaudido por la concurrencia. Luego, el Grupo Orquestal, a cargo del profesor Alfredo Carrasco, interpretó una serie de canciones modernas que dieron por finalizada la ceremonia en Piura.

Celebración en Lima

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En nuestro campus de Lima, también se vivió la fiesta del nacimiento de don Álvaro del Portillo. El vicerrector adjunto, Francisco Bobadilla, compartió con los asistentes una anécdota relacionada con los inicios de la Universidad de Piura, que ilustra la serenidad y la paz que caracterizaba a don Álvaro:

“En los entreactos de las sesiones del Concilio Vaticano II en 1965, el obispo de Piura, el Mons. Erasmo Hinojosa Hurtado conversa con Mons. Luis Sánchez Moreno, entonces obispo auxiliar de Chiclayo, sobre el deseo de promover una universidad en Piura. Le cuenta que ha tocado varias puertas y que no había conseguido ninguna ayuda. Mons. Sánchez Moreno le sugiere que se comunique con el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá. La sugerencia la hace sin mayores énfasis, pues él mismo abrigaba la misma idea: deseaba hablar con San Josemaría para ver la posibilidad de que se abra una universidad en Chiclayo. Mons. Hinojosa fue rápido y escasas semanas de terminar el Concilio, entrega a Mons. Sánchez Moreno una carta dirigida a San Josemaría en la que exponía su deseo. La carta estaba tremendamente  arrugada y don Lucho tuvo un cierto reparo de entregarla así a San Josemaría. Lo habló con don Álvaro del Portillo, secretario general del Opus Dei y dieron con la solución: pidieron una plancha y cual camisa recién lavada plancharon la carta; así el documento volvió a recuperar la dignidad que había perdido. La historia que sigue es conocida: nació la Universidad de Piura”.

Asimismo, el Dr. Abraham Zavala, médico de cabecera de San Josemaría durante su visita al Perú en 1974, compartió con detalles el milagro atribuido al futuro beato. El P. Ricardo Hage, quien estuvo cerca de Mons. Del Portillo entre 1989 y 1993, mencionó que “Don Álvaro nos quería muchísimo, pero nos quería santos”.

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