“Ser artista contribuye al bien común”

La Dra. María Ángeles Vitoria, experta de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Italia), conversó sobre arte y belleza con estudiantes y docentes de Educación.

¿Qué es bello? ¿Qué es la belleza? Son dos preguntas que alguna vez nos hemos planteado y, al parecer, tienen una respuesta simple y fácil. Sin embargo, en nuestra época, parece haberse trastocado su genuina acepción. Eso es lo que afirma la Dra. María Ángeles Vitoria, experta en Filosofía de la Naturaleza de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Italia), quien estuvo en la Universidad de Piura conversando con alumnas de la Facultad de Ciencias de la Educación sobre belleza y arte.

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En su opinión, ¿qué significa “belleza” en la época actual?

Me gustaría darle un giro a la pregunta. Remitiéndome a Sócrates, una autor clásico y, por tanto, universal y siempre actual, prefiero interrogarne por el significado de la belleza en cuanto tal. De todos modos tiene interés también la perspectiva sociológica, es decir, ¿qué se piensa hoy acerca de la belleza?

Pienso que estanos asistiendo a una devaluación de lo bello. Hace años, Gilson se refería al pulchrum como el trascendental olvidado. Quizá la raíz de ese olvido esté en la supuesta incapacidad de la razón para conocer la verdad, idea muy extendida en la osciedad actual. Si Gilson viviese todavía, posiblemente se referiría al verum como al trascendental olvidado.

En la sociedad actual, el concepto de belleza está amarrado al patrón de “la mujer bella”…

La realidad es mucho más rica que este modo de presentarla. La belleza pertenece al universo en su totalidad y a cada una de sus realidades. Es ese “alma” que hace que sean atractivas en su esplendor.

No todos los hombres tienen la misma sensibilidad para apreciarla y menos todavía para mostrarla a los demás. Hay aspectos de la belleza perceptibles sólo por el artista, que tiene ese don y ese talento para exteriorizarla.

En ese mismo sentido, hoy se critica que hay ‘mucho arte que no es arte’. Un ejemplo: ¿El Inodoro de Duchamp es arte?

Realmente ese tipo de preguntas son siempre difíciles de responder porque comporta conceptualizar realidades de algún modo etéreas, y porque a través del arte y la belleza lo que conseguimos precisamente es expresar aspectos que se nos escapan a la conceptualización. Pero estoy de acuerdo en que el concepto de arte se ha banalizado.

Por ello, muchos afirman que el arte clásico es mejor que el moderno. ¿Usted comparte esas comparaciones?

No soy demasiado amiga de las comparaciones. Entiendo que los clásicos han alcanzado en algunos aspectos vetas todavía no superadas. Pero la capacidad de sacar a la luz la belleza no depende del período histórico. El arte es un don, un talento que Dios regala sin ajustarse a divisiones epocales. La relación del arte con Dios no es exclusiva del cristianismo. Incluso artistas paganos como Virgilio, Homero, etc., antes de escribir, invocaban a sus dioses o a las musas.  Siempre se ha percibido el arte como un algo divino que debería ponerse al servicio de los demás. A comienzos del siglo XVI, encontramos numerosos artistas ‒Boticelli, Donatello, Bramante, Miguel Angel, Perugino, Rafael, Pinturicchio, etc.‒ Una situación así no se ha vuelto a repetir en la historia de la humanidad.

En el mundo de hoy, ¿dónde estaría reflejado el buen arte?

Indudablemente se encuentra en muchos ámbitos. En cierto sentido, las obras de arte son inconmensurables. Pero podemos aventurar un cierto canon de “medida”. Si el arte es el esplendor de la verdad y del bien, manifestación de una belleza que pertenece en último término a Dios, una obra que moviese  a rechazar a Dios o que presentase el mal de modo atractivo, no sería verdadero arte. El arte debe elevar al bien y a Dios, del que proviene toda belleza. Esto no significa que tenga que “hablar” sólo del bien: lo importante es que hable del bien presentándolo atractivo, y del mal mostrándolo repelente (como hacía la tragedia griega, que hablaba de delitos inhumanos y feroces ‒parricidios, uxoricidios‒ haciendo que el lector experimentase el horror por lo sucedido y, por eso, haciéndole desear vivir diversamente.

Pienso que, con frecuencia, el arte religioso-cristiano ha sido el mejor, porque con la Encarnación del Verbo entró al mundo humano la plenitud de la belleza.

¿Qué tanto aporta el arte religioso a la formación de los pueblos?

Es fundamental y tiene una larga tradición. A mí me han conmovido enormente el arte cusqueño, el arte colonial porque, sin perder el sentido del misterio, expresan una cercanía tal que mueven a la piedad.

En otro sentido, Miguel Ángel, a través de esa percepción que tenía de la interioridad del hombre exteriorizada en su cuerpo, pintó figuras humanas porque veía en esos gestos corporales la expresión de las pasiones, de los sentimientos y las esperanzas del hombre. Y al ser el hombre una criatura hecha a  imagen y semejanza de Dios, ese era un modo de retratar la belleza de Dios.

Piura es conocida como una región de artistas, pero cuando un joven quiere serlo, sus padres no están de acuerdo por la desconexión entre ingresos económicos y la profesión.

En cada circunstancia hay que tener en cuenta el contexto. Ser artista contribuye al bien común. Si un joven quiere vivir del arte lo animaría a seguir su camino pero considerando también la situación concreta en la que se encuentra. El trabajo, sea el que sea, no es un fin: ha de servir, entre otras cosas, para sacar adelante la familia.

Estoy sorprendida por el talento artístico que he encontrado en países como México, Colombia, Perú y Argentina. No hay que olvidar que el arte busca hacer más grata la vida de los demás y enseñar realidades profundas, y eso es de una grandeza enorme.

Hoy los medios de comunicación solo nos muestran ‘artistas de la televisión, el cine o de la industria musical’…

Efectivamente hoy se llama arte a cualquier cosa. Es uno de los conceptos que, al igual que otros, ha sufrido una devaluación. Entiendo que el único camino para recuperar su riqueza es mostrar la verdadera belleza, educar para saber apreciarla.