Sophia Delgado: ¡Sin luz, sin barreras!

“La palabra discapacidad implica prejuicios. La discapacidad implica CAPACIDAD. Todos estamos discapacitados para unas cosas y capacitados para otras, así que no se puede hablar de discapacidad, sino de capacidades diferentes.” Esto es lo que dice Pablo Pineda, un chico español con Síndrome de Down, que terminó una carrera universitaria y un diplomado en Magisterio de educación especial.

En estos momentos, en que nuestro país vive tanta violencia y tratamos de asimilar los resultados negativos de nuestros alumnos en la prueba PISA y de los profesores que no aprueban exámenes, es gratificante saber que hay personas que, a pesar de las dificultades, se sobreponen y vencen barreras.

Conocí a Sophia Delgado cuando trabajaba en el colegio Santa María. Ella estudiaba con mi hija Mariciello, hace más de 10 años; y ya tenía serios problemas de visión. Siempre me preguntaba cómo serían nuestras vidas si alguno mis hijos (tengo tres) estuviera en el lugar de Sophia.  Hace pocos tuve la extraordinaria experiencia de tomarle un examen de convalidación en inglés, en el Centro de Idiomas de la Universidad de Piura. Me sorprendió su poder de retención y memoria y el saber que, aunque no puede ver, estudia Derecho. Por ello, me decidí a escribir este artículo, con ayuda de sus padres.

Sophía

Un raro caso: nistagmos congénito

El diagnóstico médico de Pía, como la llaman sus amigos y familiares, dice que padece nistagmos congénito: movimiento incontrolado e involuntario de los ojos. Afecta normalmente a ambos ojos y suele manifestarse al fijar la mirada en alguna dirección. En ocasiones, el control del cerebro sobre los movimientos del ojo es pobre y es imposible mirar fijamente un objeto. Algunas formas de nistagmos están asociadas con una baja visión, como en el caso de Pía; ella tiene un campo visual de aproximadamente un metro y no distingue colores.

“Cuando nació, notamos continuos movimientos de sus ojos en forma horizontal, vertical y no fijaba la mirada. A los 3 meses, el pediatra la derivó al  oftalmólogo. A los 5 meses, este le realiza un examen de Fondo de Ojo diagnosticando ‘discos ópticos de caracteres normales’, cuentan sus padres, Carlos Delgado Adriana Martínez”. También le hicieron un examen de retina, y, de acuerdo a la explicación médica, no era ciega.

Para determinar su mal,  se le practicó un examen de torch (exámenes de sangre para evaluar algunas infecciones diferentes en un recién nacido). La niña y la madre, tenían citomegalovirus con dosaje negativo para la niña y positivo para la madre. “Con estos  resultados, el neurólogo recomendó una Tomografía Cerebral axial computarizada. Pía tenía seis meses. ¿Resultado? ‘Tac cerebral de caracteres normales’.

El comienzo de la historia

Cuando tenía 1 año 4 meses disminuye un poco el movimiento de sus ojos; su visión era baja.  A los 4 años, un encefalograma, potencial evocado y tomografía revelan que su problema radicaba en el cerebro pues presentaba una distorsión de los nervios ópticos, y que el nistagmos podría ir desapareciendo o ser controlado, a medida que Pía crecía. El médico indicó que no era cuestión de una operación de los ojos, pues su problema estaba en el cerebro. A los 5 años, fue evaluada por una especialista en niños especiales  con deficiencias. El examen de coeficiente indicó, para sorpresa de todos, que la niña no necesitaba ir a un centro especial. Su coeficiente era igual al de una niña de 7 años, pese a su dificultad.

Pía en el colegio

Tenía 5 años cuando empezó a  estudiar en el I.E.P. Santa María, al principio, condicionada; sin embargo, con su talento, conservó su vacante hasta terminar la secundaria.

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Nada fue fácil, ni para ella ni para sus padres. Pía debía escribir con lápices negritos; sus padres hacían las rayas en sus cuadernos y carpetas, con plumón negro; y, además, les leían los libros, que eran prácticamente memorizados por la ávida estudiante. Por su parte, la institución educativa: elaboraba sus pruebas con letra grande y plumón; le dio las facilidades para ubicarse en el lugar menos claro del aula, pues no veía en la claridad.

Hizo muy buenas amigas, que iban a su casa a repasar los temas para los exámenes; así desarrolló más sus habilidades auditivas. Era muy buena estudiante, inclusive ganó un concurso de Matemáticas inter salón; pero no pudo competir en los interinstitucionales de Primaria, para no exponerla a situaciones incómodas. 

Fin de la etapa escolar

La Universidad es su nuevo reto. Ingresó a la Facultad de Comunicación de la UDEP. Al principio: la adaptación, el temor a gente nueva, nuevos espacios, otro ritmo de estudios, otros cursos. La facultad le ofreció muchas facilidades: rendía las pruebas personalizadas, algunas orales. Se utilizaba el JAWS, (acrónimo de Job Access With Speech), un software lector de pantalla para ciegos o personas con visión reducida  y  otro sistema que agranda las letras y oscurece la pantalla. Sophia debía acercarse mucho para ver, lo poco que ve. Le facilitaron el uso de una grabadora en clase; pues no puede tomar apuntes.

El sistema de estudio era el que aprendió de niña: estudiar con amigas quienes le leen los apuntes. Si estudia sola,  sus padres y/o hermanos Tania y Carlos le leen las separatas. Aprende rápido los temas, le bastan dos repasados, dicen sus padres; además, pone mucho interés y es muy metódica. Sigue siendo una alumna destacada. En su ponderado del primer ciclo logró un 15,6. A partir del segundo ciclo, conversó con sus padres su intención de cambiarse de programa, pues no podría desarrollar cursos que vería en Comunicación: fotografía, cine y otros. Hoy estudia el tercer ciclo en la Facultad de Derecho, no solo cursa los créditos que exige cada ciclo sino también el inglés; y conserva su envidiable ponderado.

Mirando hacia el futuro

Aunque físicamente vea muy poco, su visión intelectual es grande. Sophia comenta que aspira a terminar su carrera y crear una ONG de ayuda a personas de bajos recursos económicos, al principio, para quienes tengan problemas de escasa visión y, luego, para quienes padezcan de alguna discapacidad. “Aplicaré todos los conocimientos de mi carrera en defensa de estas  personas. También dentro de mis proyectos esta formar una familia, tener hijos”, anota.

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“Dios siempre da lo que uno puede soportar.  Siempre escuchaba esa frase y es muy cierta. Si se tiene alguna “limitación” vale que la transformemos en una posibilidad. Todos tenemos carencias: intelectuales, físicas, afectivas o, en mi caso, visuales; pero, no son excusa  para no luchar por tus sueños. Se pueden presentar miles de obstáculos, pero eso es lo bonito de vivir, pues con cada caída sentirás más orgulloso de poder levantarte  y  hacer las cosas mucho mejor. En fin, si quieres algo, lucha por ello;  si haces algo, hazlo bien; si te dicen que no puedes y tú sientes que sí, piénsalo bien, porque no creo que Dios se haya equivocado al darnos un nuevo día para ser mejor”, dice Sophía, como mensaje para los jóvenes.

Lección de vida

Sophia ha sido, es y será un ejemplo para todos nosotros. Como ella, en el Perú hay muchas otras personas con problemas similares o peores. Casos como el suyo, nos demuestran que no hay ninguna barrera que detengan nuestras ansias de aprender y superarnos si luchamos por ello.