“Trabajar en el hogar está recuperando su buena reputación”

María Pía Chirinos, vicerrectora de Investigación de la Universidad de Piura (UDEP), asegura que cada vez más personas entienden que las labores domésticas no limitan a la mujer.

Chirinos

Limpiar, lavar, cocinar… Las labores del hogar son muchas y suelen recaer sobre las mujeres en la familia. ¿Aún se piensa que estos encargos denigran a la persona? ¿Qué pasaría si todos dejaran de ordenar sus casas y/o preparar la comida para sus familias? María Pía Chirinos, experta en antropología y trabajo de la UDEP, apunta que el descuido del trabajo doméstico afectaría directamente el bienestar de la sociedad.

¿El trabajo profesional de la mujer es incompatible con las labores del hogar?
No hay que presentar al trabajo profesional fuera de casa en contraposición al trabajo dentro del hogar. Sé que es difícil porque la sociedad no ayuda a promover esta idea, pero lo fundamental es tener clara la relevancia del cuidado de la casa.

¿Cómo así?
El bienestar de una casa supone un ámbito de humanización; es decir, el lugar donde una persona, desde su niñez, aprende a relacionarse con los otros, a forjar su carácter y a adquirir virtudes para su vida posterior. Entonces, esto se facilita cuando el ambiente material cotidiano es favorable.

¿Cuál es el problema de descuidar el trabajo doméstico?
El cuidado del hogar debe ser una prioridad. Se ha visto en EE.UU. y Europa que cuando no se atienden las necesidades básicas y se descuida la organización de la casa o se relega la alimentación a los fast-foods, las familias se desintegran, hay problemas con los niños. Y, finalmente, se generan gastos sociales para los gobiernos.

Entonces, ¿es necesario que las mujeres conjuguen los trabajos fuera y dentro de casa?
La mujer puede hacerlos compatibles; no tiene por qué quedarse en casa. Además, las decisiones sobre el hogar se deben pensar en conjunto con la mujer y el marido, para buscar el mayor bienestar. Pero también cada vez es más común asumir el trabajo doméstico como una profesión.

Son las empleadas del hogar…
Sí, el impacto en la sociedad de las trabajadoras del hogar es mucho más importante de lo que se puede intuir. Trabajar en el hogar es trabajar directamente para la persona y para la sociedad. Su valor no se puede calcular aunque hay quienes lo intentan.

¿No es un trabajo monótono?
El trabajo doméstico es un trabajo humano. No es irracional, ni negativo, sino que es necesario para la sociedad. Y en estas labores se desarrollan capacidades artísticas, psicológicas, de la laboriosidad, etc.

¿Por qué el trabajo del hogar se considera de menor nivel?
Es un prejuicio que proviene de los griegos y romanos, que relegaban estos trabajos a los esclavos. Luego, el feminismo terminó de crear una imagen del trabajo doméstico como negativo o irracional.

¿Cómo combatir esta percepción?
De hecho, a partir de los años 80 trabajar en el hogar está recuperando su buena reputación. Autores, como Eva Kittay, defienden la absoluta necesidad de los trabajos de cuidado cotidiano de la persona. Y en el bienestar cotidiano, el hogar tiene un lugar principal.

¿Cuál es la situación en el Perú?
En el Perú tendríamos que estar más o menos contentos porque todavía se aprecian estos trabajos, porque hay más sentido de hogar y de familia. Aún no se plantea prescindir del entorno familiar. Por ejemplo, con la gastronomía se mantienen las comidas como momentos de vida familiar.

¿En qué se debe mejorar?
Hay mucho por ganar, porque de algún modo se piensa que las labores del hogar son de segunda categoría y quienes las hacen pueden sentirse discriminados. Esto es un error que tenernos que denunciar y resolver. Hay que mentalizarnos en sueldos justos, prestaciones sociales y una formación profesional para quienes se dediquen al trabajo doméstico.