JOSÉ TOMÁS MARTIN DE AGAR

“El Estado es laico, la sociedad no”

En su visita a la UDEP, profesor de Derecho eclesiástico de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma precisó el sentido de la laicidad del Estado.

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¿Qué hemos de entender por laicidad de un Estado? El P. José Tomás Martín de Agar, profesor de la Universidad de la Santa Cruz,  visitó el Campus Lima de la UDEP y opinó sobre las relaciones que deben existir entre la sociedad, el Estado y la Iglesia.

¿Qué significa que un Estado sea laico?

Un Estado laico debe estar separado de la Iglesia y no mostrar afinidad hacia ninguna confesión religiosa. No tiene que servir ni servirse de una determinada religión, porque no le corresponde hacer confesión de fe. En ese sentido, es conveniente que sea laico porque no clasificará a los ciudadanos según la religión que profesan.

Sin embargo, cuando el Estado tiende a exaltar su poder y preeminencia; en otras palabras, cuando se vive un estatismo, suele confundirse Estado con sociedad. Esta última no es laica, pues en ella hay ciudadanos de diversas confesiones: protestantes, católicos, musulmanes…

Un Estado laico es independiente de cualquier manifestación religiosa, no solamente de la Iglesia católica, sino de cualquier otra. No es sujeto de religión, lo son las personas singulares.

Hay quienes, desde las instancias del poder político, pretenden ir más allá de las convicciones de la sociedad en las relaciones entre Estado y religión, ¿qué opina al respecto?

El Estado debe tener en cuenta todos los valores que están vivos y operantes en la sociedad, no solo los religiosos; sería absurdo que no lo tuviera porque está para servir a la sociedad.

El Estado, a través de sus gobernantes, no tiene potestad para imponer su ideología a la gente, tal como a veces sucede en las escuelas públicas, que con el pretexto de que son estatales, prescinden de la enseñanza religiosa. Si bien el Estado mantiene económicamente a aquellas escuelas, los niños son de sus padres y estos tienen una religión que quieren transmitir a sus hijos. El Estado es laico, la escuela es de la sociedad, como los niños son de sus familias.

¿Un creyente puede entrar al debate público con las ideas que profesa su religión?

No dejar que un creyente participe en el debate público porque usa como argumentos los fundamentos de su religión es una trampa. Cada ciudadano tiene derecho a llevar sus ideas al debate público, sin importar la fuente. Si unos han tomado sus ideas del Evangelio, otros las habrán tomado de Marx, o de cualquier otro autor.

La objeción que se suele poner a ese planteamiento es que las ideas tomadas de la religión son irracionales. A mi parecer no son irracionales, son razonables, cuanto mínimo. El católico propone un modo de entender y organizar la sociedad, así como lo puede hacer otro creyente o ciudadano.

También visitó la UDEP el P. Javier Canosa, profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma. El experto describió la vigencia del Derecho canónico. Lea la entrevista: “El Derecho canónico ayuda a que la justicia esté más cerca de las personas”.