¿El Niño 2015 es como el Niño 1997-98?

En abril de 1997, después de un verano bastante seco, como son la mayoría en Piura, hubo algunas lluvias: señal de que algo empezaba a cambiar.

En abril de 1997, después de un verano bastante seco, como son la mayoría en Piura, hubo algunas lluvias: señal de que algo empezaba a cambiar. De hecho,  el agua del mar en nuestras costas siguió caliente, sin ‘enterarse’ de que había llegado el otoño; como consecuencia, la temperatura ambiental se mantuvo por encima de lo normal.

Ese año (1997) ocurrió una situación similar a la que se viene dando actualmente (2015):   el otoño y el invierno fueron cálidos. Mal año para los comerciantes de chompas y casacas.

Llegó la primavera y aumentó la anomalía, con gran acumulación de aguas calientes junto a la costa y mar adentro en el Pacífico;  y, como los cambios en el océano se dan de modo lento, supimos con certeza que esta situación seguiría en verano y tendríamos abundantes lluvias, como ocurrió desde diciembre.

Se hicieron trabajos de prevención desde meses antes, pero de poco sirvieron ante la magnitud extraordinaria de las lluvias, solo comparables con las de 1983. En Piura, los daños producidos  por las avenidas de los ríos fueron muy grandes, especialmente para los puentes y zonas inundables de los valles costeros.

No es extraño, pues, que ahora muchos estén preocupados por lo que puede venir. De hecho, el Comité Multisectorial para el Fenómeno El Niño (ENFEN), que agrupa al Imarpe, Senamhi, IGP, entre otros, no descarta que las condiciones propias de El Niño, que tenemos actualmente, continúen, con magnitud fuerte, en verano.

La posibilidad existe, pero no debemos adelantarnos. En agosto se podrá hacer  un pronóstico bastante aproximado. Por ahora, hay muchos indicios de que la situación no es igual que la del  1997: las actuales temperaturas superficiales del mar son uno o dos grados menores, y las del aire también.  Además, aquel año había anomalías climáticas muy fuertes por todo el mundo: altas temperaturas en La Paz y en Buenos Aires, por ejemplo; ahora no.

Recordemos que el año pasado –por estas fechas– teníamos un temor similar. Sin embargo, desde agosto, las anomalías empezaron a disminuir hasta desaparecer en diciembre. Esta vez, es probable que duren hasta más adelante y tengamos lluvias en verano, pero no hay que alarmarse anunciando ya un Niño extraordinario. Eso sí, no descuidemos las obras de prevención y mitigación.