“Evangelium vitae desarrolla con certeza el valor de la vida humana”

Al conmemorarse veinte años de la publicación de la encíclica Evangelium vitae, Federico Prieto explica la vigencia del mensaje de San Juan Pablo II: el valor de la vida humana.

juan pablo piura

San Papa Juan Pablo II en Piura, 1985.

¿Cuál es la vigencia, veinte años después de escrita, de la encíclica Evangelium vitae?

El 25 de marzo de 1995, san Juan Pablo II llevaba 17 años de Papa, y su prestigio mundial lo hacía el líder más importante de la humanidad. En ese contexto, publica una carta de casi 200 páginas, en las que se remonta al suceso bíblico de Abel y Caín, para recordar el sagrado derecho a la vida, tan denigrado en la segunda mitad del siglo XX, con el fantasma mentiroso de la explosión demográfica y con las infundadas críticas a otra encíclica papal, la Humanae vitae de Paulo VI; texto que en menos de 40 páginas hizo una valiente defensa de la vida. Había que defender la verdad sobre la vida humana y eso hizo la Iglesia católica.

Los 20 años siguientes, que han transcurrido de 1995 a 2015 han demostrado el acierto de la iniciativa del Papa polaco: desarrollar con certeza el valor de la vida humana. Esta encíclica se proyecta al futuro, tanto más ahora, cuando la Iglesia se apresta a dictar pautas pastorales sobre el matrimonio y la familia, en la segunda parte del sínodo romano que tendrá lugar el octubre próximo.

-¿Por qué vincula usted la Evangelium vitae con la realidad demográfica de la población mundial?

Porque, de manera clarividente, así lo dice la encíclica Evangelium vitae: “Los caminos para resolver el problema demográfico son otros: los gobiernos y las distintas instituciones internacionales deben mirar ante todo a la creación de las condiciones económicas, sociales, médico-sanitarias y culturales que permitan a los esposos tomar sus opciones procreativas con plena libertad y con verdadera responsabilidad; deben además esforzarse en «aumentar los medios y distribuir con mayor justicia la riqueza para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación. Hay que buscar soluciones a nivel mundial, instaurando una verdadera economía de comunión y de participación de bienes, tanto en el orden internacional como nacional». Este es el único camino que respeta la dignidad de las personas y de las familias, además de ser el auténtico patrimonio cultural de los pueblos” (n. 91).