La forja de valores exige educación

La Defensoría del Pueblo, junto a la Casa Museo Grau,  ha lanzado  recientemente la Cruzada de Valores: ¡Miguel Grau persona honesta ¡ (…) ¿Y Tú?, para fortalecer los valores ciudadanos en los niños, niñas y adolescentes de la Región Piura, a través del trabajo articulado y activo con otras entidades del Estado e instituciones de la sociedad civil de la región. En la campaña se resalta la figura de Miguel Grau Seminario, como una persona honesta.

La campaña ¡Miguel Grau persona honesta ¡ (…) ¿Y Tú? tendrá cuatro momentos: 1. Constituir una Red de entidades e instituciones de la región Piura comprometidas con la promoción de valores ciudadanos.2.Articular esfuerzos conjuntos dirigidos a promocionar una cultura de valores, 3. cohesionar las múltiples iniciativas interinstitucionales bajo el ejemplo de Miguel Grau Seminario, quien con su coherencia de vida, vincula los compromisos personales e institucionales por una sociedad basada en valores, 4. Lograr la sostenibilidad de este proyecto en el tiempo, propiciando que las instituciones (públicas o privadas) y la sociedad civil lideren este trabajo de manera alterna y de forma anual.

La iniciativa es loable, y  denota una preocupación  de la sociedad piurana –representada por diversas instituciones – por trabajar conjuntamente para  que  los niños y jóvenes piuranos  fortalezcan  sus valores ciudadanos, teniendo a Miguel Grau  como el paradigma del ciudadano que el Perú necesita.

El Caballero de los Mares  es un magnífico referente. Todos  estamos orgullosos de su actitud heroica en defensa del Perú.  En esa línea, es importante recordar que el acto heroico del 8 de octubre  fue  el culmen de esa personalidad fuerte,  forjada en la lucha diaria, en las virtudes vividas con naturalidad desde su infancia y en ese vehemente deseo de servir a la Patria, que ha trascendido hasta nosotros.

Desde esa perspectiva,  señalamos que los valores no se imponen  ni se improvisan, sino que exigen  educación, experiencia, cultivo,  apoyo, y compromiso para que se  consoliden en las personas y se sustenten en la sociedad. Entonces, la campaña requerirá que cada una de las instituciones comprometidas  no se limite a señalar los valores que deben fortalecer los niños y jóvenes, sino que los vivamos y experimentemos en la actuación diaria en nuestras respectivas instituciones.

¿Somos personas honestas?

Quizá todos respondamos que sí; sin dudarlo. Pero si revisamos su significado, la respuesta no sería tan rotunda. La honestidad constituye una cualidad humana que tiene una estrecha relación con los principios de verdad y justicia y con la integridad moral. La honestidad es el fin de los actos humanos y de la conducta moral de la persona y de la comunidad humana.

La honestidad está relacionada con la ética,  como actitud de vida, que nos permite apostar personalmente por la excelencia humana, optar libremente  por el bien,  y la verdad, para lograr el bienestar  de  la sociedad. La persona tiene la obligación de ser ética, de reconocer que sólo, como afirmaba Sócrates, cuando elige ser honesta y buena,  puede conseguir lo que representa  su verdadero beneficio.

En palabras sencillas, diremos que las personas honestas tratan  de cumplir siempre su deber de la manera más idónea y en el momento más oportuno, en los distintos roles – padres, autoridades, profesionales, amigos etc. – que desempeñemos en la sociedad,  a pesar de las dificultades.

¿Quiénes  podemos educar?

La familia es la primera y la más importante fuente para la educación en valores,   con la naturalidad de vida y el cariño de los primeros años, y el conocimiento del qué,  el por qué  y el  para qué  de cada uno  de los valores (criterio ético) y  su encarnación en virtudes  personales en la adolescencia y juventud. Si nos inculcan el valor de la justicia,  vemos que  nuestros padres son justos en sus acciones,  luego intentaremos ser justos   en cada una de nuestras acciones humanas y aunque haya batalla interior,  su práctica habitual hará  que finalmente  tratemos de ser justos  y que nos cueste cometer injusticias, pues, con ella dañamos a otros  y  devaluamos nuestra personalidad; y,  además, exigiremos justicia.

Junto con el  ejemplo  de los padres, está el de los profesores, los jefes, nuestros colegas,  y   de todas las personas con autoridad  que conocemos y nos rodean.

Todos  podemos  enseñar  valores con una actuación coherente de vida, acorde con lo que pensamos y decimos ser: si defendemos a la familia, no aboguemos por el aborto ni neguemos  la paternidad  a los hijos.  Con  una unidad de vida,  con semejante jerarquía de valores en la vida personal y de  familia, como en la vida pública.  Con una  actuación libre y voluntaria sustentada  en principios  y convicciones y no en conveniencias  o intereses personales o particulares;   y   seguro que cometeremos errores y equivocaciones, pero nuestra conciencia formada, nos permitirá  reconocerlos y enmendar, sin excusarlos y menos delegarlos.

 La calidad humana de Grau

La promoción de los valores necesita también de una visión antropológica de la persona humana –con  una naturaleza existencial y espiritual–, que nos lleva a respetar la dignidad de cada una de las personas y a no considerarlas como medios o instrumentos que nos sirven para obtener beneficios, favores, utilidades.  Esta visión se refleja en la calidad humana de Grau, en su generosidad que trasciende hasta el enemigo en situación de guerra. Tal vez nunca nos encontremos en la situación de dar  la vida (física)  por nuestra patria, pero creo que  no hemos hecho   los suficientes esfuerzos para  asimilar todas aquellas  virtudes  de su calidad humana  en nuestras vidas  personales para servir al Perú.

Las anteriores, son solo algunas ideas para iniciar  esta formación ética en todos los niveles: en el hogar, las escuelas, las universidades, las empresas, las organizaciones, los partidos políticos, la gestión pública etc. Los niños y jóvenes deben experimentar la satisfacción de hacer las cosas bien  y estar convencidos de que  la elección libre del camino correcto –ética, no derecho–  nos beneficiará como personas y nos permitirá ir orientando la brújula de la sociedad  hacia el bien, como finalidad humana.

Pintémonos la cara, color esperanza, como dice la canción de Diego Torres, y ¡apostemos ya  por ese cultivo de valores en la sociedad piurana!