Hoy se cumplen 2 años de su muerte

Las enseñanzas de Don Rafa siguen vivas en la UDEP

Hoy, cuando se cumplen los 2 años de la partida de don Rafa, habrá clase, pero docentes y alumnos harán pequeños altos para recordar y homenajear al ilustre maestro.

“He tratado de enseñarles lo que me enseñó a mí Miguel Samper: la clase está primero que todo”. Estas palabras que el ingeniero Rafael Estartús remarcara en las conversaciones con otros profesores universitarios las ha aprendido muy bien la familia de la Universidad de Piura.

Hoy, cuando se cumplen los 2 años de la partida de don Rafa, habrá clase, pero docentes y alumnos harán pequeños altos para recordar y homenajear al ilustre maestro. A las 9.30 a. m., la delegación irá al cementerio Parque del Recuerdo para llevar una ofrenda floral; a las 10.50 a. m., y solo por 10 minutos (como es la tradición), se realizará el balconazo; y a las 12.55 p. m., se celebrará la misa en su memoria, en el Oratorio del Campus Piura.

Ingeniería y Don Rafa

En el recuerdo, con los docentes y amigos de la Facultad de Ingeniería.

Don Rafa vive
“Fue un excelente maestro, un gran escritor”, dice el profesor Omar Hurtado, sobre Don Rafa. Es lo que destaca del ingeniero español que llegó a Piura en 1973, para dictar el curso de Geometría. No tenía idea de que terminaría siendo cautivado por esta ciudad y por la calidad de estudiante que encontraría.

Para este pionero de la UDEP, el alumno piurano era especial. “Es de los mejores del Perú y del mundo. Cuando he sido Decano y los he apoyado en cosas en las que tenía razón, me lo han agradecido, cosa que a mí me ha conmovido. Son nobles, y como ellos, hay mucha gente noble aquí”, dijo en una entrevista el 2012.

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Un maestro exigente que pensaba en formar mejores personas, mejores profesionales.

Admiraba la Universidad y el esfuerzo de quienes lograron hacerla realidad y crecer. Cuando surgió la iniciativa de fundarla tenía ciertas dudas de esta aventura, confesó en una oportunidad, recordando la experiencia de ser parte de la UDEP. “Estaba un poco asustado, pensaba que crear una Universidad demandaría mucho dinero. Además, en ese momento los marxistas estaban tomando carreteras y universidades. Nos meteríamos en un barullo”, pensaba.

Como hombre de fe vio crecer la UDEP, dejando de ser un desierto para llenarse de vida. “Mira, yo lo he visto como un milagro. Hemos ido creciendo gorreando bastante de Italia, de España: unas veces son los vascos, otras los valencianos, y así, por ejemplo, hemos hecho el edificio de Educación, la Escuela Tecnológica, y así sucesivamente”, contaba.

Sus alumnos lo recuerdan
Las frases de Don Rafa son constantemente recordadas por quienes fueron sus discípulos, ya sea como docentes (porque consideran que siempre aprendían de él) o como  estudiantes. El ingeniero Alejandro Ancajima recordó hace un año las palabras que el ingeniero Estartús le sembró en el corazón: “El éxito en la tierra es llevar a la gente al cielo”.

La ingeniera Isabel Chiyón destacó: “El trabajo de mil con el ruido de uno”; “Aquí no queremos genios. Solo quiero gente que tenga dos dedos de frente y mucha perseverancia”.

El ingeniero Wenceslao Núñez contó hace unos meses que lo marcó el ejemplo de Don Rafa. “Me decía: ‘Tú, como joven docente, debes entender que un alumno aprende más en el día a día, con tu ejemplo, que enseñándole en la pizarra’. Esas palabras han estado presentes desde aquel día”.

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En un tradicional ‘balconazo’.

Un amigo ejemplar
Sus amigos también han destacado sus cualidades mientras don Rafa vivía y también después de su muerte. Uno de ellos es el poeta y literato español José Ramón de Dolarea, quien le dedicó un poema a Don Rafa por sus 80 años. “Rafael mira contento, desde los ojos del alma: Hubo esfuerzo, amor y calma, Cada cosa en su momento. Fuiste ensenada y fermento, paciente con alegría. Rafa, yo destacaría en tu humildad, la experiencia, el tesón, la competencia primor de la Ingeniería”

El doctor Francisco Bobadilla resumió en un artículo la grandeza del ingeniero Estartús. “Con la elegancia de las almas grandes sabía adelantarse al servicio, en lo pequeño o en lo extraordinario. Era de esos talantes que gozaban en la donación, no se guardaba cosas para sí. Le calza como anillo al dedo aquella canción de los Chalchaleros: “Corazones partidos, yo no los quiero, cuando yo doy el mío, lo doy entero”. Así fue Rafael, un hombre íntegro, sin doblez ni engaño”.

Dos años después de su muerte,  don Rafael no se ha ido… Vive en cada corazón de la Universidad de Piura: “Sé que he ganado el aprecio de muchos”, dijo en aquella última entrevista. Se lo sigue ganando.