Ing. Juan Carlos Fahsbender

“Las mayores pérdidas se producen por la ineficiencia”

El profesor Juan Carlos Fahsbender señala que aunque existen los portales de transparencia, con información importante sobre la organización, pocos la leen y entienden. Recomienda difundir también indicadores individuales.

La divulgación abierta y el monitoreo diario del Plan Operativo Institucional (POI), basado en números concretos y objetivos, sería una herramienta limpia y transparente de control ciudadano  y político sobre la entidad,  funcionarios y servidores públicos, anota el Ing. Juan Carlos Fahsbender, docente de la UDEP.

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Fahsbender, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Piura, señala que si bien existen  los portales de transparencia, en los que se publica el presupuesto, los planes estratégicos y documentos de gestión, estas son cosas que “pocos leen y menos entienden”. Por ello, recomienda que se difundan también: indicadores individuales,  de la unidad orgánica, de la entidad en su conjunto. Señala que la implementación puede resultar costosa pero que el beneficio es cientos de veces mayor que el costo.

Precisó que las mayores pérdidas que se dan en las organizaciones se debe a la “ineficiencia y la ineficacia y,  en un país con tanta pobreza, es una inmoralidad  monumental. A eso  le llamo corrupción pasiva”.

Para generar eficiencia y eficacia
Fahsbender, con experiencia en consultorías a más de 100 entidades públicas y privadas del país, explica que para cada servicio se podría construir una cantidad razonable de  indicadores de eficiencia y eficacia en una institución, de modo que puedan ser utilizados. Afirmó que, actualmente, “hay  incapacidad para identificar los servicios, porque  la misión, la Visión y los objetivos estratégicos no están claros y ello conlleva a distorsiones: la no prestación de servicios;  entidades que piensan que son recaudadores de impuestos; confusión funcional en lo servidores públicos, que los lleva  a la inacción  o a la acción irrelevante: firmar documentos sin añadir valor, o conformar ‘comisiones de trabajo’ para evadir responsabilidades profesionales”.

Agrega que líder político o autoridad debe cumplir un rol importante  en la elaboración el Plan Operativo Institucional (POI), para el planeamiento y diseño de los servicios. “De acuerdo a este plan se presupuesta, se compra, se gasta, se actúa, se mide, se corrige, y se evalúa la eficacia y eficiencia de la entidad, y hasta del  personal: pero 90% de las entidades no lo toman con seriedad, o no saben cómo construirlo y gestionarlo. O no les conviene”, anota.

¿Cómo evitar la corrupción?
El docente de la UDEP explica que no hace falta crear más mecanismos de control, pero sí hay que perfeccionar el modelo de planeamiento, de organización y de gestión de la Contraloría General de la República. “Pienso que el Contralor  también está confundido: cree que su misión es ‘asustar’ o meter presa a la gente. Su función es prevenir que nadie vaya preso. Si trabajaran con las entidades públicas para determinar los servicios e indicadores  y, sobre ello controlar,  la historia sería diferente a la actual: millones que se han birlado y miles de millones que se han  y se siguen malgastando,  sin lograr impacto alguno”.

Señala que si la CGR se dedica  a lo importante, puede verificar con agilidad si la obra está sobrevalorada, si las cartas fianza son auténticas; controlar sus fechas de vencimiento; si el empresario se arriesga a pagar  la coima, con el presupuesto real, la obra no podrá ser terminada y, por tanto, perderá cuando le ejecuten las cartas fianzas. “Queda el riesgo de que la obra sea de mala calidad, para extraer el monto de la coima: pero si la CGR participa en la fiscalización física, durante la ejecución de la obra, y no solo en papeles, el riesgo es menor”, subraya.

Por otra parte, Fahsbender Céspedes indicó que para frenar la corrupción no hacen falta más leyes, inclusive, dice, habría que derogar la que acaba de promover la Contraloría para que haya cárcel efectiva para los ‘corruptos’. “No tienen indicadores para medir ni aplicar ese adjetivo. Es una medida efectista y desesperada pues sus indicadores de eficiencia y eficacia de ‘control’  están en los suelos, desde hace años. Lo único que está logrando es que no se ejecute el presupuesto público, mientras muchos niños peruanos mueren literalmente de hambre. Los órganos de control, deben iniciar una reingeniería con urgencia y no les falta presupuesto para hacerlo”, acotó.