Negocios inclusivos

Para combatir la pobreza, ha habido algunos esfuerzos con visión de sustentabilidad, pero superficiales, que no ahondan en el problema. La vida humana es compleja y dinámica y la justicia social debe prestar atención a los más desfavorecidos. Claudia Becerra, del Grupo ACP-Perú, describe: “la pobreza es un conjunto de exclusiones: exclusión al capital, al conocimiento, a los seguros, a la vivienda digna, a los mercados, a la comunicación y a la tecnología”.

Para Germán Scalzo -profesor de la Universidad de  Navarra-,  la pobreza no ha existido siempre,  “es un corolario de la configuración que adoptó el mundo occidental en la modernidad, cuando comenzó a imponerse una visión «cuantitativista» de la realidad social.” Por eso, cuando todo se quiere traducir en términos de dinero, lo más probable es que se tenga una visión materialista del mundo, instrumentalizando a la persona  sin respetar su dignidad.  Benedicto XVI precisa: “No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo”. Entonces, “no se  debe considerar a los pobres como un ‘fardo’, sino como una riqueza incluso desde el punto de vista estrictamente económico”,  lo cual reclama un nuevo paradigma para enfrentar esta situación.

Base de la Pirámide

Actualmente, en el mundo empresarial, cuando una empresa se publicita con buenas prácticas de Responsabilidad social (RSE), llama a un grupo de sus trabajadores u obreros bajo el término “Base de la pirámide” (BdP). Esta BdP se caracteriza por habitar en ámbitos rurales o en suburbios de las ciudades, carecen de provisiones de alimentos, agua, vivienda, asistencia médica, educación y otros bienes necesarios para el desarrollo de una vida digna. Se trata de un grupo en riesgo de desnutrición y vulnerabilidad financiera que les impide participar en la economía; por ello, el  Estado y las ONG  lo tienen que subsidiar.

De allí que estas empresas con Responsabilidad Social han encontrado en los “Negocios Inclusivos” una solución al problema. En Perú, existen empresas dedicadas a la formación y capacitación para estas BdP, que las  convierten en empresas competitivas y rentables con una misión social y eficiencia empresarial.  Esta práctica debe responder al hecho de que las empresas con RSE consideran a su organización de personas insertas en esa sociedad y, por lo tanto, comprometidas con su desarrollo. La empresa se convierte en generadora del crecimiento económico y contribuye al bien común de sus “stakeholders”.

Negocios inclusivos

Siguiendo el pensamiento de Scalzo, para que un negocio se considere inclusivo debe de ser económicamente rentable, ambiental y socialmente responsable,  para que realmente mejore  la calidad de vida de las personas de bajos ingresos. Es económicamente rentable cuando es autosustentable en sí mismo, sin depender de subsidios o  es susceptible de competir según las leyes del mercado. Se requiere de una gestión responsable en lo social y ambiental, que controle el impacto de la actividad de la empresa en el entorno en el que se desenvuelve.

En Perú, la Fundación Avina  -por ejemplo- ofrece  un Programa de Negocios Inclusivos que describe así: “iniciativas económicamente rentables y ambiental/socialmente responsables que utilizan los mecanismos del mercado para mejorar la calidad de vida de personas de bajos ingresos al permitir su participación en la cadena de  valor como proveedores de materia prima, agentes que agregan valor a bienes o servicios, o vendedores/distribuidores de bienes o servicios; y/o su  acceso a servicios básicos esenciales de mejor calidad o a menor precio; y/o su acceso a productos o servicios que les permita entrar en un ‘círculo virtuoso’ de oportunidades de hacer negocios o mejorar su situación socio-económica”.

No es filantropía

Para que un negocio sea Inclusivo este  grupo, de la Base de Pirámide, deberá participar en alguno de estos modos:

  1. En la cadena de valores de la empresa: como proveedores de materias primas, agentes que agregan valor a bienes y servicios o como vendedores o distribuidores de los mismos.
    2. Ingresando al mercado o participando en la economía: que es similar al anterior, pero en este caso la empresa forma parte de la cadena de valor de los MYPE o micro emprendedores.
  2. Servicios básicos. Las comunidades de bajos ingresos, con la ayuda de las ONG, conforman empresas sin fines de lucro.

En conclusión, no hay que confundir la práctica de la  Responsabilidad social  y la ética empresarial  con la filantropía o el incumplimiento de las normas establecidas de “no contaminar”, “pagar salarios generosos”, “tener un buen clima laboral”, “regalar cosas”, etc. Se debe buscar la ventaja competitiva, en el tiempo, de los negocios inclusivos, en bien del desarrollo de la sociedad, especialmente de la clase más pobre  y de las utilidades de la organización.

Las autoridades peruanas deberían resaltar estos ejemplos de empresas que sí saben vivir la Responsabilidad Social y animar a las que aún no lo hacen, para que asuman este reto e involucren a los peruanos desempleados o a quienes trabajan informalmente. Sería una manera de ayudar a las personas de menores recursos a romper el “círculo de pobreza” en que se encuentran y llevarlos a un “círculo virtuoso” de oportunidades de hacer negocios, para mejorar su situación socio-económica y empezar a vivir con la dignidad merecida.

Anexo 1

DOLE – Bananos

Dole es la empresa comercializadora de hortalizas más grande del mundo. Ingresa a Piura por la producción de banano de primera calidad. Encontró un escenario complejo, un número amplio de pequeños productores desarticulados y asociaciones débiles, cuando su experiencia se centraba en el trabajo con grandes productores.

Dole encontró que era diferente negociar con 700 productores pequeños de Piura que con sus proveedores tradicionales en otros mercados. ¿Qué hizo? Gestionó sus chacras, compró banano en el árbol. Dole tenía que cortar, embalar, exportar, etc. Cambió su proceso operativo, se complicó porque no confiaba en el pequeño productor. Certificó las chacras, pero la certificación no era del pequeño productor. En consecuencia, pasaron 10 años de dolores de cabeza, que implicaba contratar más empleados, hacer un proceso al que no estaba acostumbrado y, la cantidad de banano producido era poca, para el esfuerzo desplegado. La pregunta era ¿cómo incorporar al pequeño productor? Primero se organizaron; luego, fortalecieron las organizaciones; y, finalmente, capacitaron a los pequeños productores.

Hoy existen nueve asociaciones, 1700 productores, y Dole acopia menos veces. Los certificados orgánicos se transfirieron a los pequeños productores quienes decidieron venderle a Dole el banano FOB o a otro. Se espera que pronto sea venta CIF. Este caso refleja la lealtad que se genera cuando ambas partes hacen negocios. El cambio de estrategia se convirtió en un Ganar-Ganar en el que los pequeños productores se volvieron dueños de sus negocios con certificaciones y conocimientos.