Nuestra metamorfosis frente al televisor

Las noticias positivas de la realidad nacional o mundial no abundan. Quizá por esta razón, varias campañas publicitarias las utilizan como un ingrediente raro e innovador; como Nestlé, en la campaña de su chocolate Sublime: “hay buenas noticias por todos lados y Sublime quiere compartirlas”. O, la de RPP, “importante para ti… importante para RPP”, en la que narra diferentes historias que van desde una señora que dio a luz a su primer bebé o la de un joven que es ascendido en su trabajo.

El lunes 21 de setiembre, el conductor de un noticiero matutino peruano anunciaba un enlace en directo, en el que entrevistarían a un adolescente de 13 años que obtuvo el primer puesto en el examen de ingreso a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, dejando atrás a 26 919 postulantes. Era la tercera vez que ingresaba. Desde los  11 años rendía este examen y como no puede reservar matrícula para cuando termine la secundaria, sigue dándolo, a modo de preparación y para medir su nivel de conocimiento. La imagen del brillante joven y de su orgullosa madre, acompañaban el anuncio.

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Se anunciaba también que después de ese enlace iniciaría el bloque de espectáculos. Cuando dieron pase a la presentadora de dicho segmento, antes de saludar al público y dar los titulares, no resistió comentar la noticia del joven talento, con tono sarcástico y burlón: “Y el colorao no tiene cara de chancón para nada”.

Al volver de los comerciales, abren el bloque con la nota de la detención de dos estudiantes universitarios que habrían violado a una chica a la que ofrecieron llevarla a su casa, después de una fiesta en Mamacona. Y, por supuesto, la conductora de espectáculos no tenía ningún comentario entonces. Lo único rescatable es que no hayan elogiado los atuendos y los peinados a la moda de los supuestos violadores porque esto los haría candidatos seguros para participar en algún reality nacional.

¿Qué sucede? Los conductores de noticias están tan acostumbrados a informar sobre la violencia, para calentar la antena (elevar el rating), que se han acostumbrado a los hechos grotescos. Y cuando informan sobre alguna buena noticia, no atinan a comentar algo apropiado.

El origen de la fuerza televisiva

A mitad del siglo pasado, la televisión llegó a los hogares para quedarse. Raymond Williams, catedrático de origen galés, que buscaba una visión más sociológica de la televisión, explicaba que antes de este medio, el telégrafo, el teléfono y la radio, ya cumplían con el papel de la transmisión de información a distancia.  Por otro lado, en cuanto a definición de imagen y sonido, el nacimiento de la televisión no reportaba ninguna mejora significativa ni se podía considerar un salto de innovación tecnológica.  Ya la fotografía, el cine y la radio, como medios, poseían y empleaban los elementos que constituyen el lenguaje de la comunicación televisiva.

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Este medio nacía entonces, con serias desventajas. Su influencia y poder nacen por su tremenda capacidad de llegar e ingresar a muchos hogares y por su difusión visual, que lleva al ser humano, un paso más cerca de la experiencia de una realidad representada (sea de ficción o de no ficción). Uno de los valores del fenómeno televisivo es la movilidad de personas y mercancías. Redes de comunicación nacen de este valor. Hoy, el público siente una urgente necesidad de saber qué ocurre en el mundo porque puede haber intereses económicos o personas por las que se pueden preocupar.

George Gerbner se preguntaba con frecuencia ¿qué implica estar siempre en presencia de la televisión? , durante sus investigaciones sobre cómo las tendencias de contenidos televisivos afectan a los televidentes. En la presencia permanente de la televisión, las audiencias tienen una exposición a patrones consistentes, sostiene . La televisión es una eficiente suministradora de imágenes coherentes. Concepciones de la realidad que son suministradas y que son comunes a grupos muy distintos de personas. Uno de los efectos de vivir con la televisión, concluye este estudio, es que las sociedades sean más homogéneas.

Tenemos cada vez más canales y aparentemente una mayor diversidad de contenidos, pero según Gerbner, esta diversidad es mínima estructuralmente hablando. Las audiencias principales están reunidas alrededor de un grupo muy pequeño de canales cuyas programaciones son estructuralmente similares y se dirigen a la misma audiencia. Tal vez por eso, en el Perú predomina la falta de originalidad en los canales competidores, que se limitan a copiar o a comprar el mismo tipo de programas y el mismo tipo de mensajes que han funcionado a la competencia o en el extranjero. Esto es, que han alcanzado elevados índices de rating, no se consideran los efectos en la sociedad o la industria del entretenimiento.

La televisión Vs. nuestra visión del mundo

En la película Detachment (2011) del Director Tony Kaye, el protagonista, Henry Barthes, interpretado por Adrien Brody, intenta explicarle a un grupo de estudiantes de secundaria, el efecto de los medios de comunicación sobre sus mentes. El profesor explica la idea del pensamiento doble o doble pensar (doublethinking en inglés), un neologismo que introduce George Orwell en su obra 1984 y que consiste en creer deliberadamente en una mentira a pesar de que sabemos que lo es.

Aunque se sabe que ese concepto (doble pensar) se extrae de una obra de ficción literaria, hay varios ejemplos que pone el personaje, que se aplican al día de hoy: “necesito ser bonita para ser feliz”; “necesito de una cirugía para ser bonita”; “necesito ser delgada, famosa y estar a la moda”. El profesor les explica a sus alumnos que a los jóvenes de hoy se les dice (en los medios) que las mujeres son objetos para ser utilizados, sexualizados, golpeados y humillados. Las personas que se encuentran en el poder (que viene del manejo de la economía de la sociedad y no de la política), trabaja sin descanso para entorpecer al público.

Las ideas volcadas en esta historia de ficción coinciden en este aspecto con las conclusiones del proyecto de investigación de indicadores culturales, de George Gerbner y Larry Gross, que desarrollaron la teoría del cultivo. Esta teoría propone que mientras más tiempo está expuesto el público al mundo de la televisión, más fácilmente creerá que la realidad social se parece a la retratada en la TV. Una de sus principales conclusiones fue el Mean world syndrome o síndrome del mundo cruel, como efecto de la visión distorsionada y violenta que presentan los medios, en la ficción, el entretenimiento y la información. ¡Eso es lo que genera rating!

Ahora menospreciamos la inteligencia, cuando en el pasado la fomentábamos.  Y  en vez de alabar y promover el esfuerzo y el conocimiento, este es motivo de burla (y de bullying).  Los programadores de contenidos en la televisión, saben que el público encontrará entretenido ver cómo un joven peruano desconoce datos y personajes de la historia básica del Perú o de la más mínima cultura general.  Lo cierto es que las respuestas descabelladas, producen risas en los realities, simplemente porque es mejor que la vergüenza la pase otro y no uno mismo. Respuestas similares se darán en el Congreso de la República y en la vía pública, cuando un reportero, micrófono en mano se lanza a hacer cualquier pregunta de cultura general.

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Nuestro sistema educativo que se basa en la repetición y la memorización, no fomenta la imaginación y priva a los niños de la posibilidad de expandir sus mentes; por otro lado, la convivencia permanente con los medios de comunicación es otro factor que influye poderosamente en este aspecto. ¿Para qué se van a imaginar algo si ya los medios lo dan en imagen procesada, 24 horas al día, 7 días a la semana y 365 días al año. Además, es un hecho que en los medios se promueven modelos de comportamiento que valoran y consideran más importante la popularidad, la forma de vestir, el peinarse o despeinarse, la moda y una silueta que sigue los patrones estéticos de esta industria, que ser una persona capaz, inteligente y de valores sólidos. ¿Todo esto culpa de la televisión? No. ¿Tanto poder tiene este medio? Sí. Pero podemos revertir la situación, promoviendo en los jóvenes a que usen su criterio y ganen una visión crítica de las cosas que les llegan a través de los medios, fomentando una cultura de valores y evitando que se manipule la opinión pública, a través de contenidos de pobre calidad.