OSCAR 2015: y la ganadora es… ¡Boyhood!

Alejandro Machacuay, experto en arte y estética cinematográfica de la Facultad de Comunicación, analiza las películas que se perfilan como ganadoras de los Premios Óscar 2015.

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Foto: Rodrigo Rodrich

De las ocho nominadas a mejor película, dos son mis preferidas: Boyhood y Birdman. Si tuviera que elegir, me quedaría con Boyhood. Luego está Gran Hotel Budapest, de West Anderson, pero su estilo preciosista ya resulta reiterativo. Otra de mis preferidas es Whiplash pequeña gran película independiente, con una dirección y montaje impresionantes y la magistral actuación de JK Simmons,  gran favorito a ganar el Oscar como mejor actor de reparto.

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Las otras cuatro nominadas son: Selma, Francotirador, El código enigma  y La teoría del todo,  películas narradas de manera convencional e incluso de fórmula; que replican esquemas para contar una historia. Esto no significa que  sean malas; tienen su singularidades que las hacen buenas, como las historias particulares que cuentan. Se basan en personajes reales en un contexto concreto de la historia; son buenas en cuanto a actuaciones, uso de la música, sonido y fotografía. En ellas, el espectador se engancha con la historia y con el personaje por la carga emotiva que tienen estos films.

Boyhood es una joyita cinematográfica; es mágica y, a la vez, real casi documental. Su realización y producción han sido una cuestión de fe en el cine, una apuesta nada fácil de su director, Richard Linklater, quien ha llegado a buen puerto a costa de paciencia, fe y liderazgo. Linklater ya había llamado la atención grabando (con los mismos actores) una trilogía romántica: “Antes del amanecer” (1995), “Antes del atardecer” (2004) y “Antes de la medianoche” (2013) que cuentan los encuentros de una pareja en tres momentos distintos, en un lapso de 18 años. El tiempo transcurrido en la historia del film son iguales a  los ocurridos en la vida real.

En Boyhood va más allá, rueda una semana cada año, durante 12 años  con los mismos actores. Cuenta la historia de una familia desde la mirada del hijo, desde que está en la primaria hasta que ingresa a la universidad. Se nota que es una película personal, Linklater se inspira en su experiencia como padre y en su fascinación por el mundo de la niñez; rodó su película en su Texas natal. Es un claro ejemplo de cine independiente (norteamericano). Tuvo un presupuesto de dos millones cuatrocientos mil dólares; doscientos mil por año, trabajó con actores amigos como Ethan Hawk (protagonista de su trilogía) y con su hija Lorelei Linklater.

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Es mágica y real a la vez porque cuenta una historia simple, el día a día de una familia; nada extraordinario: la vida en la escuela, los paseos de fin de semana, los encuentros familiares, los primeros amores, las cuentas que hay que pagar, la celebración de cumpleaños. Pero, a la vez, Boyhood  es una radiografía de la clase media estadounidense y de dos décadas, del 2002 al 2024,  que Linklater refuerza con la música de bandas como Coldplay, The Black Keys o Arcade Fire y de referencias históricas y culturales de los EE.UU.

Linklater dirige a sus actores de manera extraordinaria; logra que interpreten sus papeles de manera natural, apoyados en unos diálogos  muy simples y cotidianos, con guion nada férreo ni preconcebido. Patricia Arquette se luce actuando como una madre que lucha para sacar adelante a sus hijos. Hay algunos movimientos de cámara muy sublimes, que nos recuerda a los usados en la mencionada trilogía.

Una comedia visual y sonora

Birdman  es todo lo contrario a Boyhood, es una comedia negra intensamente visual y sonora. Su director Alejandro González Iñarritu nos cuenta la historia de un actor en decadencia que  vive del recuerdo y trata, a toda costa, de recuperar la fama perdida, recordándonos a Sunset Boulevard, la obra maestra de Billy Wilder. La película está hecha a base de planos secuencias (trucados por supuesto) que nos recuerda a la película francesa Irreversible. En este sentido, González Iñarritu va a contracorriente con la tendencia actual del montaje fragmentado, principalmente, en los films de superhéroes.

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Este recurso no es nuevo, pero se agradece el giro o quiebre que hace el realizador en complicidad de su  director de fotografía, su paisano Emmanuel Lubezki, también nominado por esta película. Fue ganador del Oscar el año pasado por Gravedad y nominado también por el Árbol de la vida. Los planos secuencias se hacen con unos movimientos de cámara que llevan al espectador por los distintos ámbitos donde se mueve el tortuoso personaje protagonista: los pasillos del teatro, los camerinos, el escenario, las calles. También hay planos fijos preciosos para dar entender el transcurso del tiempo.

Birdman, además de muy visual, es muy sonora (está nominada a mejor sonido y efectos sonoros). Los sonidos son también protagonistas de la obra: el sonido recurrente de la batería, la voz estruendosa del ego,  hasta la música que refleja el estado del personaje principal.

Todo el elenco de la película es formidable; no en vano hay tres candidatas por actuación: Michael Keaton, a mejor actor; y Edward Norton y Emma Stone a mejor actor y actriz de reparto, respectivamente. También llama la atención la  actuación espectacular de Zach Galifianakis, quien generalmente hace de ‘tonto’ en comedias.

El tiempo dirá si estás dos obras se consolidarán como piezas importantes del cine. Ahora toca resaltarlas, aunque haya quienes crean que están sobrevaloradas.