Emoción y alegría en tierras desconocidas

Peregrinos de la UDEP en busca del mensaje del Papa Francisco

La distancia que nos separa de Ecuador, la acortó el Papa Francisco. Varios grupos de universitarios y familias de la UDEP cruzaron la frontera para escuchar a Su Santidad.

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Perú estuvo presente en la gira Latinoamericana del Papa Francisco. Cientos de piuranos, movidos por la fe, mochila al hombro, salieron hacia Guayaquil, con la esperanza de ver al Santo Padre. La emoción con la que regresaron es mayor a la que les llevó a partir en la aventura peregrina. Les pasó de todos y no solo vinieron cargados de esperanza y de fe, sino también de anécdotas. La más importante: ¡lograron ver al Papa!

Tiempo de decisiones
La decisión de viajar contagió a unos y a otros, que sumando la inquietud de ver al Papa llevó a estudiantes, docentes, familias allegadas a la UDEP, a unir voluntades para salir de Piura.

“El Papa estaría tan pero tan cerca que no viajar para verlo y recibir su bendición era algo de lo que después me iba a arrepentir. El ambiente entre el grupo de universitarias era tal que por eso me animé, así que me embarqué rumbo a Guayaquil con casi 40 estudiantes”, comenta Rosario Córdova, del Centro Universitario Médico.

“En mi caso, quería que las universitarias, incluyéndome, vieran al Papa y lo escucharan para poner en práctica lo que iba a decir, vivirlo y transmitirlo a nuestras familias y amigos.  Tuvimos mucha suerte porque muchas chicas de nuestros grupo lo vieron muy cerca: su paz, su serenidad, en una palabra su Santidad, eso era lo que comentaban todas las chicas, veían al Vice Cristo”, menciona Alma Rosa Machuca Maza, quien viajó con una delegación de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.

“Siempre sigo al Papa en las noticias y sobre todo en sus publicaciones. Conocí a San Juan Pablo II, a  Benedicto XVI y ahora quería conocer también al Papa Francisco… No teníamos idea de que vendría a Sudamérica y, en cuanto lo supimos, todo se orientó a lograr los medios y planes para ir a Ecuador,  además el presupuesto estaba a nuestro alcance. Nuestra meta se acercaba: ¡Conocer al Papa en persona! “Yo solo quería hacerme un selfie con él.”, confiesa Esther Yaksetig, de la Biblioteca Central.

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Jóvenes de la Universidad se fotografiaron con una silueta del Papa en Guayaquil.

Y la aventura comenzó
Entre las delegaciones iban jóvenes, niños, adultos y mayores; alumnos, docentes, exalumnos; todos con distintivos peruanos para hacer sentir la presencia del Perú. El peregrinaje estuvo cargado de aventuras. A algunos les costó lágrimas, a otros dolores estomacales; hubo quienes la pasaron mejor, pero todo valió la pena.

Karen Barreto Gallo, exalumna de Ingeniería, mostró la perseverancia y la fe en el viaje. Su mamá que había sido de las más entusiastas de la familia, se enfermó unos días antes de la salida. Inició el viaje con sus 3 hijos y su suegra, en un grupo; pero sin su esposo Denny, quien estaba contado en el peregrinaje pero no pudo llegar a tiempo para la salida porque su vuelo de Lima se retrasó. El problema se presentó en el control de migraciones. Como el papá no viajaba le exigieron el pase notarial de los menores. Al no tenerlo, no los dejaban pasar a Ecuador.

“Mis hijitos comenzaron a llorar con mucho sentimiento, entonces a mí se me partía el alma verlos así pero tenía que darles ánimo, les decía esperemos a papito mañana. La gente nos ayudó a no perder la fe y no sé cómo hicieron nuestros amigos pero finalmente nos dejaron pasar a todos”, narra.

Mercedes Herrera, de la Facultad de Derecho señala que aunque en el viaje de ida les fue muy bien, “pasaron las típicas cosas, por ejemplo muchas nos mareamos. Tuvimos que parar a comprar gravol en una farmacia. Menos mal que iba con nosotras Nativé Zelada, doctora del policlínico”, refiere.

Esther Yaksetig destaca algunas de las varias anécdotas que pasaron en esa preparación. “María Alejandra, una universitaria, al no pagar a tiempo quedó fuera  y lloró desconsoladamente pues el problema era que todos sus familiares se habían unido para hacer una bolsa de viaje que le permitiera viajar a ver al Papa. Por la generosidad de una profesional, Yenny que decidió cederle su cupo,  pudo viajar. Otra alumna perdió el DNI antes de viajar y llevaba solo el  comprobante del banco; una se enfermó horas antes del viaje y ya no pudo acompañarnos”, detalla.

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A esperar
Tras la llegada de los grupos, vino la gran aventura: instalarse en los hospedajes y salir de inmediato, muchos con carpas en mano, para buscar una ubicación que les permitiera ganar una buena ubicación en la misa que el Santo Padre ofrecería en el Parque Samanes.

“Al parque llegamos a las 11:00 p.m. y reventaba de gente. Estratégicamente nos ubicamos muy cerquita a la valla por donde pasaría el Santo Padre porque era la oportunidad de verlo cerca. Sabíamos que para la Misa jamás nos iban a dejar pasar adelante, además  ya teníamos una pantalla muy cerca. Armamos los sleeping bag y una carpita para intentar dormir. Lo más bonito para las 11 del grupo fue  ver el amanecer, rodeadas de millares de personas alrededor, y saber el motivo de por qué estábamos allí: ver y recibir la bendición del Santo Padre”, agrega Charo Córdova.

Alma Rosa Machuca manifiesta que la aventura fue tipo mochileras: “las chicas se instalaron en el Campo Eucarístico desde las 5:00 p.m. del domingo para lograr el mejor sitio, durmiendo en el suelo con su sleeping bag en un campo que más que tierra tenía piedras. Todo lo hacían por el Papa y se divertían y conversaban con todo tipo de turistas, sobre todo ecuatorianos. Todos nos ayudábamos compartiendo asientos, comida, agua, etc.”.

En la mañana antes de la misa, “pasamos mucho calor –precisa Mercedes Herrera. Distribuían agua gratis, así que bebíamos mucho líquido y también nos mojábamos la cabeza. Incluso fueron los bomberos a echarnos chorros de agua. Algunas personas se desmayaban. Las chicas soportaron el calor, la sed, y también la caminata. Caminamos bastante, tanto para esperar el inicio de la Santa Misa como cuando finalizó”.

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El gran momento
Toda la aventura quedó corta con el gran momento en el que arribó el Papa al parque Samanes para la celebración de la Eucaristía.

“Estuvimos tan cerca (del Papa) que no pudo ser mejor. Cuando lo vi me emocioné hasta las lágrimas. Inspira mucha ternura, impresiona y contagia mucha energía. Denny, mi hijo, no dejaba de filmarlo La misa fue como anillo caído al dedo para mí. Quería escuchar algo de la familia y habló del papel que cumplimos las mujeres en ella, que somos las más importantes de la casa, dijo que no excluyamos a nadie ni a los más viejitos. Definitivamente, ahora quiero hacer mejor las cosas, comenzar en mi familia y ayudar también a los que están a nuestro lado”, refiere Karen Barreto.

Mercedes Herrera, destaca la esperanza que transmitía el Papa y la homilía de la Misa en la que comentó el pasaje de las Bodas de Caná. “Nos animó a tratar a la Virgen María con mucha confianza, como Madre que sale al encuentro de las necesidades de los demás. Nos pidió seguir su ejemplo y hacer lo mismo con los demás especialmente al interior de la familia”, señala.

Para Esther Yaksetig fue importante  la sencillez y espontaneidad del Papa, el engancharse de inmediato  con el interlocutor. “Proyectó el pasaje del Evangelio sobre las Bodas de Caná cómo algo tan simple pero a la vez tan trascendental para nuestras vidas, recordando el servir a los demás como lo hizo la Virgen. Pidió no dedicarnos a criticar y tener esperanza porque ‘el buen vino está por venir’. Esto me ha motivado a hacer lo que el Papa dice: Hay que susurrarlo a los demás: lo mejor está por venir”. ¡Maravilloso!”, puntualiza.

Las fotos no faltaron en este viaje. Celulares y cámaras han permitido capturar las imágenes que dan cuenta de su peregrinaje. El cansancio fue el mejor aliado que las trajo de vuelta, sacándole provecho a las horas de sueño para recuperar fuerzas. Lograron el sueño de ver al Papa Francisco, lo escucharon. Ahora les queda, ser ejemplo vivo del mensaje dado, para los demás.