Políticas culturales en la administración pública

El nuevo periodo de los gobiernos regionales y municipales nos insta a abordar la importancia y el rol de la cultura en los organismos públicos de participación vecinal.

columna_victor_velezmoroPor Dr. Víctor Velezmoro Montes
Decano de la Facultad de Humanidades
Universidad de Piura

El nuevo periodo de los gobiernos regionales y municipales nos insta a abordar la importancia y el rol de la cultura en los organismos públicos de participación vecinal. Desde 1970, la Unesco ha dedicado algunas conferencias a este tema, como la de México (Mondiacult, 1982), donde analiza cómo los distintos estados se involucran en la promoción de acciones culturales, observadas a través de sus organismos rectores: los ministerios de Cultura.

Sin embargo, la relación entre la cultura y el aparato público requiere de una mayor imbricación de la primera en la programación y el desarrollo de los lineamientos políticos nacionales, aspecto más relacionado con los organismos públicos regionales y locales. El gran reto es promover el acceso de todos a la cultura; la cuestión es cómo.

Las agendas municipales y regionales, en materia de cultura, deben implicar una visión transversal de esta, integrándola a los problemas sociales, económicos y medioambientales. Entonces, no solo se verá la dimensión creadora de la cultura (forjadora de identidad) sino también su propiedad de acercar a los ciudadanos, hacia una convivencia positiva.

Desde esta perspectiva, se deberá integrar cuatro objetivos a ese plan de trabajo. El primero, el fortalecimiento de los valores cívicos, olvidado completamente de las agendas municipal y regional. No se trata solo de campañas sobre la higiene o el cuidado del medioambiente; sino también de la seguridad y el mejoramiento de infraestructura ciudadana.

Otro objetivo es la promoción y desarrollo de capacidades para el emprendimiento y la generación de empleo. Involucra una forma de entender los negocios y los modos de interacción de los agentes comerciales; y la calidad del servicio y del producto que se ofrece.

El cuidado del medioambiente es el tercer objetivo. Por una visión integral asumimos que la relación del ser humano y su entorno tiene que ver con parques, jardines, bosques y todo lo que afecta su salud (emisiones de gases, ruidos, congestión visual), por lo que este objetivo debe considerar a la persona como eje y a la ciudad, como su extensión.

El cuarto objetivo: acercar a los ciudadanos para una mejor convivencia. La cultura es la manifestación de las creencias, costumbres y expresiones creativas de los distintos grupos culturales. Las expresiones culturales abarcan distintos ámbitos (gastronomía, patrimonio, artesanía, folklore, artes visuales, escénicas y musicales). Buena parte de la labor de los organismos públicos se limita a promover estas actividades y a destinarles espacios adecuados (exhibiciones, museos, programas culturales). Pero, para cimentar el futuro de nuestra sociedad, a través del fomento de la integración ciudadana, en estos diseños culturales debe primar un fin mayor: la participación de todos (niños, jóvenes, adultos, adultos mayores). Esto ayudará a desterrar las prácticas violentas.

Con lo anterior, se dejará de ver a la cultura como una iniciativa individual (elitista) de un ‘grupo selecto’ o de subculturas aisladas dentro de una ciudad. La cultura es de todos y para todos. Los nuevos gobiernos tienen la oportunidad de fortalecer aquellas acciones que la promuevan, considerando los objetivos mencionados (y otros que identifiquen). Si se actúa así, se podrá hablar de fomento de políticas culturales para una región y una ciudad.