“El público debe preocuparse por ver la televisión con un sentido crítico del medio y sus contenidos”

Juan Carlos More, profesor de la Facultad de Comunicación y máster en Guión y Desarrollo Audiovisual, analiza el panorama actual de la televisión en el Perú.

Con marchas y campañas en las redes sociales la Ley pulpín se derogó. Punto para los jóvenes. Inmediatamente salió el meme: “ahora a derogar Esto es guerra”. Muchos fueron añadiendo programas para su “derogación”. Y, la marcha contra la televisión basura, será el 27 de febrero. No son  pocos los que se alegran de la iniciativa y quisieran participar. ¿Qué hacer?

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Para participar en una actividad o tomar parte en una acción, lo primero que hay que hacer es estar informado. En este caso específico hay que saber que la televisión de señal abierta no es gratuita. Se financia con la publicidad y funciona gracias a la concesión que les permite usar el espectro radioeléctrico (patrimonio de los ciudadanos). En segundo lugar, hay que saber que el problema no está en los reality shows, sino en la carencia general de calidad y creatividad de los medios de comunicación. En su web, CONCORTV enseña a quejarse ante una radio o canal de televisión. Y es bueno hacerlo.

¿Y si apago la tele?

Apagar el televisor no basta para repudiar una programación pobre. Los contenidos negativos se siguen produciendo y el público seguirá dando a los canales, pingües ganancias gracias al rating.

Escribir e-mails a los auspiciadores de los programas; pedir que no auspicien estos contenidos; dejar de comprar sus productos, buscar marcas alternativas y animar a otros a hacer lo mismo ¿Quijotesco? – Sí. Un caballero no podrá contra los molinos de viento (gigantes). Pero ¿y si fueran miles?

Un consumidor recibió una cucaracha en su pizza, se quejó y Domino’s Pizza cerrará temporalmente sus operaciones en Perú. Parte del problema, además del obvio insecto delivery, es el mal manejo de la comunicación y el pobre concepto que se tiene de los consumidores. Romy Schroth decidió actuar y con su teléfono y las redes sociales llevó a la cárcel a un hombre que golpeó a su hijastro de cinco años. La solución está en los ciudadanos.

Ya salió la primera broma: “Hallan cucarachas en noticiero local, pero nadie hace nada”. Una cucaracha es imperdonable en un alimento porque podría enfermar a una persona. ¿Por qué debería ser diferente con los medios de comunicación?

George Gerbner, que dirigió el Proyecto de Indicadores Culturales del Media Education Foundation, estudió el impacto de la televisión en EEUU, decía: “por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de las narraciones no las cuentan los padres ni la escuela ni la iglesia (…), sino un grupo reducido (y cada vez más pequeño) de conglomerados globales que desean vender algo. Y esto cambia de una manera muy fundamental, el ambiente cultural en el que nacen, crecen y socializan  los niños; el ambiente en el que se convierten en seres humanos”.

Defender la libertad de expresión

Los intentos de plantear la regulación de medios han sido truncados por los medios de comunicación, preocupados porque se restrinja la libertad de expresión. Por eso, nunca se ha revisado seriamente el rol de los medios y sus responsabilidades frente a la sociedad. Sin embargo, no se hace nada contra la censura de los anunciantes que promueven y deciden qué contenidos reciben auspicios.

Gerbner afirmaba que existe un gobierno privado: de grandes corporaciones, nacionales o transnacionales, que son gobierno en el verdadero sentido: siendo los responsables de las decisiones que se toman en muchas áreas de la vida. Y, este gobierno paralelo está exento del escrutinio público y no puede ser acusado de ejercer censura, a pesar de que son ellos los que deciden y promueve los contenidos más vacíos, los que entorpecen a la población, los que nos muestran pobres modelos de comportamiento para hombres y mujeres, los que cosifican al ser humano, los que promueven y presentan una visión violenta del mundo y que fomenta el temor, porque así es como convierten al público en máquinas perfectas de comprar. Y se escuda en la falacia recurrente de “es lo que le gusta a la gente”.

Una información de calidad fortalece a la democracia pero, actualmente, en vez de informar sobre lo que es realmente importante en la realidad nacional, los medios se llenan con temas banales, violencia, chismes de farándula. No se apuesta por la creatividad del entretenimiento ni la profundidad en la información.

Para evitar esta censura hará falta la participación de los ciudadanos e instituciones en la propuesta, generación y producción de contenidos propios y regionales, que nos reflejen como verdaderamente somos y nos ayuden a conocernos y entendernos.

Por una alfabetización mediática

Antes de aprender a hablar nos hacemos de otro lenguaje, el de las imágenes y los sonidos. Esto es lo que permite a los niños empezar a escuchar cuentos, música, ver televisión o vídeos y entretenerse sin que se les explique nada.

A medida que los niños van creciendo, la televisión se convierte en cierta medida en una solución recurrente para tranquilizarlos y permitir que los padres puedan realizar otras actividades en el hogar. Este consumo de los medios, a una edad muy temprana, no es recomendable, a pesar de que incluso las cunas y los colegios de Inicial lo utilizan.

Una correcta exposición de niños pequeños a los medios audiovisuales requiere de la compañía de un adulto que explique y cuestione las cosas y los comportamientos que se presentan en los medios, para que los niños vayan desarrollando una visión crítica de estos y sus contenidos.

En la década de los 50, el aparato de televisión se instaló en el centro del hogar. Se veía televisión en familia. Gran parte de su programación se dedicaba a la información. Hoy, en algunos hogares tienen aparatos de televisión en cada habitación. Y se suma la presencia de los nuevos medio: teléfonos inteligentes, tablets y computadoras personales, que permiten a los jóvenes decidir a qué contenidos van a estar expuestos y en qué momento.

El público debe preocuparse por ver la televisión con un sentido crítico del medio y sus contenidos. No para desaprobarla constantemente, sino para pensar si lo que están recibiendo es bueno o malo; si los modelos que se exhiben son los que queremos para las futuras generaciones del país y si las acciones que se presentan como positivas en los contenidos de los medios, lo son realmente.

Antes de apoyar la marcha contra la televisión basura, cada ciudadano podría hacer una marcha interna para protestar por su propia exposición a los contenidos que ofrecen los medios de comunicación. Luego, la marcha debe continuar en la familia, dialogando sobre estos temas, cuestionando los contenidos informativos y de ficción; evaluar su conveniencia o inconveniencia; analizar la representación del hombre, la mujer, la familia y la sociedad peruana.

Luego, la marcha debe seguir directamente hasta los colegios y universidades, en las que los docentes y alumnos de todas las áreas y, especialmente, los que emplean medios audiovisuales, se preocupen para que esta alfabetización mediática se lleve a cabo. Después, la marcha debe continuar en la calle, entre los círculos sociales en los que se desenvuelven los ciudadanos. Finalmente, pueden unirse a la marcha convocada, todos los ciudadanos que desean que el Perú cuente con medios de comunicación de los que puedan sentirse orgullosos.

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