Dr. Javier Cabanyes

“La asesoría busca enseñar a caminar por el mundo”

El experto de la UNAV disertó sobre el asesoramiento, las características de las nuevas generaciones y el acompañamiento ‘profesor – alumno’ a fin de mejorar el rol del profesor asesor en la UDEP.

Javier Cabanyes

Cuando hablamos de la universidad y el asesoramiento se suelen evidenciar los beneficios que obtiene el alumno pero, ¿el asesoramiento es un bien unilateral?

Cualquier relación humana supone un enriquecimiento mutuo. El asesor también se beneficia en ese trato con aquellas personas que está asesorando. Otra cosa es que no sea tan fácil de evaluar. A veces el beneficio es simplemente que me está mostrando un mundo que yo desconozco, porque es otra generación, otro entorno, otra manera de ver las cosas. Solo el hecho de compartir experiencias supone ya un enriquecimiento. A la vez, se trata de una relación asimétrica en la que el asesorado espera oír unas orientaciones del asesor y el asesor también espera poder dar unas orientaciones, pero siempre es una relación bilateral.

¿Qué características piensa que debe tener un asesor?

No es fácil señalar unas características bien definidas. En todo caso, la primera es apertura. Un asesor solo puede asesorar si está abierto, porque se está aproximando al mundo de aquellas personas a las que está asesorando. Y la apertura es el primer paso para la empatía, para crear ese clima de confianza. Luego, el asesor tiene que saber ver que hay unos límites, tanto en lo que él puede hacer como en lo que puede observar. Hay algunas cosas que no va a poder llegar a hacer y muchas que no puede observar o, al menos, en el corto plazo. Otra es la paciencia. No puedo esperar que todo cambie ya, sino que hay situaciones que demandan más tiempo.

¿Alguna otra?

Puede haber muchas características más, pero estas son las básicas. A partir de ahí, una persona puede tener unos dotes humanos como por ejemplo de simpatía, pero no le puedes pedir a una persona de entrada que sea simpática, sino que sea abierta y que de esta manera sea accesible a la otra persona y pueda entrar de una manera más fácil en el mundo personal de quien asesora. Hay un parámetro que está de fondo y que debemos resaltar y es el respeto a la libertad. Como asesores no imponemos nada, sino que proponemos cosas, es parte de la esencia de lo que es la asesoría y asumiendo que la libertad del asesorado está de por medio, pues darán mejor resultado o no. No pretendemos crear modelos estándares de alumnos.

¿Qué podría recomendar para que el asesor no se frustre y el asesorado no se sienta decepcionado?

El tema de fondo es admitir que no somos perfectos, que me voy a encontrar con mis errores y que además voy a encontrar errores en los demás. Ser consciente de estos límites, nos solidariza con las dificultades y debilidades del otro y hace que el trato y la relación sea mucho más cercana. Pero todavía enriquece más la dinámica en que los errores están patentes y al mismo tiempo se ve que hay un esfuerzo personal por aminorarlos o corregirlos.

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En la sociedad se puede evidenciar una cultura del descarte. ¿Cómo logramos que esto no influya en el ámbito de la asesoría?

La asesoría no hay que circunscribirla a la conversación directa, personal, en un momento determinado y sobre temas muy específicos. La asesoría también parte de la idea de que el modelo del asesor es algo que enseña mucho. El asesor con solo saber estar, sin hacer ninguna cosa extraordinaria, sino sencillamente comportándose como se corresponde con un profesor de una institución universitaria que busca transmitir unos conocimientos, con información y con valores, es un referente claro para el alumno. Luego, vendrá el contacto directo con el asesorado, pero con conciencia clara de que está constantemente haciendo una asesoría indirecta. Esto es lo que llamamos el aprendizaje vicario, por imitación o con modelos, en la que los alumnos aprenden del profesor viendo como actúa dentro y fuera de la Universidad. Aprenden no solamente de sus cualidades positivas sino también de su capacidad de rectificar aquellas cuestiones que no lo son tanto, pues no estamos hablando de modelos perfectos. Luego, hay que mantenerse en esa postura abierta. No etiquetar a las personas como resultado de una primera impresión, ya sea porque no coincide con mis puntos de vista, o mi modelo más o menos estándar de cómo debería ser un alumno. No se puede descartar a nadie.

¿Se obtienen mejores resultados cuando el profesor acompaña al alumno en sus actividades extracurriculares?

Obviamente sí, porque ese modo de funcionar tiene ventajas por ambas partes. De un lado, al asesorado le facilita un clima de confianza. Si como alumno veo a mi asesor muy distante, en un contexto que para mí es demasiado artificial o institucional quizá me cuesta un poco más buscarle, pero si le siento cercano, compartiendo conmigo mis aficiones, resulta más natural pedir consejo. Por parte del asesor también es un beneficio porque le brinda un conocimiento más amplio del alumno. Ve cómo actúa, cómo interviene, qué intereses tiene, en qué cosas es más capaz o en qué tiene más dificultades. Esto le permite estar en mejores condiciones para darle orientaciones oportunas. Pienso que esto facilita mucho la labor de formación del asesor, otra cosa es que a veces no es tan fácil lograrlo y tampoco lo que se pretende es que el asesor esté en todos los sitios en donde está el asesorado, eso es materialmente imposible.

¿Qué es lo que debe perseguir un buen asesor?

Antes que nada quiero hacer notar que el asesor es un valor añadido que ofrece la Universidad de Piura. La asesoría tiene planos diferentes, puede ser meramente técnica y consistiría en facilitarle la oportunidad de que conozca los recursos o técnicas que puedan serle más útiles para esa tarea de formarse en ese campo, eso ya es mucho, pero es poco. La universidad propone, me parece a mí, un planteamiento más de fondo que, por supuesto, siempre se da desde la perspectiva de respetar la libertad del alumno, sin imponer nada. La asesoría, en primera instancia, lo que busca es enseñar a caminar por el mundo, no solamente con los conocimientos universitarios más o menos adquiridos, sino con unas metas, con un sentido, con un norte, con soltura superando obstáculos.